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La Malinche: diosa, serpiente y madre de la Tierra

by Phoenix 24

Además del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, una de las montañas más imponentes en el altiplano central mexicano es la Malinche que se encuentra en el valle de Puebla-Tlaxcala. En general, los cerros y los volcanes mexicanos representan la propia tierra, también, cada uno de ellos, es entendido como una gran fuente de agua para las localidades aledañas. De manera que se cree tienen el poder de contener todo aquello que genera la vida y los alimentos y, por tanto, también son centro de autoridad y residencia de cierto patrono. Los cerros son, además, lugar de los ancestros o donde viven los muertos; asimismo es un sitio liminal de transición entre los mundos. En suma, son un referente identitario de los pueblos indígenas quienes los han antropomorfizado, es decir, pueden estar dormidos o despiertos, sienten amor o desprecio, cuentan con parentela y son caprichosos. 

Las cuevas que se encuentran en estos cerros también son lugares sagrados por ser considerados matriz de la humanidad. Otros accidentes en torno a la montaña remiten a distintos significados simbólicos pero, en su conjunto, los volcanes siempre han estado relacionados a la cosmovisión agrícola de los pueblos campesinos y a los dos elementos fundamentales para sus prácticas económicas y culturales: el agua y el maíz. Por tanto, muchas veces el cerro se vuelve morada de Tláloc, quien es el dueño de la naturaleza y del entorno paisajístico para los pueblos que viven en su rededor.

El gran valle de Puebla-Tlaxcala

En la región Puebla-Tlaxcala existen tres majestuosos elevaciones prominentes que opacan a cualquier otra loma, y estos son el Popocatépetl, el Iztaccíhuatl y la Malinche y, porque este valle en su gran mayoría es una planicie, es posible divisar desde ciertos puntos alvolcán Pico de Orizaba o Citlaltépetl. Aunque las narraciones y simbolismos en torno a la Malinche, o a la otrora denominada Matlacuéyetl, varían de pueblo en pueblo, existen algunas pautas en sus leyendas que han sido compartidas por las comunidades que habitan en las laderas y en distintas localidades cercanas que son referentes comunes. Veamos algunas.

UNA DE LAS MONTAÑAS MÁS IMPONENTES Y ENIGMÁTICAS DEL ALTIPLANO ES LA MALINCHE

La Malinche es un ser vivo a quien también se le conoce como Rosa, Clara o Bernardina. La propia montaña es una diosa que combinó atributos de Chalchihuitlicue —compañera de Tláloc— y de la Virgen de Guadalupe. Esta mujer tiene una falda azul como del color del agua porque es a ella a quien se le invoca por lluvias y, por tanto, para la fertilidad del valle. Su cráter es imaginado como un palacio o el mismo paraíso, y no cualquiera puede subir a su cima. De hecho, se dice que en la cúspide de la Malintzi o incluso en su interior, vive una mujer que a veces puede aparecer decapitada porque de ella brota agua, y porque allí se concentran las nu- bes y las tempestades debe respetársele, ya que algún valiente podría incluso morir ahogado. De manera que sólo los especialistas rituales pueden acercarse a entregar dones u oficiar misas en su honor en ciertas fechas, como en febrero o en Semana Santa para dejarle sus ofrendas en algunos lugares sagrados, como en las cuevas o en las cruces de los caminos. Ella es muy celosa. No pueden robar esas ofrendas.

Esto es, la Matlacuéyetl puede otorgar protección, alimentos o riquezas si se sabe negociar con ella y entablar buenas relaciones. Sin embargo, si se le descuida o se le falta al respeto, puede enojarse, e incluso volverse peligrosa, por ejemplo, si se queman sus bosques, ella puede protestar y esto se interpreta como si la estuvieran desnudando; también, si se talan sus árboles, entonces puede sentir que le están cortando su larga cabellera.

El volcán la Malinche se puede convertir en mujer hermosa cuando ella lo desee y puede ser observada en forma de mujer desde algunos ángulos, acostada, desde otros, sentada. Porque si uno pone atención, se puede observar el rostro de una dama y, por tanto, es posible encontrarle ojos, nariz, labios, cabello, senos y panza. Y cada uno de estos lugares puede ser localizado y es sagrado. De hecho, hay gente que la ha visto en visiones, sueños o paseándose entre la gente en el propio mer- cado —de los miércoles en Huamantla—, por ejemplo. Dicen que lleva una prenda de manta bordada con flores de colores y un rebozo blanco o de china poblana. También refieren que lleva una falda y blusa bordada con lentejuelas. Otros hablan de que tiene puesto un vestido blanco, y otros, una falda azul con atavíos propios de la virgen de la Asunción y la Purísima Concepción.

