De vez en cuando, un nuevo actor llega a Hollywood para seguir los pasos de las grandes leyendas del cine, pero también para romper con los estereotipos y demostrar que un protagonista, o un Leading Man, puede verse de muchas formas diferentes, puede hablar con un acento y puede ser un personaje imperfecto.
Ramirez es uno de esos actores que se atreven a soñar en grande, que buscan construir y contar historias honestas, profundas y humanas, incluso cuando estas suceden en el enorme y explosivo mundo del MCU.
Ramirez llegó al universo cinematográfico de Marvel como Joaquin Torres en la serie The Falcon and the Winter Soldier, y nuevamente acompaña a Sam Wilson en Captain America: Brave New World, donde está aprendiendo a lidiar con una nueva responsabilidad, dentro de un nuevo mundo que está profundamente necesitado de héroes, y que tiene mucho en común con el mundo real.
Es en ese mundo donde Danny Ramirez y Joaquin Torres logran crecer, alimentados por las experiencias, los recuerdos y los sueños compartidos.
Sobre el proceso de crear y crecer con el personaje de Joaquin Torres

“Cuando Joaquin Torres y yo nos conocimos, él estaba casi la misma etapa en la que estaba yo como actor; en una posición en la que tenía una oportunidad importante, y Joaquin tenía responsabilidades y ganas de demostrar que sí estaba a la altura de las expectativas”, nos revela Ramirez. “En la serie, yo le iba a preguntar tips a Anthony Mackie, pero el primer día que estuve en el set, me di cuenta de que él también estaba en una transición de descubrir quién era y quién era su personaje Sam Wilson. Con la responsabilidad que iba a tener ahora, opté por aprender por observación. Joaquin estaba haciendo lo mismo que yo, trabajando con uno de sus héroes y observando. En esta película ya pasaron algunos años, la responsabilidad es mayor y sigue queriendo demostrar que sí puede, y es ahí donde se puede ver a Joaquin Torres, pero también a Danny, ahí está mi corazón y mi proceso, es arte imitando a la vida. Si intento luchar contra eso, el personaje sufre, así que puse mi ego a un lado y me dejé llevar por esa realidad para que todo fuera un poquito más honesto”.

“Cuando Joaquin Torres y yo nos conocimos, él estaba casi la misma etapa en la que estaba yo como actor; en una posición en la que tenía una oportunidad importante, y Joaquin tenía responsabilidades y ganas de demostrar que sí estaba a la altura de las expectativas”, nos revela Ramirez. “En la serie, yo le iba a preguntar tips a Anthony Mackie, pero el primer día que estuve en el set, me di cuenta de que él también estaba en una transición de descubrir quién era y quién era su personaje Sam Wilson. Con la responsabilidad que iba a tener ahora, opté por aprender por observación. Joaquin estaba haciendo lo mismo que yo, trabajando con uno de sus héroes y observando. En esta película ya pasaron algunos años, la responsabilidad es mayor y sigue queriendo demostrar que sí puede, y es ahí donde se puede ver a Joaquin Torres, pero también a Danny, ahí está mi corazón y mi proceso, es arte imitando a la vida. Si intento luchar contra eso, el personaje sufre, así que puse mi ego a un lado y me dejé llevar por esa realidad para que todo fuera un poquito más honesto”.
Y sí, Joaquin Torres es un personaje latino, uno de los pocos que han ido apareciendo en el MCU, pero uno de muchos que han ayudado a marcar el camino, a abrir puertas, a romper estereotipos y a demostrar que los sueños más grandes si se pueden lograr.
Pero hay que rebobinar un poco porque, para el actor nacido en Chicago, esos grandes sueños no siempre se involucraron en estrenos de películas y sets de filmación, todo empezó en el ajetreado, intenso y desafiante mundo del deporte.
Sobre dejar atrás el sueño de ser atleta para ser actor
“Mi primer sueño era ser atleta profesional y cada parte de mi vida estaba estructurada alrededor de intentar ser profesional”, cuenta. “Cambie de deporte a deporte y el fútbol era al que regresaba. Pero los sueños también aparecían cada vez que veía una película o una serie. Si veía una serie como House, pensaba: voy a ser doctor; después veía Boston Legal, y pensaba que iba a ser abogado; o Fast and Furious, y pensaba que iba a correr coches. Pasaba cada vez que veía algo nuevo, porque me fascinaba la magia de la historia, pero no sabía cómo articular lo que me estaba pasando, pensaba que quería hacer la profesión literal. Todo cambió cuando tuve una lesión en el tobillo. En ese momento, estaban filmando una película en la escuela en la que estudiaba, y recuerdo que llegaron a preguntar si alguien quería ser extra, y yo pensé, me gustaría ganar 120 dólares hoy, que es mi cumpleaños y estoy lesionado, en lugar de seguir en la banca sin hacer nada. En la filmación vi a Riz Ahmed y me rompió la manera de pensar. Yo creía que esto era para americanos blancos, toda mi vida vi películas y series en las que no encontraba a nadie que me representara, siempre era un arquetipo que me hacía pensar que ese no era yo, por ende, que este trabajo no era para mí, pero vi a Riz y me di cuenta de que sí podía hacer algo así”.
Son mundos muy diferentes, pero la transición de uno a otro tiene sentido, en especial si consideramos que ambas son profesiones que requieren de un gran esfuerzo para llegar a la cima, donde la fama entra en juego y donde se avanza por un camino lleno de altos y bajos, de éxitos y fracasos, y el rechazo es el pan de cada día, al menos al principio.
De pronto, la cancha, los tacos y los balones fueron cambiados por sets de filmación, cámaras y vestuarios. Poco a poco, Ramirez descubrió que este era el “sueño que nunca supe, siempre había tenido”, y que las habilidades que había adquirido a su paso por el mundo del deporte, eran las mismas que lo impulsarían a convertirse en el tipo de actor que quería ser.
“Me di cuenta de que cada rechazo que tenía no se estaba registrando, sino que se estaba enfocado en lo que venía, en las nuevas oportunidades, en probar cosas. Lo estaba viendo como un craft, y parte de eso significa que cada día es una oportunidad de aprender y crecer, que un solo día no es el que va a definir todo, y esa mentalidad era un skill que tenía por ser atleta”, recuerda.
Su primera película fue Assassination Nation, una versión moderna y sangrienta de la historia de los juicios de Salem y las cacerías de brujas. Poco a poco se fueron presentando nuevas oportunidades, junto con ellas, también llegó la conversación sobre la representación y el papel de los latinos en la industria.
Sobre las dudas de identificarse como latino en la industria

