La muerte se transforma en relato político para sostener el culto al líder.
Pionyang, septiembre de 2025. Corea del Norte ha sorprendido al difundir un documental en el que aparecen combatientes muertos en Ucrania. Lo que en otro contexto podría interpretarse como una muestra de vulnerabilidad se ha transformado en un recurso propagandístico que consolida la figura de Kim Jong-un. Analistas señalan que el régimen busca moldear la percepción de la sociedad presentando las bajas no como pérdidas, sino como actos de fidelidad absoluta al Estado.
Especialistas en comunicación política, consultados por medios europeos, advierten que la estrategia se centra en mostrar el sacrificio como un honor incuestionable. Un académico radicado en Nueva York explicó que la narrativa se construye deliberadamente para fortalecer la obediencia interna: los jóvenes soldados aparecen como modelos de lealtad, incluso en el acto de morir.
El Servicio Nacional de Inteligencia de Corea del Sur estima que alrededor de dos mil efectivos norcoreanos han perdido la vida en Ucrania, de un contingente aproximado de trece mil enviados a ese frente. Esta revelación, difundida sin matices en la televisión estatal, refuerza hacia Moscú la idea de que Pionyang está dispuesto a pagar un precio elevado por mantener su alianza militar.
El discurso oficial insiste en que los caídos no luchan por Rusia, sino por la defensa de su patria frente a supuestos enemigos externos. De manera sistemática se repite que Estados Unidos, Japón y Corea del Sur habrían intervenido en Ucrania, aunque la evidencia internacional contradiga esta versión. La propaganda se presenta así como una prolongación de décadas de adoctrinamiento contra las potencias extranjeras.

FOTO DE ARCHIVO: Kim Jong-un abraza a un soldado durante una ceremonia en honor a los combatientes desplegados en el extranjero, en la sede del Partido de los Trabajadores, en Pyongyang. Imagen difundida el 22 de agosto de 2025 por la Agencia Central de Noticias de Corea del Norte (KCNA vía REUTERS)
En el plano interno, la maquinaria informativa sigue operando bajo un férreo control. Los medios estatales ofrecen un único relato y la población carece de acceso a fuentes independientes. Incluso el dolor y la muerte se reconvierten en piezas de un engranaje que asegura la centralidad de Kim Jong-un como líder supremo y protector.
Fuera de las fronteras norcoreanas, la narrativa cumple otra función: proyectar fortaleza y demostrar que la alianza con Rusia se sostiene no solo en acuerdos políticos, sino en sacrificio humano. Para observadores occidentales, esta estrategia busca legitimar a Corea del Norte como socio indispensable en la guerra, aunque el costo sea elevado.

FOTO DE ARCHIVO: El líder norcoreano Kim Jong-un se reúne con familiares de soldados que participaron en operaciones militares en el extranjero, en Pyongyang, Corea del Norte, en esta imagen difundida por la Agencia Central de Noticias Coreana el 30 de agosto de 2025. (KCNA via REUTERS)
El mensaje final es inequívoco. En un país donde la información es un instrumento de control, el régimen transforma la tragedia en símbolo de cohesión nacional. Las imágenes de jóvenes soldados muertos, lejos de generar cuestionamientos, son presentadas como parte de una liturgia de obediencia que refuerza el poder del Estado.
Cada silencio habla.
Every silence speaks.