Una larga cadena de pretendientes

También son bien conocidos sus romances e historias de desamor. De hecho, el Pico de Orizaba estaba enamorado de Malintzi, pero ella deseaba y quería a Gregorio Popocatépetl. Un día, cuando quiso ir a su encuentro, en el camino le dieron ganas de orinar y se sentó, y es que a Matlacuéyetl le sale agua de sus entrañas. Otras versiones dicen que en realidad el Pico de Orizaba se enojó por celos y le envió un rayo que la paralizó y es entonces cuando se quedó allí orinando. Sin embargo, sus relaciones y aventuras no acaban allí; con el cerro el Pinal y con el Tenco también tuvo sus amoríos y por ello es que ambos cerros ya son enemigos. La verdad es que sólo el Pinal pudo acostarse con ella, de manera que el Tenco lo golpeó hasta partirle la espalda, por ello allí hay una barranca. Por su parte, las localidades que se encuentran hacia el oriente narran que la Malinche era el amor platónico del Pico de Orizaba. Él intentó conquistarla enviándole cartas románticas y además le cortó la cabeza al Pinal que se interponía (geográficamente) entre ellos dos. Finalmente la secuestró, pero no fue posible, ya que la Malinche convocó a otros cerros y levantó una cadena de ellos como ejército para su defensa y protección.

En el pueblo de Canoa se cuenta que la Malinche peleó contra el Iztaccíhuatl por el amor del Popo. Sin embargo, parece que él siempre prefirió a la Izta, entonces, Malintzi, despechada, se casó con don Toño que es un pequeño cerro que se encuentra al sur de ella. En otro pueblo, Santa Isabel o Jojutla en Tlaxcala se cuenta que el Popo quería a Matlacueye, pero ella ya tenía otro pretendiente que era el Cuatlapanga, un pequeño cerro a las faldas y hacia el norte. Cuando supo esto, el Popocatépetl lo descalabró; mientras tanto, la Iztaccíhuatl le dio un machetazo a la Malinche y le cortó un seno. Es así que cada quien se quedó con su respectiva pareja.

EN SAN MIGUEL CANOA SE CUENTA QUE LA MALINCHE FUE RIVAL DE AMORES DEL IZTACCÍHUATL

Para otras localidades, Malintzi es la madre que les otorga el alimento y los protege, por ejemplo, cuando el Popocatépetl se enoja y entra en actividad volcánica, aunque ya tenga la falda negra de tanta ceniza. A veces ayuda a los comerciantes y les da dinero. Es dadivosa pero sólo si se le trata bien, si no, puede castigarte. Si le perturban su sueño, ella se puede transformar en mujer e ir a la Ciudad de México para quejarse con las autoridades; o si hay forasteros que la maltratan también puede acudir a la ciudad de Puebla a levantar su queja, pero entonces ya no traerá más agua para los poblados del valle.

Don Lucio, un curandero tlaxcalteca que nació a principios del siglo, me relató lo siguiente: “La Malinche es la mujer del Pico de Orizaba, ella fue a traer de más abajo. Pero nunca estaban contentos. Siempre ellas y amores con Gregorio Popocatépetl. Un día el Popocatépetl se dispuso robarse a la Malinche. Entonces la cargó y se la llevó, pero allí, en ese llano donde ahora está la Malinche lo engañó, le dice, —oye tú, bájame porque ya me anda. ¿Ya te anda de qué me anda de Orinar? Bájame aquí se lo dijo en un lugar donde está una fuente la fuente de Tlaxcala. El caso es que se baja y se sienta. Entonces le dice Gregorio, —ya párate, vámonos. Y ella habla, —ya no voy contigo, aquí me gusta mucho y aquí me quedo. Tú ya tienes tu mujer. Entonces ahí se sentó, porque ahí está Lorenzo Cuatlapanga. ¿Qué es ese ese rito chaparrito que está cerca de la malinche? Y ahora es el marido de la Malinche.

Entonces vino el tiempo en que quería el Popocatépetl a fuerza robársela, luego le dijo la Malinche en una ocasión —bueno, vamos a hacer una apuesta, si atajas mi orín, me voy contigo. —Bueno, órale, dice Gregorio. Y vino el agua en un río que bajaba por una barranca ancha y honda. Vino el agua y no la pudo atajar. En tanto, el Popocatépetl que se va, ya se fue, se conformó con Iztaccíhuatl.

Pasó el tiempo y entonces comenzó a enojarse el Popocatépetl. Al empezar a enfadarse le hizo guerra a Lorenzo Cuatlapanga. Este Cuautlapanga no quedó conforme, le avisó a la Malinche y tampoco quedó conforme, entonces se agarraron a guerra. Él solito, Gregorio Popocatépetl les pegaba a los dos. Por eso, en 1922 hubo una gran guerra de rayos y centellas. Fue en donde le quitaron el sombrero al volcán porque antes no tenía cráter. Le digo a usted que la guerra comenzó como a las 6:00 de la tarde. Era una mujer parada y echando fuego. Con carrilleras aquí”.

