Descender en las profundidades por un corredor de 16 escalones para llegar a una cámara excavada a casi cinco metros bajo tierra no es la escena de una película de aventuras, sino una realidad arqueológica que se ha documentado en Casalaccio. En este rincón de la Tuscia meridional, entre las poblaciones italianas de Viterbo y Vitorchiano, una excavación preventiva ha descubierto un cementerio que estuvo en uso durante siglos, cuando el territorio de la antigua Ferentium transitaba del mundo etrusco al romano.
Los arqueólogos han descubierto, durante las campañas de 2024 y 2025, una necrópolis desconocida en Tuscia, la antigua Etruria meridional.
Un cementerio en el territorio de Ferento
La necrópolis apareció en la localidad de Casalaccio, dentro del territorio periférico vinculado a Ferento, en el actual Lacio. Se trata de un espacio funerario integrado en la red de asentamientos, caminos y áreas productivas que articulaba el paisaje de la antigua ciudad. El hallazgo procede de las campañas de excavación preventiva desarrolladas entre 2024 y 2025, si bien la protección del sitio se formalizó en 2026 mediante una declaración de interés cultural de la Soprintendenza dependiente del Ministerio italiano de Cultura.
El yacimiento ocupa unos 600 metros cuadrados y reúne 25 tumbas, distribuidas en 7 cámaras funerarias y 18 sepulturas en fosa, es decir, excavadas directamente en el terreno. Tras concluir los trabajos, la zona de las tumbas se cubrió de nuevo con tierra para garantizar su conservación.
Se trata de un espacio funerario integrado en la red de asentamientos, caminos y áreas productivas que articulaba el paisaje de la antigua ciudad.
Bajar 16 escalones: la arquitectura de las tumbas más profundas
La estructura monumental más llamativa del conjunto corresponde a la denominada tumba 4. Se trata de una tumba de cámara, es decir, un recinto subterráneo al que se accede mediante un corredor y que está diseñado para reutilizarse a lo largo del tiempo. En la tumba 4, un pasillo de 16 escalones conduce a una estancia casi cuadrada, de unos 5 por 5 metros, situada a 4,80 metros de profundidad. Los arqueólogos estiman que, en origen, pudo haber albergado al menos a 12 individuos. En sus paredes se conservan tres nichos que probablemente estuvieron destinados a acoger sarcófagos hoy desaparecidos. También se detectaron sepulturas practicadas en el propio suelo de la cámara.
Muy cerca de ella, la tumba 3 alcanza unos 4,90 metros de profundidad. Se accede a ella por un largo corredor. En su interior se documentaron dos sarcófagos de peperino, una roca volcánica compacta muy habitual en la arquitectura y la escultura funeraria de la Italia central, junto a una fosa de inhumación y restos de al menos tres individuos. Según los estudiosos, excavar a tal profundidad pudo deberse a necesidades de protección, a la topografía del terreno o al mantenimiento de una tradición arquitectónica heredada.
Del siglo V a. C. al II d. C.: un paisaje funerario de larga duración
Si algo distingue a Casalaccio es la combinación de 25 enterramientos con una continuidad de uso extraordinaria. Los materiales datan el conjunto entre los siglos V a. C. y II d. C., un intervalo de unos seiscientos años que cubre las etapas etrusca, republicana e imperial romana.
Esta larga secuencia permite seguir la transformación de las prácticas funerarias sobre el terreno. El núcleo más antiguo comprende pequeñas cámaras asociadas a incineraciones, cerradas con losas de toba y vinculadas a urnas y cerámica de figuras rojas.
Con el tiempo, se impusieron cámaras mayores con sarcófagos y enterramientos múltiples, en las que se refleja el paso progresivo de la incineración a la inhumación. Todo apunta, por tanto, a un espacio dinámico, reutilizado durante generaciones, quizá por familias o comunidades enteras.
El núcleo más antiguo comprende pequeñas cámaras asociadas a incineraciones, cerradas con losas de toba y vinculadas a urnas y cerámica de figuras rojas.
Espejos, un pendiente infantil y clavos de sandalia: los ajuares
El repertorio de objetos recuperado ofrece nuevas perspectivas sobre la vida cotidiana y simbólica de quienes se enterraron aquí. Pese a que la tumba 3 había sufrido un saqueo clandestino, probablemente durante los primeros decenios del siglo XX, aún conservaba ungüentarios, una lucerna, una pátera (plato ritual poco profundo), ollas y fragmentos de recipientes de vidrio.
El conjunto de la necrópolis suma piezas de notable variedad: un espejo circular de aleación de plata, un pendiente de oro asociado a un individuo infantil, lucernas, monedas, recipientes de vidrio y cerámica, objetos de bronce y clavos de caligae. Estas últimas eran las sandalias o botas de suela reforzada con tachuelas metálicas, utilizadas sobre todo en contextos militares.
La tumba 3 aún conservaba ungüentarios, una lucerna, una pátera, ollas y fragmentos de recipientes de vidrio.
Un cráneo de uro y los límites de la interpretación
Entre las tumbas, también apareció un elemento tan llamativo como enigmático: el cráneo fosilizado de un uro (Bos primigenius), el gran bóvido salvaje antepasado del ganado doméstico y ahora extinto. Su posible relación con los enterramientos aún no se ha establecido. Resulta prematuro afirmar que el cráneo formase parte de un ritual funerario, un ajuar o una ofrenda. Al tratarse de un fósil, es plausible que procediera de un contexto geológico más antiguo y que se hubiera trasladado accidentalmente al área funeraria durante la construcción de la necrópolis o la apertura de las tumbas.
Un territorio funerario complejo
Casalaccio ocupa una pieza esencial en el mosaico funerario de Tuscia. Las arqueólogas Beatrice Casocavallo y Chiara Giatti han observado que las tumbas de cámara comparten una orientación hacia el sur, lo que podría indicar la existencia de una antigua vía de acceso a la necrópolis. Se trata, no obstante, de una hipótesis pendiente de confirmación mediante prospecciones y análisis topográficos.
El entorno de Ferento concentra otras áreas funerarias que refuerzan esta imagen. En Pian di Giorgio, en el extremo septentrional del área de la ciudad, se investigaron nueve tumbas de cámara e hipogeos helenísticos entre 1975 y 1979, varias de ellas parcialmente derrumbadas y expoliadas antes de su excavación.
Vista en su conjunto, la necrópolis de Casalaccio confirma que Ferento contaba con varios espacios funerarios repartidos por su territorio. Los seiscientos años de uso continuo de estos cementerios obligan a leer la muerte no como un instante, sino como un proceso histórico de larga duración que acompañó la lenta transformación de la Tuscia etrusca en un paisaje romano. (M).