Google exige revisar la Ley de Mercados Digitales de la UE y advierte que perjudica a usuarios y pequeñas empresas

El gigante tecnológico sostiene que la regulación europea genera efectos adversos que amenazan la innovación y el equilibrio del ecosistema digital.

Bruselas, septiembre de 2025. Google ha intensificado sus críticas contra la Ley de Mercados Digitales (DMA, por sus siglas en inglés), aprobada por la Unión Europea con el objetivo de limitar el poder de las grandes plataformas tecnológicas y fomentar la competencia. Según la compañía, la normativa, lejos de beneficiar a los consumidores y pequeñas empresas como estaba previsto, está generando “daños colaterales significativos” en múltiples sectores.

En un comunicado reciente, Google advirtió que varios de los cambios obligatorios introducidos por el DMA han tenido consecuencias negativas no previstas. Uno de los ejemplos más citados es el impacto en el sector turístico. Tras las nuevas exigencias regulatorias, el buscador ya no puede mostrar enlaces directos a aerolíneas, hoteles o sitios de reservas oficiales, sino que prioriza intermediarios que pagan por aparecer en los resultados. Como resultado, muchas plataformas de turismo europeas han registrado una caída del 30 % en su tráfico orgánico, lo que afecta directamente sus ingresos y competitividad.

La empresa también señaló riesgos en materia de ciberseguridad, particularmente en el ecosistema Android. Las nuevas disposiciones obligan a permitir la instalación de aplicaciones externas sin pasar por los canales tradicionales, lo que, según Google, podría debilitar las medidas de protección desarrolladas para bloquear software malicioso y garantizar la integridad del sistema operativo. La compañía sostiene que estas obligaciones reducen el margen para mantener un entorno seguro y podrían exponer a los usuarios a mayores amenazas digitales.

Otro punto de controversia es la falta de claridad regulatoria. Google argumenta que muchas de las reglas del DMA han sido aplicadas de manera rígida, sin considerar la evolución del mercado digital ni el impacto real en la experiencia del usuario. Por ello, propone que la Comisión Europea abra un proceso de revisión basado en evidencia empírica y datos concretos que permitan ajustar las obligaciones a la realidad tecnológica actual.

A diferencia de iOS, Android permite descargar apps desde distintas fuentes y ofrece varias tiendas preinstaladas, lo que, según Google, favoreció la innovación y diversidad en Europa, aunque estos logros ahora estarían en riesgo. REUTERS/Dado Ruvic/Illustration/File Photo

No es la primera vez que el gigante tecnológico se enfrenta a las autoridades comunitarias. Alphabet, la empresa matriz de Google, ya ha recibido advertencias preliminares por presuntas violaciones del DMA en relación con sus prácticas de búsqueda y promoción de sus propios servicios. Estas tensiones forman parte de un debate más amplio sobre el papel de las grandes tecnológicas en el mercado europeo y la necesidad de garantizar un entorno competitivo sin frenar la innovación.

Expertos en regulación digital sostienen que el conflicto entre Bruselas y Google ilustra un dilema estructural: cómo equilibrar el control sobre los gigantes tecnológicos con la necesidad de mantener la innovación y la inversión. Una regulación demasiado estricta puede reducir la capacidad de desarrollo de nuevas herramientas, mientras que una excesivamente flexible podría perpetuar posiciones dominantes. Encontrar un punto intermedio es esencial para que la normativa europea sea efectiva sin sofocar el ecosistema tecnológico.

Google, al igual que Apple, también cuestionó el retraso en el lanzamiento de funciones en la región. REUTERS/Steve Marcus/File Photo/File Photo/File Photo

La disputa sobre el DMA también tiene implicaciones geopolíticas. La Unión Europea aspira a que su marco regulatorio se convierta en un estándar global, marcando el rumbo de la legislación tecnológica en otras regiones. Sin embargo, la resistencia de empresas como Google demuestra que el camino hacia una regulación efectiva será complejo y requerirá diálogo entre instituciones, empresas y consumidores.

En última instancia, la discusión refleja un nuevo equilibrio de poder en la era digital. Europa busca frenar la concentración tecnológica, mientras las grandes plataformas intentan adaptarse sin comprometer sus modelos de negocio. El resultado definirá no solo el futuro del mercado digital europeo, sino también el modelo de regulación tecnológica en todo el mundo.

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