El escritor, editor y crítico madrileño deja tras de sí una obra poliédrica que marcó la literatura nacional desde la Transición hasta hoy.
Madrid, julio de 2025 —
Este viernes, Madrid despide a José María Guelbenzu, una figura central de la literatura española contemporánea, fallecido a los 81 años. Su trayectoria abarcó desde la poesía y el relato hasta la novela de ficción y la crítica literaria. A lo largo de más de cinco décadas, tejió un legado que influyó tanto en el ámbito cultural como en el académico.
Guelbenzu irrumpió al mundo literario a finales de los años sesenta, publicando en revistas como Cuadernos para el Diálogo y en suplementos de opinión, mientras su primera novela apareció en 1967. Continuó por la senda de la crítica y, en 1970, asumió la dirección editorial de Taurus —luego de Alfaguara—, apostando por escritores emergentes durante la Transición.
Durante los ochenta, Guelbenzu abandonó los cargos de editorial para dedicarse de lleno a la literatura y la crítica. Su obituario en el diario El País lo recuerda como “maestro de la ironía”, capaz de equilibrar rigor y sensibilidad en su ejercicio crítico en Babelia, además de jurado y formador en instituciones como la Escuela de Letras de Madrid.
El reconocimiento llegó también con un nutrido palmarés: recibió el Premio de la Crítica de Narrativa por El río de la luna en 1981, el Premio Internacional de Novela Plaza & Janés en 1991 por La tierra prometida, el Premio Fundación Sánchez Ruipérez en 2007 y el Torrente Ballester en 2010.
Como novelista, destacó especialmente en la serie protagonizada por la jueza Mariana de Marco, compuesta por diez títulos que, desde 2001, trenzaron el género negro con la psicología y el contexto social. Su última obra, Una gota de afecto, salió a la luz en abril de este año, un texto que combina introspección emocional y atmósfera literaria, según reseñas recientes.
Siruela, su editorial actual, describió su legado como el de un “escritor, editor, crítico y profesor” que representó la literatura con mayúsculas de las últimas décadas. Ofelia Grande, su editora, lo recordó como hombre sereno, de gran elegancia en el trato y con un elevado sentido ético en su trabajo editorial.
Guelbenzu era también pedagogo literario. Participó activamente en jurados de premios como el Nacional de Literatura o el Premio Nadal, y contribuyó a la formación de nuevos escritores mediante la Escuela de Letras de Madrid.
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