Malinche montaña-serpiente

La Malinche tiene múltiples fisonomías, pero casi siempre es una muchacha bonita, corpulenta, de piel blanca y cabello largo peinada con trenzas. Tiene puesta una falda azul, aunque a veces es blanca y su camisa es bordada. También lleva sarape, rebozo y huaraches. Sin embargo, en su parte inferior tiene cuerpo de serpiente, es decir, en sus extremidades inferiores se parece a una sirena cuando habita en el interior de la montaña. Si subes a la montaña sin permiso o con mala voluntad te puede atrapar y devorar o, por lo menos, te puede dar un fuerte dolor de cabeza. En su morada es una gran víbora de agua que cuando quiere abre sus puertas de su paraíso para soltar el agua y regar los campos. A veces guarda allí dentro maíz, aves, oro o dinero.

Los hombres que son descreídos de sus poderes pueden probar. Porque ella es la adivinadora de las lluvias y la dueña de los pozos y manantiales. Los hombres que se ven seducidos por ella y la siguen a su cima, pueden llegar a perderse en el bosque, aunque ella te puede ayudar, también puede que nunca regreses a tu hogar. A veces la hermosa mujer te engaña y te pide que la acompañes más lejos todavía, que no tengas miedo, y allí es cuando se convierte en víbora, una antigua Cihuacóatl. Se dice que muchos han muerto o nunca retornado. El antropólogo Francisco Rivas registró el siguiente testimonio:

Se cuenta que la Malinche bajó al mercado y que un hombre la siguió. Pues le pareció muy bonita. Tanto la cedió que ella quiso platicar con este hombre y le dijo —si tanto quieres, me tienes que llevar cargando en tus hombros hasta mi casa para que la conozcas. El hombre dijo —pero debes pesar mucho. Ella le respondió que sólo así le haría caso. El hombre la cargó en sus hombros y caminó. Hasta donde le dijo la mujer, llegaron a la orilla del monte y le dijo, la mujer —aquí bájame, ésta es mi casa, pero te voy a pedir que no voltees a verme cuando me bajes. Porque no te va a gustar lo que vas a ver—. El hombre le dijo que sí. Ella bajó y caminó al monte, pero el hombre que la había cargado volteó a verla y se dio cuenta que se había transformado en una serpiente grande que subía por la montaña”.

La malinche dadora de vida, pero también la roba

Se cuenta que había un leñero muy guapo y fornido; entonces subió al monte a traer su carga de leña, y que ahí se encontró a una mujer muy guapa que se ena- moró de él y que le dijo —vamos, yo te invito a mi casa—. Y que se lo lleva. Cuenta la leyenda que según era la Malinche, su espíritu o lo que sea, que se lo llevó a su casa que da a una cueva llena de objetos de oro. Allí le mostró su riqueza, pero él le dijo —yo soy casado—. Y la Malinche le contestó —eso a mí no me interesa—. Ella lo que quería era hacerle el amor. Cuentan que ella bajaba del monte a la ciudad y que se llevaba a los jóvenes guapos. Allá los seducía y los desbarrancaba, los asesinaba. Tenía esa manía, pero se enamoró de este leñero y le perdonó la vida. La Malinche le dijo que estaba agradecida y que podía llevarse oro o lo que quisiera. Cuando re- gresó el leñero a su casa, le contó a su esposa. Ella se burló de él. Y dijo —mi marido se volvió loco. Pero llévame para ver si es cierto—. Y así nos llevamos todo el tesoro. Y así compraron propiedades y vivieron muy felices”.

MALINTZI ES LA MADRE QUE CUIDA Y DA ALIMENTO SÓLO SI SE LE TR ATA BIEN, SI NO PUEDE CASTIGARTE

Todas estas narrativas aluden a la apropiación simbólica del territorio regional. Y sus historias son míticas porque tienen mucho tiempo en el origen: “Eran como grandes gigantes, las montañas crean al territorio. Por ejemplo, Malintzin envía lluvia. Algunos contienen el agua y otros, como el Popocatépetl, son secos, pero tienen la semilla. Por esto es que deben de relacionarse a través de los ritos. Se les pide permiso o se les pide pedimentos o intercambios, como la lluvia o la vegetación; pueden incluso desdoblarse en algún animal, o pueden tener ayudantes como súbditos que se ocultan en las barrancas o los bosques. Malinche es dueña de la tierra, la lluvia y las tormentas, incluso de los animales silvestres, también de la neblina y el granizo. Como si fuera una caja de tesoros que ella guarda y que solamente ella decide cuándo la destapa”.

Es una cosmovisión, entre el mito y la leyenda. Por otro lado, las cuevas son como úteros y se vuelven lugares de culto dedicados a la Malinche, en este caso. Porque allí se va a tener contacto directo con la fertilidad. Es considerada como una madre y su vientre puede fertilizar la tierra. (NG).

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