La última casa no es la típica película de ciencia ficción, sino que es una historia con elementos de thriller y de terror, donde la vida de una familia se transforma en una pesadilla, cuando descubren que algo les impide salir de su propia casa. Y conforme el tiempo pasa, el encierro pasa de ser una preocupación momentánea, a un evento que se vuelve más y más tenso.
Protagonizada por Greta Lee (Past Lives) y Wagner Moura (El agente secreto), la película de ciencia ficción de Netflix sigue a Ann y a Jason, quien junto a sus hijos Ruth y Graham, de 8 y 12 años, pasan 5 años encerrados en casa en un suburbio de Seattle. El encierro comienza después de una misteriosa tormenta y no solo les pasa a ellos, sino a todas las casas de su vecindario.
Nadie sabe qué sucedió o cuándo van a salir, pero pronto se dan cuenta de que el encierro podría durar más de lo esperado, y que tienen que conservar sus recursos y que tienen que mantener cierto grado de normalidad mientras encuentran una explicación y la manera de salir de ese lugar.
Rápidamente, esto se convierte en una lucha por la supervivencia, donde la familia tiene que lidiar con el hambre, la desesperación, la frustración y los roces que aparecen con la constante convivencia, y con el miedo conectado con la posibilidad de no volver a salir nunca.
¿Por qué la familia no podía salir de la casa?
Dentro de la casa, las horas se convierten en días, semanas, meses y años, así que la familia se tiene que ir poniendo más y más creativa para sobrevivir, pero también tiene que ir haciendo cosas que de otra manera nunca habían hecho (como comer a sus propias mascotas).
A falta de respuestas, los vecinos comienzan a hacerse preguntas sobre qué los está manteniendo encerrados dentro de sus casas. Primero llegan a pensar que podría ser algo relacionado con el gobierno o que podrían estar viviendo una invasión extraterrestre, y que los visitantes de otro planeta los encerraron por alguna razón.
Lo que nadie imaginaba es que el encierro es causado por una especie de monstruos marinos, que además pueden abrir y cerrar las puertas de las casas, y son seres inteligentes, que pueden controlar el agua y encierran a los humanos para cumplir el objetivo de matarlos a todos para recuperar el control del planeta, que le ha pertenecido a los humanos por demasiado tiempo (y en ese tiempo la contaminación ha causado mucha destrucción en el mar y el planeta).
Estas criaturas no son extraterrestres, sino que parecen venir de una parte del océano que no se ha explorado todavía (y desde antes del encierro ya había algunas señales de su presencia, como la desaparición de una corredora al principio de la película, que fue a pedir ayuda y simplemente no vuelve hasta un mes después de que inicia el encierro, y es entonces cuando la familia descubre que hay algo afuera y necesitan evitar que esa cosa los vea).
Ruth habla sobre una “rain walker” que aparece cuando llueve, pero nadie cree que haya visto algo, hasta la noche en la que la corredora vuelve, y pueden ver cómo algo la arrastra y se la lleva.
¿Cómo logran salir de la casa?
La familia logra sobrevivir durante 5 años gracias a una serie de trucos y habilidades que les permiten cultivar comida y “cazar” algunos animales para comer, pero esa nueva vida que crearon se ve amenazada cuando las criaturas destruyen sus cultivos y el agua potable con agua salada, y Ruth es mordida por un animal y requiere medicamentos para combatir una infección.
Para ayudarla, la familia encuentra la manera de entrar en las alcantarillas y las usa para intentar llegar a las casas de sus vecinos, y ahí se encuentran con más de las criaturas. Ann intenta matar a una, pero esta se defiende y usa agua salada para matar todos los cultivos que habían logrado plantar en la casa. En respuesta, la familia comienza a crear un plan para atraer a más criaturas e intentar matarlas.
El plan no sale como ellos quieren, pero sí consiguen atrapar a uno de los “monstruos” para obligar a los demás a dejarlos salir, amenazando con matar a la criatura atrapada si no lo hacen.
Finalmente, es un acto de misericordia lo que permite que la familia sea liberada. Jason va a matar a una de las criaturas, pero Ruth lo convence de no hacerlo, y las criaturas los dejan salir y vivir. Afuera, la ciudad está destruida y llena de agua, así que, definitivamente, no es el mundo que ellos dejaron atrás.
Y como todo está inundado y su casa se destruyó, ellos deben subir a un bote y salir a navegar en busca de un lugar para vivir. No todas las personas encerradas logran volver a salir. Muchos mueren de hambre y de sed y, para cuando la familia sale, parece que no hay otros sobrevivientes. Es Ruth quien está narrando toda esta historia, así que eso confirma que al menos ella logra sobrevivir después de todo lo que vemos en La última casa.
¿Qué representa la casa realmente?
Esta no es la primera película que muestra a los personajes encerrados dentro de un lugar del que no pueden escapar, y sin saber por qué están ahí. Lo hemos visto en películas como OldBoy, Cubre e incluso Backrooms y Vivarium, donde los personajes están atrapados en espacios liminales.
Aunque todas estas películas son diferentes, el encierro es un elemento en común, y no es solo un encierro. Estos encierros, sin explicación o un final aparente, son una forma de terror existencial que se conecta con la incertidumbre y los límites de lo que podemos o no controlar en nuestras propias vidas.
La casa se convierte en una especie de espacio liminal que ya no es el hogar que la familia conocía, y donde la posibilidad de la muerte se vuelve cada vez más pesada, en especial para los padres, que son forzados a ver cómo la vida de los hijos va pasando dentro de este lugar. Aquí, el tiempo también se convierte en enemigo, y mientras más pase, esa posibilidad de morir de hambre, de sed o por enfermedades se va haciendo más y más grande.
Además, aquí se conecta con otro punto importante: todas las acciones tienen consecuencias. En este caso, contaminar el planeta, destruir los mares y abusar de la Tierra lleva a los seres del mar a revelarse y a buscar venganza, así como la naturaleza lo hace en el mundo real (más inundaciones, más tormentas devastadoras e incluso más incendios forestales graves son la consecuencia del cambio climático).
También es un espacio que hace que las personas tengan una falsa sensación de seguridad y de normalidad (porque es su casa y la conocen bien), pero mientras más tiempo pasan ahí, esa seguridad se convierte en amenaza. Y sí, también podemos verla como una especie de pecera en la que ahora son los seres del mar los que observan y tienen el control (que los humanos están acostumbrados a tener).(GQ).