Lewis Moody enfrenta diagnóstico de enfermedad de la neurona motora

El histórico capitán inglés de rugby revela que lucha contra una condición progresiva que afecta movilidad, habla y respiración.

Londres, octubre de 2025

Lewis Moody, figura emblemática del rugby británico y capitán de la selección que ganó la Copa del Mundo en 2003, anunció con sorpresa y valentía que ha sido diagnosticado con una enfermedad de la neurona motora (ENM). A sus 47 años, el exjugador describe el momento como “increíblemente difícil de asimilar” para él y su familia, al tiempo que resalta la importancia de visibilizar un trastorno poco comprendido pero devastador.

Las enfermedades de la neurona motora constituyen un grupo de afecciones neurológicas progresivas que deterioran las células encargadas de transmitir señales nerviosas voluntarias a los músculos. Cuando estas neuronas fallan, el cuerpo empieza a perder la capacidad para caminar, hablar, tragar o respirar. Entre sus manifestaciones más frecuentes se encuentran debilidad muscular, atrofia, fasciculaciones —pequeños temblores visibles— y dificultad creciente para realizar acciones que hasta entonces se daban por hechas.

El caso de Moody comenzó con una sensación de debilidad en el hombro durante una sesión de entrenamiento, un síntoma sutil pero que lo llevó a someterse a fisioterapia y a múltiples exámenes neurológicos. Las pruebas revelaron daño en las neuronas del cerebro y la médula espinal, compatibles con un cuadro de ENM. Aunque por ahora sus síntomas se describen como leves —con afectación en mano y hombro—, el agravamiento gradual será un riesgo constante. “No me siento enfermo. No me siento mal”, aseguró el exdeportista, consciente de que el futuro será un terreno incierto.

La noticia despertó una antigua polémica: la posible relación entre el deporte de alto rendimiento y la incidencia de enfermedades neuronales. En el rugby, donde el esfuerzo físico, los golpes repetidos y la carga constante sobre el cuerpo son parte del juego diario, las estadísticas han mostrado cifras preocupantes. Un estudio reciente señaló que los jugadores de rugby podrían tener hasta 15 veces más riesgo de desarrollar una ENM que el promedio poblacional. Casos como los de Rob Burrow y Doddie Weir, otros destacados jugadores afectados por esta enfermedad, han llevado el tema a debates públicos y movilizaciones por la investigación.

El diagnóstico de Moody reaviva un llamado urgente hacia la investigación científica. Hasta ahora, no existe cura para la mayoría de las enfermedades de la neurona motora. Las terapias actuales se centran en aliviar síntomas, preservar autonomía y mejorar la calidad de vida tanto como sea posible. En muchos países, los tratamientos incluyen dispositivos de soporte respiratorio, fisioterapia especializada y medicinas para la espasticidad y el dolor.

Para el mundo del deporte y la neurología, el caso Moody tendrá múltiples efectos: amplifica la demanda de estudios longitudinales en atletas, presiona para que ligas y federaciones adopten políticas de salud preventiva y refuerza la urgencia de financiar terapias genéticas o moleculares emergentes. Si bien la relación causal entre los factores deportivos y el desarrollo de ENM no puede establecerse aún con certeza absoluta, el debilitamiento muscular observado en atletas expone un terreno crítico de prevención y vigilancia.

A lo largo de su carrera, Moody fue un símbolo de entrega, disciplina y liderazgo en el momento decisivo. Hoy ese mismo carácter le puede servir como motor para enfrentar un reto mayor: vivir cada día con dignidad frente a una enfermedad implacable. Su anuncio no sólo es un gesto de transparencia, sino también de responsabilidad social, al poner rostro humano sobre una condición que afecta a miles en el mundo sin visibilidad suficiente.

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