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Guyana aseguró estar preparada para defender su territorio ante “un nuevo entorno” de tensión con el régimen de Venezuela

by Phoenix 24

La disputa por el Esequibo escala a un terreno de incertidumbre en el que Guyana busca reforzar alianzas y Venezuela mantiene la presión como parte de su política interna.

Georgetown, agosto de 2025
El gobierno de Guyana aseguró estar preparado para defender su soberanía en un “nuevo entorno” de tensiones con el régimen de Nicolás Maduro, en el marco de la disputa por el territorio del Esequibo. Las declaraciones, emitidas por el Ministerio de Asuntos Exteriores, subrayan que Georgetown considera la situación actual como un punto de inflexión: el diferendo histórico dejó de ser un tema diplomático en espera de la Corte Internacional de Justicia y pasó a convertirse en un asunto de seguridad nacional inmediata.

El mensaje guyanés no se limita a la retórica. Altos funcionarios han confirmado que las Fuerzas de Defensa de Guyana reforzaron su presencia en áreas limítrofes y mantienen ejercicios de entrenamiento conjunto con unidades estadounidenses desplegadas en la región. Analistas militares en Washington señalan que este tipo de maniobras buscan disuadir a Caracas de intentar una escalada que altere el statu quo. A su vez, diplomáticos europeos recuerdan que la disputa ya figura en los informes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en particular después de que el régimen venezolano aprobara la creación de una nueva provincia administrativa sobre el Esequibo a finales de 2023.

La dimensión económica es crucial. El descubrimiento de grandes reservas de petróleo en aguas guyanesas en 2015 convirtió al país en un actor inesperado del mercado energético mundial. Mientras Guyana se asocia con consorcios como ExxonMobil y Hess para explotar el crudo, Venezuela insiste en reivindicar los derechos sobre el área en disputa. Expertos en energía del Instituto Peterson advierten que la pugna no solo se trata de fronteras, sino del acceso a recursos estratégicos en un contexto de transición energética incierta.

Se trata de una amplia zona de más de 160.000 kilómetros con gran potencial petrolero (Photo by Roberto CISNEROS / AFP)

El Caribe observa con atención. En Trinidad y Tobago se multiplican los llamados a la calma, conscientes de que cualquier escalada afectaría las rutas energéticas y el comercio regional. En Brasil, el Ministerio de Defensa subrayó la importancia de evitar un conflicto abierto que arrastre a la Amazonia a una dinámica de militarización. Desde África Occidental, analistas en seguridad marítima comparan el caso con disputas en el Golfo de Guinea, recordando que la falta de mecanismos claros de arbitraje puede transformar diferendos latentes en amenazas de largo plazo.

Para Venezuela, la disputa también funciona como válvula política. El régimen de Maduro, debilitado por sanciones internacionales y una economía en recesión prolongada, utiliza el nacionalismo sobre el Esequibo para movilizar apoyo interno y desviar la atención de la crisis social. De acuerdo con observadores en Bruselas, esta táctica no difiere de estrategias históricas en las que gobiernos autoritarios apelan a reclamaciones territoriales para reforzar su legitimidad en tiempos de inestabilidad.

Guyana, en contraste, busca sostener su narrativa en el terreno jurídico y diplomático. El presidente Irfaan Ali reiteró que la Corte Internacional de Justicia es la instancia adecuada para resolver la disputa, aunque subrayó que el país no permanecerá pasivo ante posibles provocaciones. La declaración “estamos preparados para defender nuestro territorio” resume tanto una disposición militar como un mensaje político: la voluntad de no ceder frente a presiones, aun sabiendo que el equilibrio de fuerzas favorece a su vecino.

El futuro inmediato abre tres escenarios. El primero, de continuidad, supone que ambas naciones mantengan la tensión bajo control, limitándose a discursos y maniobras militares de carácter disuasivo. El segundo, de disrupción, se daría si Venezuela decide avanzar con presencia activa en zonas marítimas en disputa, lo que podría activar una respuesta internacional más amplia y mayor despliegue de tropas extranjeras en apoyo a Guyana. El tercero, de bifurcación, se configuraría si un actor externo, como Estados Unidos o la Comunidad del Caribe, asume un rol directo de mediación y logra encauzar la disputa en un proceso más estable, reduciendo el riesgo de confrontación.

En cualquier caso, el pulso entre un pequeño Estado en auge económico y un régimen que busca legitimidad a través del nacionalismo se convierte en un termómetro de la estabilidad regional. El Caribe y Sudamérica observan con atención, conscientes de que la disputa por el Esequibo es mucho más que un litigio territorial: es una prueba de hasta qué punto la geopolítica de los recursos y las tensiones internas pueden confluir en el escenario más inesperado.

La narrativa también es poder.
Narrative is power too.

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