No basta con el tránsito; lo que cuenta es qué redes criminales se fortalecen mientras miramos hacia otro lado.
Georgetown, agosto de 2025 — El jefe de la Unidad Antinarcóticos de Aduanas de Guyana (CANU), James Singh, lanzó una advertencia sin ambigüedades: la mayoría de las drogas que ingresan al país provienen de Venezuela, cuyo territorio se ha convertido en plataforma de tránsito hacia Europa y África Occidental. Guyana, lejos de ser origen, se ha transformado en un eslabón imprescindible dentro de la cadena global del narcotráfico, señaló Singh en una comparecencia ante el Departamento de Información Pública.
El modo de operación combina rutas aéreas y marítimas. Los cargamentos llegan mediante aeronaves que vuelan a baja altitud, embarcaciones rápidas, contenedores contaminados e incluso semisumergibles diseñados para eludir radares. Una vez en suelo guyanés, parte de la mercancía queda destinada al consumo local, mientras el grueso sigue su camino hacia mercados internacionales.
Las raíces de este fenómeno son múltiples: la proximidad geográfica con el territorio venezolano, la facilidad logística de ríos extensos y puertos poco vigilados, y la presión de carteles que buscan rutas menos expuestas que las tradicionales hacia Norteamérica. Singh explicó que se trata de una estrategia deliberada: ante una vigilancia más estricta en el norte, los grupos criminales optan por desvíos más discretos aunque prolongados.
Guyana denunció que la mayoría de las drogas que ingresan al país provienen de Venezuela. (ArmadaFANBve/Facebook)
En respuesta, CANU ha intensificado operativos apoyados por inteligencia local e internacional. Las incautaciones recientes han sido relevantes, pero Singh subraya que sin respaldo comunitario y cooperación multinacional los resultados pierden eficacia y continuidad.
El análisis revela un problema estructural. El narcotráfico no permanece estático: se desplaza, se reinventa y adapta su logística según los cierres de fronteras y la presión de las autoridades. Guyana, por su ubicación y su fragilidad institucional, ya no es solo un corredor inevitable, sino un punto neurálgico en disputa dentro del mapa del crimen transnacional.
La lectura no debe quedarse en el número de cargamentos incautados. El verdadero desafío está en cortar los canales financieros que permiten a estas redes operar y expandirse, además de limitar la complicidad política y social que facilita el tránsito de mercancías ilícitas. Interceptar barcos o aviones puede ofrecer titulares, pero no modifica la raíz del problema.
La cuestión central, por tanto, no es cuántas toneladas se confiscan en un año, sino qué mecanismos estructurales se desmantelan para que esas rutas dejen de ser viables. El narcotráfico, más que contrabando, es ingeniería institucional invertida: se alimenta de fallas legales, vacíos de control y redes de protección invisibles. Guyana lo ha reconocido públicamente. Ahora el reto será transformar esa denuncia en una estrategia capaz de cerrar puertas y evitar que el país consolide su papel como corredor privilegiado del crimen global.
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