El olfato juega un papel fundamental en nuestra percepción del entorno. Gracias a millones de receptores olfativos en la nariz, podemos identificar alimentos, detectar peligros y recordar momentos emocionales. Este sentido también puede servir como un marcador temprano de fallecimiento en personas mayores.
Un sondeo de 2015 realizado por la revista The Atlantic reveló que el olfato es el sentido que la mayoría de las personas elegiría sacrificar si tuvieran que renunciar a uno. Curiosamente, el 50% de los encuestados menores de 30 años preferirían renunciar a su olfato antes que a su smartphone. Esto sugiere que no valoramos mucho este sentido. A pesar de que anualmente se publican decenas de miles de investigaciones sobre la vista y el oído, el olfato recibe solo unos pocos cientos de estudios. Sin embargo, este sentido es extraordinariamente potente: nuestros ojos pueden distinguir millones de colores y nuestros oídos varios cientos de miles de tonos, pero la nariz es capaz de detectar alrededor de un billón de olores, gracias a sus aproximadamente 400 tipos de receptores que procesan hasta 40,000 millones de moléculas olorosas.
Marketing olfativo
A pesar de la importancia del olfato, es común que las personas no aprendan a describir aromas específicos. Por ejemplo, aunque se enseñe que la hierba es verde, rara vez se discute el olor de un césped recién cortado. Esto hace que la mayoría de nosotros no podamos articular nuestras experiencias olfativas, a pesar de que un aroma puede evocar recuerdos mucho más intensos que una imagen o una melodía.
Los olores están profundamente vinculados a nuestras emociones, posiblemente porque se procesan en áreas cerebrales que también gestionan nuestras vivencias emocionales. Un estudio de mercado de 2013 de la Universidad Rockefeller mostró que recordamos un 1% de lo que tocamos, un 2% de lo que oímos, un 5% de lo que vemos, un 15% de lo que probamos y un sorprendente 35% de lo que olemos.
En la última década, el marketing olfativo ha ganado popularidad en el ámbito empresarial, utilizando aromas específicos para influir en las emociones de los consumidores y el ambiente laboral. Muchas empresas han comenzado a incorporar un “aroma corporativo” en su imagen de marca.
La dificultad de describir olores
Definir un aroma puede ser un desafío; por ejemplo, los astronautas que regresan de actividades extravehiculares describen el olor del espacio de maneras diversas, como metálico, a pólvora o incluso a filete quemado.
El proceso olfativo comienza cuando las moléculas aromáticas entran en la nariz y alcanzan la mucosa olfativa, donde millones de células olfativas traducen la información en señales eléctricas que viajan al cerebro. Inicialmente, estas señales pasan por el sistema límbico y el hipotálamo, regiones vinculadas a nuestras emociones y memoria, antes de llegar a la corteza cerebral, donde se identifican.
La complejidad de los aromas
Los aromas son intrincados y difíciles de descomponer. Por ejemplo, un plátano tiene 300 compuestos aromáticos, los tomates 400 y el café hasta 600. Determinar cómo cada componente contribuye al aroma total no es sencillo.
La construcción de un aroma es un proceso sorprendentemente complejo. Para crear el olor a piña, se necesita combinar isobutirato de etilo, alfa-ionona y etil maltol, entre otros. Además, diferentes combinaciones químicas pueden producir el mismo olor, lo que añade otro nivel de complejidad.
Las variaciones en los receptores olfativos también son significativas. De los 400 genes que regulan estos receptores, existen más de 900,000 variaciones. Esto significa que la percepción de un mismo aroma puede variar considerablemente entre individuos.
Un posible indicador de la mortalidad
La incapacidad para identificar ciertos olores puede ser un indicador temprano de fallecimiento en personas mayores. Un estudio de la Universidad de Chicago de 2014, publicado en PLOS ONE, examinó a 3,000 personas de entre 57 y 85 años y evaluó su capacidad para identificar cinco olores: menta, pescado, naranja, rosa y cuero.
Los resultados mostraron que el 39% de los participantes mayores que no pudieron identificar todos los olores tenían un mayor riesgo de fallecimiento en un periodo de cinco años. Según el investigador Jayant Pinto, “la pérdida del sentido del olfato es como un canario en una mina de carbón. No causa la muerte directamente, pero actúa como una señal de alerta. Nuestro estudio podría ofrecer una herramienta clínica valiosa y económica para identificar a quienes tienen mayor riesgo de fallecer”.
Curiosidades sobre el sentido del olfato
Cada persona tiene un olor único
Nuestro olor personal es singular y distintivo. Este rasgo está determinado genéticamente, influenciado por los mismos genes que configuran la estructura de nuestro cuerpo.
La percepción de los aromas varía entre individuos
Todos tenemos lo que se conoce como “puntos ciegos olfativos”, lo que significa que hay fragancias que no podemos detectar. Esto implica que nuestra percepción de los olores es individual, y las fragancias que preferimos son exclusivamente nuestras.
Los olores pueden transmitir emociones
Curiosamente, nuestro sentido del olfato es tan agudo que se ha demostrado que somos capaces de percibir emociones como el miedo, el asco, la alegría e incluso la excitación sexual en los demás.
Un estudio realizado en 2012 reveló que las señales olfativas se encuentran en nuestro sudor, lo que permite a los demás captar lo que sentimos en momentos de intensa emoción.
Las mujeres perciben olores con mayor eficacia que los hombres
La eterna competencia de los sexos tiene un claro vencedor en esta área: las investigaciones han demostrado que las mujeres tienen un sentido del olfato más afinado que los hombres, siendo capaces de identificar una mayor variedad de olores. Esto se atribuye a la mayor desarrollo de la región orbital prefrontal en el cerebro femenino.
El sentido del olfato alcanza su máxima expresión en la adolescencia tardía
Alrededor de los 18 o 19 años, nuestro sentido del olfato es más agudo. A partir de esa etapa, comienza un gradual declive en su capacidad.
Las condiciones estacionales también juegan un papel
Durante la primavera y el verano, la humedad en el aire facilita la identificación de diferentes olores, en comparación con las estaciones más secas como el otoño y el invierno.
La sensibilidad olfativa aumenta durante el embarazo
Durante el embarazo, muchas mujeres experimentan un aumento notable en su capacidad olfativa. Este fenómeno podría explicar los inusuales antojos alimentarios que a menudo se observan en esta etapa.
Los perros tienen un sentido del olfato superior al nuestro
Nuestros compañeros caninos poseen un 44% más de células olfativas que los humanos, lo que les otorga una capacidad olfativa mucho más desarrollada. Esto les permite detectar olores con mayor sutileza y desde distancias más largas. (M).