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Las amenazas a las que se enfrenta la OTAN no son rivales para la Alianza

by Phoenix 24

Bruselas, julio de 2025 — En la reciente cumbre de La Haya, los países miembros de la OTAN declararon que, aunque las amenazas crecientes —especialmente desde Rusia— representan un desafío significativo, no superan la fortaleza colectiva de la Alianza Atlántica. La confirmación del general estadounidense Alexus Grynkewich como nuevo Comandante Supremo Aliado en Europa (SACEUR), respaldada por el Senado de Estados Unidos, reafirma la continuidad estratégica y la capacidad disuasoria de la organización.

Grynkewich, ex piloto de combate, asumió el mando destacando la unidad transatlántica y la preparación militar integrada como pilares clave frente al expansionismo ruso. Su doble rol como jefe del Comando Europeo de EE.UU. y máximo comandante militar de la OTAN consolida el vínculo operativo entre Washington y Bruselas, pese a los rumores de una posible reconfiguración de las tropas estadounidenses desplegadas en Europa.

El elemento más destacable de la cumbre fue el anuncio de un nuevo compromiso de gasto en defensa: elevarlo al 5 % del PIB de cada país miembro. Esta cifra incluye un 3,5 % destinado a defensa convencional —armamento, tecnología y capacidades de despliegue— y un 1,5 % para fortalecer infraestructura crítica, ciberseguridad y resiliencia civil. Esta meta deberá alcanzarse antes de 2035, lo que marcará una transformación sin precedentes en la historia de la Alianza.

La exigencia, impulsada con fuerza por la administración Trump, se produce en medio de una narrativa de redistribución de responsabilidades entre socios atlánticos. El propio presidente estadounidense advirtió que Washington podría reconsiderar su nivel de presencia militar en Europa si sus aliados no asumen una carga proporcional. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, respaldó este planteamiento afirmando que “Europa debe adoptar una mentalidad de guerra” frente a las amenazas actuales.

En reacción, los países bálticos y del norte de Europa se posicionaron como los primeros en comprometerse al nuevo objetivo. Polonia ha elevado su presupuesto militar al 4,7 % del PIB; Estonia, Finlandia y Suecia también iniciaron ajustes fiscales para reforzar sus capacidades, ante la amenaza directa de Moscú. Paralelamente, la Unión Europea activó el plan “Preparación 2030”, dotado con 800 mil millones de euros para impulsar la industria de defensa, modernizar la infraestructura y desarrollar proyectos tecnológicos conjuntos.

Sin embargo, el consenso no fue total. España, por ejemplo, se negó a firmar el acuerdo del 5 %, alegando que un gasto de esa magnitud comprometería el funcionamiento de servicios públicos esenciales. Esta postura generó malestar diplomático, con críticas directas desde la Casa Blanca y Bruselas. Otros países como Eslovenia y Bélgica también expresaron reservas, señalando que el compromiso no tiene carácter vinculante y que cada Estado debe adaptarlo a sus condiciones económicas internas.

Desde Moscú, la respuesta fue inmediata. El canciller Serguéi Lavrov calificó el nuevo plan de rearme como una “provocación directa” que podría llevar a un “colapso catastrófico” de la arquitectura de seguridad europea. Rusia intensificó sus maniobras militares en Kaliningrado, fortaleció su presencia en Bielorrusia y aumentó las operaciones encubiertas en Europa del Este, apuntando a oleoductos, redes eléctricas y telecomunicaciones críticas.

La región del Báltico, particularmente Estonia y Letonia, se convirtió en un nuevo eje estratégico. Ambos países autorizaron el despliegue de aeronaves F‑35 con capacidad nuclear como medida disuasiva. Aunque las autoridades han subrayado que se trata de una respuesta defensiva, expertos en seguridad advierten que la presencia de este tipo de armamento puede elevar los niveles de tensión en un área ya de por sí volátil.

La cumbre también abordó el incremento de amenazas híbridas. La OTAN adoptó nuevas medidas para proteger infraestructuras críticas, expandió el programa Baltic Sentry y elevó el nivel de vigilancia ante ciberataques atribuidos a grupos respaldados por Rusia y China. Uno de los incidentes más recientes fue el ataque a instituciones gubernamentales en la República Checa, que provocó una respuesta conjunta de condena por parte de la Alianza.

Mientras tanto, la guerra en Ucrania sigue condicionando la política de defensa continental. Aunque el presidente Zelenski solo participó en eventos periféricos de la cumbre, varios países europeos reiteraron su compromiso bilateral con Kiev. La reducción progresiva del apoyo estadounidense ha sido compensada por un aumento de asistencia militar europea, que apuesta por una mayor autonomía frente a Washington.

En conclusión, la OTAN se proyecta hacia el futuro con una estrategia renovada, basada en el aumento del gasto, la modernización tecnológica y una disuasión más robusta frente a actores agresivos. Las amenazas son reales, pero la Alianza ha demostrado que, con voluntad política y cohesión estratégica, continúa siendo una de las estructuras de defensa más poderosas del mundo.

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