La línea entre moda y tecnología se vuelve más delgada, y el costo revela quién está dispuesto a cruzarla.
Madrid, octubre de 2025.
La segunda generación de las gafas inteligentes creadas por Meta junto a Ray-Ban acaba de llegar al mercado con una mezcla de diseño clásico y sofisticación digital. Su precio base, situado alrededor de los 420 euros, refleja no solo el valor de la marca sino la ambición de convertir un accesorio cotidiano en un dispositivo de inteligencia artificial portátil. Las versiones con lentes polarizadas o fotocromáticas elevan el costo hasta los 520 euros, consolidando a este modelo como uno de los más caros dentro del sector de los wearables ópticos.
El cambio más visible no está en la montura sino en su interior. Las Ray-Ban Meta Gen 2 integran una cámara gran angular de 12 megapíxeles capaz de grabar video en calidad 3K, micrófonos distribuidos para capturar sonido ambiental y un sistema de altavoces direccionales que permite escuchar sin auriculares. La conexión con la aplicación de Meta AI transforma las gafas en una extensión de la voz del usuario: basta con pronunciar un comando para tomar una fotografía, enviar un mensaje o realizar una búsqueda.
La autonomía se ha convertido en uno de sus mayores atractivos. El dispositivo ofrece hasta ocho horas de uso continuo, y el estuche-batería añade cerca de cuarenta y ocho horas adicionales, lo que permite pasar varios días sin carga directa. Esta mejora responde a una demanda común de los primeros compradores, quienes criticaban que la versión anterior requería recargas demasiado frecuentes.

Más allá del rendimiento técnico, el objetivo de Meta es posicionar estas gafas como símbolo de integración entre estilo y conectividad. Su diseño conserva la identidad visual de la marca Ray-Ban, de modo que pueden pasar inadvertidas como gafas tradicionales. El reto, según analistas del sector, es convencer al público de que el valor tecnológico justifica la diferencia de precio frente a modelos convencionales.
El consumidor ideal no es solo un amante de la moda, sino un usuario que vive conectado: creadores de contenido, profesionales móviles o viajeros que buscan registrar momentos sin depender del teléfono. Para ellos, las funciones de inteligencia artificial ofrecen una ventaja tangible. Sin embargo, para quien solo desea un accesorio estético, el gasto puede resultar excesivo.
La estrategia de Meta apunta a un mercado aún emergente. Las gafas inteligentes representan el siguiente paso tras los relojes y auriculares con IA, y las compañías tecnológicas compiten por dominar este espacio antes de que se masifique. En esa carrera, las Ray-Ban Meta Gen 2 destacan por su equilibrio entre diseño reconocible y capacidad funcional, aunque todavía no resuelven por completo el dilema de privacidad ni la percepción de vigilancia que generan las cámaras integradas.
En términos simbólicos, este lanzamiento consolida la idea de que la inteligencia artificial no solo habita en servidores o pantallas, sino también en objetos de uso personal. Cada mirada puede convertirse en dato, cada imagen en información procesada. El precio, entonces, no solo mide materiales, sino también la disposición a participar en esa nueva forma de ver el mundo.
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