Guillermo del Toro impulsa un centro internacional para preservar la animación stop motion en el cine

Una ventana al corazón artesanal del séptimo arte.

París, octubre de 2025

El cineasta mexicano Guillermo del Toro, junto con la plataforma Netflix y la reconocida escuela de animación Gobelins, L’École de l’Image, ha anunciado la creación de un Centro Internacional de Animación Stop Motion, un espacio que busca proteger y revitalizar una de las técnicas más antiguas y poéticas del cine contemporáneo. Concebido como laboratorio, escuela y archivo, el proyecto pretende mantener viva una forma de creación cinematográfica que, en palabras del propio director, “representa lo más humano dentro de la animación: la imperfección hecha arte”.

Del Toro, ganador del Óscar y autor de películas como El laberinto del fauno y Pinocho, explicó que el nuevo centro será un lugar donde confluyan generaciones, culturas y disciplinas. Ubicado en el campus parisino de Gobelins, el complejo incluirá talleres de escultura, set design, modelado digital, fotografía y dirección artística, así como un programa permanente de residencias internacionales. La idea es formar a nuevas generaciones de animadores con una visión integral del stop motion, donde la tecnología sirva como herramienta y no como sustituto del trabajo artesanal.

El director ha insistido en que la animación fotograma a fotograma no es un simple recurso nostálgico, sino un lenguaje visual con poder narrativo y emocional. En su visión, la textura de los materiales y el movimiento tangible de los personajes ofrecen una experiencia que ninguna simulación digital puede reemplazar. “El stop motion es tiempo condensado”, ha dicho. “Cada segundo de película encierra horas de paciencia, disciplina y emoción humana.”

El proyecto cuenta con la participación de cineastas europeos, latinoamericanos y asiáticos interesados en conservar las técnicas tradicionales frente al avance de la automatización. Además de la enseñanza técnica, el centro incluirá un archivo internacional de materiales físicos y maquetas originales, con el objetivo de preservar la historia del género y documentar los procesos creativos de los grandes estudios que lo han desarrollado durante el último siglo.

La alianza con Netflix refuerza el propósito de abrir nuevos canales de distribución y financiamiento para las producciones surgidas del laboratorio. Según voceros de la empresa, la colaboración busca promover contenidos de animación que combinen rigor artesanal con nuevas narrativas visuales. Esta sinergia entre industria y arte responde al contexto actual, en el que la inteligencia artificial redefine los límites del trabajo creativo y la autenticidad se convierte en valor estético y comercial.

Desde el ámbito académico, especialistas en arte digital destacan el valor cultural de la iniciativa. Mientras buena parte de la industria se orienta hacia la automatización, el centro impulsado por Del Toro reivindica el valor del gesto manual como patrimonio intangible. El stop motion, señalan, no solo representa un estilo visual, sino también una ética del oficio: la atención al detalle, la lentitud del proceso y la presencia constante del artista en cada plano.

El proyecto también incluye una vertiente educativa dirigida a jóvenes de América Latina y Europa del Este, regiones donde el talento en animación crece pero carece de infraestructura especializada. Las becas de intercambio permitirán que los estudiantes trabajen en producciones conjuntas y presenten sus proyectos en festivales internacionales. Esta dimensión formativa, según Del Toro, es esencial para garantizar que la tradición sobreviva más allá de los grandes estudios.

La creación del centro llega en un momento de redefinición global del cine animado. Las tecnologías generativas han multiplicado la producción digital, pero también han despertado un movimiento inverso: el regreso a lo tangible. Para muchos artistas, la animación cuadro por cuadro encarna una forma de resistencia frente a la impersonalidad de la imagen automática. En ese sentido, la propuesta de Del Toro no solo preserva una técnica, sino que plantea una declaración de principios: el arte requiere tiempo, materia y humanidad.

Los próximos dos años serán decisivos para el desarrollo del proyecto. Se espera que el centro abra oficialmente sus puertas en 2027, con una primera generación de animadores en residencia y un festival anual de cortometrajes realizados íntegramente con técnicas tradicionales. La meta, explica su fundador, no es competir con la industria, sino recordar su origen. “El stop motion es una manera de pensar con las manos. Y mientras existan manos dispuestas a crear, esta forma de arte no desaparecerá.”

Con esta iniciativa, Guillermo del Toro reafirma su papel como defensor de la imaginación artesanal y del cine como territorio de lo imperfectamente humano. En una era dominada por el brillo digital, su apuesta por la textura, la paciencia y la emoción manual suena, más que a nostalgia, a futuro.

La narrativa también es poder. / Narrative is power too.

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