Historias que no terminan: el regreso restaurado de un clásico narrativo al cine argentino

Un tributo a la narrativa coral y la experimentación estética regresa al centro de la escena porteña

Buenos Aires, julio de 2025 —
Una película que se convirtió en culto sin proponérselo, y que desafió todas las convenciones del cine tradicional argentino, vuelve a proyectarse. Historias extraordinarias, de Mariano Llinás, regresa a la gran pantalla en una versión restaurada, como parte de la programación especial de MALBA Cine. A diecisiete años de su estreno original, este filme de más de cuatro horas de duración —dividido en tres actos y protagonizado por múltiples narradores— vuelve a interpelar al público con su compleja arquitectura literaria y visual.

La restauración, impulsada por el propio Llinás y un equipo de especialistas en preservación audiovisual, es mucho más que un ejercicio de nostalgia. Es una reivindicación de la potencia del relato como herramienta de construcción simbólica en una era saturada de algoritmos, spoilers y fórmulas. Al devolverle brillo y definición a cada plano, se recupera también una forma de narrar que rehúye de lo obvio, que bordea lo fantástico sin romper del todo con lo verosímil, y que abraza la digresión como método.

Llinás, miembro del colectivo El Pampero Cine, concibió Historias extraordinarias como un homenaje y una crítica: homenaje al poder de la palabra hablada, a los cuentos dentro de los cuentos; crítica a la estructura hegemónica de guion que reduce el cine a una ecuación de tres actos, clímax y resolución. Lejos de eso, la película se sumerge en la crónica, en el ensayo narrativo, en el absurdo controlado. Es cine que habla como literatura, y que se mueve como mapa mental.

La versión restaurada se presentará con funciones limitadas acompañadas por charlas, materiales inéditos del proceso de filmación y la participación de críticos y guionistas que, en su momento, vieron en esta obra una ruptura paradigmática. La reaparición de esta pieza fílmica no ocurre en un vacío: el cine argentino atraviesa hoy un proceso de redefinición, entre la escasez presupuestaria, la reconquista del público postpandemia, y la búsqueda de nuevos lenguajes que compitan con las plataformas globales.

En ese contexto, Historias extraordinarias vuelve como una anomalía necesaria. Un manifiesto sin discurso explícito que reafirma que el tiempo, cuando se utiliza con inteligencia narrativa, puede ser más valioso que cualquier efecto digital. Es también una apuesta por la atención sostenida, en tiempos de fragmentación visual. Y una oportunidad para que nuevas generaciones descubran que el cine puede ser algo más que entretenimiento: puede ser un desafío cognitivo, una exploración del relato como forma de existencia.

Mariano Llinás no ha dejado de experimentar desde entonces, con propuestas como La flor, que llevó aún más lejos los límites del cine independiente. Pero este retorno a Historias extraordinarias funciona como un punto de reencuentro, no solo con su obra, sino con una manera de concebir el cine como arte de la demora, del rodeo, de la resonancia.

Y si los algoritmos del presente se alimentan de inmediatez, quizás esta película-restaurada nos recuerde que algunas historias, para ser realmente extraordinarias, necesitan perderse en sí mismas antes de volver a encontrarnos.

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