Elena Poniatowska revive la memoria colectiva del sismo de 1985 a cuarenta años de la tragedia

Su narrativa coral rescata el dolor, la solidaridad inesperada y la urgencia de no olvidar para construir justicia histórica.

Ciudad de México — Septiembre 2025

Elena Poniatowska, a sus noventa y tres años, recorre el pasado con la lucidez de quien no se resigna al olvido, recordando el sismo del 19 de septiembre de 1985 a través de “Nada, nadie. Las voces del temblor”, obra coral que rescata historias humanas del desastre. En este libro recién reeditado, Poniatowska revive la experiencia del temblor desde los ojos de quienes lo sufrieron, de quienes ayudaron, de quienes permanecieron en el anonimato y dejaron huella, como “La Pulga”, quien entraba a túneles colapsados para sentir si alguien estaba atrapado y que el aire le respondió con fragmentos de vida.

Ella rememora talleres literarios que impartía a señoras, cuyos relatos recogidos en la calle reconstruyen la tragedia con la fuerza de lo vivencial. “Yo daba un taller de literatura a señoras y les dije que la próxima clase iba a ser en la calle. Las mandé a recoger testimonios y lo hicieron muy bien”, afirma, describiendo cómo los relatos no solo narraron muertes y derrumbes, sino también la emergencia de la ayuda mutua, de la comunidad que se tendió para socorrer, con comida, agua, cobijo, y un gesto compartido de humanidad. Aun cuando muchos espacios políticos ignoraron la urgencia y privilegiaron gestos simbólicos, Poniatowska revive con crudeza aquel enfado: “Aquí vienen algunos a hacer campaña, a obtener triunfos políticos y publicitarios a nuestra costa”, reflexiona, aludiendo a la indiferencia oficial que precedió y acentuó las pérdidas.

Elena Poniatowska revive el terremoto de 1985 a través de historias humanas en su libro ‘Nada, nadie. Las voces del temblor’

El dolor y la solidaridad se entrelazan en ella con una prosa que evita el artificio. Cuenta que su memoria olvida nombres, pero no las sensaciones: “los mexicanos mostraron una solidaridad que ni ellos imaginaban”, dice, subrayando que la ciudad se convirtió en un tejido humano tras el derrumbe, en una red de auxilio improvisado. Vecinos, niños, topos, desconocidos; todos caminaron hacia el otro con urgencia. Ella experimentó esa historia en carne viva: casas fortificadas de miedo, edificios destrozados, cuerpos evacuados a parques que se transformaron en morgues a cielo abierto, noticias imposibles de asimilar, ecos de protesta ante la indiferencia burocrática.

Nada, nadie reconstruye esos fragmentos: cada episodio del temblor descrito no busca escenografía literaria, sino afirma el mandato del testimonio: “no me digan, muéstrenme”. Los relatos de horror conviven con los de esperanza, como aquel hombre “chaparrito” que sin herramientas sofisticadas descifró crujidos, huele a rescate, empujado por una valentía casi absurda; como las mujeres que bajaban de sus residencias acomodadas para llevar alimento a quienes apenas podrían tener dónde dormir; como los ciudadanos que trazaban puentes invisibles entre vivienda destruida, escombros y llanto.

Poniatowska registra también la desigualdad que se hace presente en la tragedia: los ricos perdían muros, los pobres perdían todo, y en los días posteriores se visibilizó que la ayuda oficial tardaba, que los escombros se acumulaban, que el silencio administrativo pesaba más que el peso de los cuerpos bajo los cascotes. La escritora no se queda en la tragedia pasiva: su relato señorea crítica política, el reclamo ético, la pregunta por justicia, por reconocimiento, por memoria activa.

La escritora destaca la solidaridad de los mexicanos y critica la indiferencia política tras la tragedia

Hoy, cuando se cumplen cuatro décadas del temblor, la autora reclama a la sociedad mexicana no solo recordar, sino custodiar esa memoria como antídoto contra la indiferencia. Cuando se extinguen los testigos, los libros cobran el papel de fósiles sensibles, los relatos colectivos se convierten en herencia moral. El sismo dejó destrucción material, pero también reveló la capacidad ciudadana de sostener al otro; esa tensión permanece vigente, como registro doloroso y esperanza compartida.

La autora recuerda a los ‘topos’, héroes anónimos que arriesgaron sus vidas para rescatar sobrevivientes

La obra invita a repensar cómo México enfrenta sus tragedias: si con olvido, con retórica vacía, o con reconocimiento y reparación. La memoria no es solo pasado: es herramienta para construir respeto, para resistir la violencia estructural que persiste cuando el Estado olvida su deber; es reivindicación de los olvidados, homenaje de los invisibles.

Detrás de cada dato, hay una intención. Detrás de cada silencio, una estructura.
Behind every data point, there’s an intention. Behind every silence, a structure.

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