La digitalización financiera permite a empresas latinoamericanas conquistar mercados globales sin intermediarios ni fronteras bancarias.
Ciudad de Panamá, julio de 2025. Mientras las grandes potencias se enfrentan en disputas monetarias por la hegemonía del sistema SWIFT, América Latina vive su propia disrupción: cientos de empresas emergentes —de Colombia, México, Argentina y Perú— han comenzado a utilizar plataformas de pago alternativas que permiten realizar transacciones globales en segundos, reduciendo costos operativos y eliminando intermediarios tradicionales. Según el último informe del Fondo Monetario Internacional, el volumen de pagos digitales transfronterizos en la región creció un 34 % en el último año, impulsado por plataformas como dLocal, EBANX y Stripe.
Más allá del volumen, lo que destaca es el cambio de paradigma. De acuerdo con el Peterson Institute for International Economics, los costos promedio de una transferencia internacional descendieron de un 6.4 % en 2021 a menos del 3 % en 2025 para transacciones digitales realizadas desde Latinoamérica, principalmente por la consolidación de nuevas tecnologías blockchain híbridas y redes de pagos con licencia local.
Expertos en regulación financiera consultados por Phoenix24 advierten que esta transformación no ha sido espontánea. “Hay un reposicionamiento estructural en curso”, sostiene Rafael Correa-Mendoza, analista senior del think tank Stratfor. “Los bancos centrales de varios países latinoamericanos han acelerado sus normativas para favorecer la interoperabilidad regional y limitar el poder histórico de los bancos corresponsales. Se trata de soberanía digital encubierta”, afirma.
El auge de las soluciones digitales ha tenido un efecto directo en la inclusión financiera. De acuerdo con datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), más de 17 millones de nuevos usuarios en la región accedieron por primera vez a sistemas de pago digitales internacionales entre 2022 y 2024, facilitando desde exportaciones artesanales hasta servicios de consultoría tecnológica de alto valor. Este fenómeno ha sido particularmente visible en mercados como el brasileño y el mexicano, donde startups tecnológicas ahora compiten con gigantes como PayPal o Western Union, ofreciendo tarifas más competitivas y mayor adaptabilidad legal.
En paralelo, las potencias tecnológicas asiáticas han comenzado a mirar hacia la región con un renovado interés. Empresas chinas como Ant Group y Alipay están explorando acuerdos con fintech latinoamericanas para implementar tecnologías de liquidación casi instantánea con stablecoins regionales. Según fuentes consultadas por el South China Morning Post, ya se han llevado a cabo pilotos en Chile y Uruguay para evaluar la viabilidad de sistemas de pagos digitales transfronterizos sin fricción. Esta “diplomacia del código” se inscribe en una estrategia más amplia de China para reducir su dependencia del dólar en operaciones internacionales, extendiendo su influencia económica más allá de Asia.
Europa no ha permanecido al margen. El Banco Central Europeo (BCE), en colaboración con el Banco de España y el Bundesbank, ha iniciado conversaciones con entidades latinoamericanas para integrar soluciones de verificación de identidad digital compatibles con eIDAS, lo que podría abrir una ruta preferencial para que empresas de América Latina operen con mayor seguridad en el mercado europeo.
Sin embargo, no todo es entusiasmo. Organismos internacionales como el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) han emitido advertencias sobre los riesgos de lavado de dinero y financiamiento ilícito en estas nuevas plataformas. La descentralización tecnológica ha hecho más difícil el rastreo de ciertas operaciones, especialmente cuando involucran criptoactivos o redes de fintechs no reguladas. Ante esto, varios países latinoamericanos han comenzado a exigir licencias reforzadas y auditorías externas para empresas de pagos digitales que operan a escala internacional.
Desde la perspectiva geoeconómica, la transformación de los pagos transfronterizos en América Latina se conecta con tensiones globales más amplias: el declive del dólar como única moneda dominante, el ascenso de economías emergentes que buscan autonomía financiera y el papel creciente de la tecnología como nuevo vector de poder. Las empresas pequeñas —y en muchos casos informales— que antes quedaban fuera del comercio exterior por barreras bancarias, ahora acceden a plataformas donde el único requisito es un celular, una red estable y una identidad digital verificada.
El cambio es profundo. En palabras de un ejecutivo de una startup argentina entrevistado por Phoenix24: “No estamos solo transfiriendo dinero. Estamos rompiendo las jerarquías invisibles del sistema financiero global”.
Si la tendencia continúa, en pocos años América Latina no solo será receptora de remesas y pagos desde el norte, sino también exportadora neta de servicios digitales, talento, cultura y soluciones empresariales a bajo costo y alta velocidad.
Y si bien el mapa regulatorio aún presenta zonas grises, el pulso del continente se mueve cada vez más rápido, al ritmo de códigos, protocolos y contratos inteligentes que escapan al control de las viejas instituciones.
Esta pieza fue desarrollada por el equipo editorial de Phoenix24 con base en fuentes confiables, datos públicos y análisis riguroso, en coherencia con el contexto global vigente.
This piece was developed by the Phoenix24 editorial team using reliable sources, public data, and rigorous analysis in alignment with the current global context.