Ramirez cuenta que, en un principio, no quería presentarse como un actor latino, ya que los actores blancos no tienen que hacer eso cada vez que entran a una habitación (y eso les permite ser camaleones que pueden hacer todo tipo de personajes), y tampoco le interesaban los estereotipos, hasta que se dio cuenta de que podría ser latino y un camaleón al mismo tiempo, y que presentarse como latino podría ayudarlo a explorar la gama completa de lo que eso significa.
“La base de la conversación ya está hecha, los Oscar Isaac y los John Leguizamo, y todos los que han venido antes, empezaron con esas introducciones de decir: soy latino y soy un gran actor, pero creo que el siguiente nivel, la siguiente ola de tantos latinos que estamos llegando ahora y que van a llegar después, es poder entrar al cuarto, mostrar lo que puedes hacer, y simplemente por ser, lograr representar”, dice el actor.
Esto es parte de lo que le abrió las puertas del MCU, donde Ramirez interpreta a un personaje que es claramente latino, pero que, según el actor, no es estereotípico. Joaquin Torres no es perfecto, y Danny no lo habría querido de otra manera. Esa imperfección o humanidad es lo que nos permite conectar con él en otro nivel.
“Tenemos que enseñar lo bueno y lo malo, porque lo perfecto no existe. De lo contrario, la idea de la representación cae en oídos sordos, porque hay una desconexión. Si estás viendo a alguien y solo te muestran esa perfección, entonces ese personaje se vuelve inalcanzable, ya no te identificas, te observas a ti mismo y piensa, yo no soy perfecto, entonces no puedo hacer eso. La conexión está en mostrar que esas fallas pueden coexistir con la excelencia. Cuando mostramos la complejidad de esa excelencia, las personas tienen más posibilidades de sentir que pueden ser eso también”.
Sobre su debut como director con la película Bastion

Captain America: Brave New World es un proyecto enorme, uno de esos que abren todavía más puertas, que construyen buenas relaciones o crean contactos, pero para Ramirez es solo una parte de su proceso de crecimiento como actor, un proceso que ahora también lo lleva a explorar su faceta como director, donde tiene la oportunidad de contar sus propias historias, a su manera.
“En el proceso de Captain America: Brave New World vi un nivel de arte que me hizo reconocer que no había entendido el enorme esfuerzo que se realiza para construir un mundo sobre una pantalla verde. Fue como una explosión, hay tantos niveles de artistas en una película de Marvel, y no hablo de actores o directores, sino de artistas visuales y de efectos especiales que ayudan a construir esos mundos inmensos, y cuando descubrí esto, me di permiso de pensar más grande sobre esas historias propias que quiero contar”, dice al actor, agregando que su objetivo es “intentar hacer algo diferente. Si fracaso, fracaso, pero creo que somos muchos los que queremos vernos soñar, fracasar y lograr”.
En esta nueva etapa, lo que surge es una mezcla de nervios y de emoción, guiados por la idea de seguir representando a su gente, a su cultura, y la lucha de ese niño que soñaba con ser atleta, hasta que descubrió que lo que realmente quería era ser actor.
“Me fascina, me da nervios y me da mucha emoción. Lo que me fascina es poder enseñar quién soy en mi forma de ver el mundo, cómo veo los momentos intensos o íntimos, o mi filosofía de nunca dejar de luchar por los sueños. Me emociona poder materializar esas emociones y mi forma de entender la realidad. Bastion es una película con los pies sobre la tierra, es una combinación de las personas con las que he trabajado. Es una meditación sobre los sueños y el duelo, es una historia personal porque lidia con cosas con las que yo he tenido que lidiar, pero a la vez es increíblemente universal”. (GQ).