La exploración espacial nos fascina desde hace siglos. Mucho antes de saber que el universo se expande o que la Tierra no es el centro del cosmos, autores —de Luciano de Samosata a Ted Chiang— han imaginado a la humanidad más allá de nuestro planeta. En 1961, Vostok 1 realizó el primer vuelo tripulado y convirtió en posible lo que antes era ficción. Desde entonces, cada misión nos ha enseñado algo y, con sacrificios en vidas, recursos y tiempo, alcanzamos metas como la Estación Espacial Internacional (EEI), estación que es a la vez hogar de astronautas y laboratorio en órbita.
En la EEI, sus tripulantes se encuentran en condiciones de microgravedad, la que ocurre cuando un objeto se encuentra en caída libre (recordemos que un objeto en órbita se encuentra continuamente “cayendo” hacia la Tierra, pero, como se mueve rápidamente en dirección transversal a la superficie de la Tierra, dicho objeto está “cayendo” alrededor del planeta). Algunos de los experimentos más interesantes de la EEI consisten en estudiar sistemas biológicos en microgravedad.
El doctor Abba Zubair, profesor de Medicina de Laboratorio y consultor en Medicina de Transfusión y Terapia Celular en Mayo Clinic Florida, investiga el cultivo de células madre en microgravedad. En el marco del WIRED Summit 2025: The Big Interview presentado por Nissan en colaboración con Airbnb, WIRED en Español conversó con el investigador nigeriano sobre los retos de recrear la microgravedad en la Tierra, los riesgos para la salud a bordo de la EEI y las posibles aplicaciones, tanto médicas como para la exploración espacial, de su trabajo con células madre.
“Para colonizar de verdad cualquier planeta o la Luna, necesitamos comprender cómo responde nuestro cuerpo a la ausencia de gravedad”.
Abba Zubair: El espacio es un entorno único. La gravedad afecta todo lo que hacemos, así que piensa en la gravedad como una manta o una cortina. Si quieres “mirar detrás” de la gravedad en la Tierra, hacerlo resulta muy complicado. Por lo tanto, ir al espacio te permite ver lo que sería muy difícil hacer en la Tierra debido a la gravedad.
W: ¿Qué hemos aprendido hasta ahora sobre el cultivo de células madre en microgravedad?
Zubair: Verás, no todas las células madre son iguales. Por supuesto, la célula madre más primitiva es la célula madre embrionaria. Una vez que empiezan a madurar y se convierten en células madre somáticas o adultas, se comportan de manera muy distinta. Lo que encontramos es que las células madre adherentes —las que necesitan un soporte al que aferrarse en nuestro cuerpo o en el laboratorio, en cultivo— no proliferan más rápido en el espacio. Sin embargo, la ausencia de gravedad sí afecta su funcionalidad. (Por ejemplo), las células madre mesenquimales —conocidas por generar hueso, grasa y cartílago—, no crecen más rápido en el espacio, pero su función cambia. Por ejemplo, se vuelven mucho más inmunosupresoras.
W: ¿Es posible replicar en la Tierra las condiciones de la EEI? ¿Qué podemos simular y qué no?
Zubair: Tenemos en el laboratorio algunos equipos que pueden simular la microgravedad. Sin embargo, todos ellos requieren un fluido para crear flotabilidad; así es como solemos simular la microgravedad. Pero eso no es exactamente lo mismo que la gravedad real en la Estación Espacial Internacional, porque allí no necesitas agua ni ningún fluido. Así que, sí: en pocas palabras, podemos simular en la Tierra las condiciones de la Estación Espacial Internacional, aunque no de forma exacta, y aun así obtener información valiosa.
El espacio es un ambiente hostil para nuestra especie, pero investigar qué ocurre con sistemas biológicos en la EEI nos permite generar formas de combatir algunos de los efectos negativos encontrados en el espacio.
¿Qué riesgos para la salud surgen en la EEI?
Zubair: Hay muchos riesgos, obviamente. Puedes ordenarlos por nivel de urgencia. La manera en que está diseñado nuestro cuerpo es distribuir los fluidos corporales para contrarrestar el efecto de la gravedad. Además, los fluidos del cerebro —el líquido cefalorraquídeo— aumentan la presión (en microgravedad), y eso afecta la visión. Obviamente, no quieres tener a un astronauta ciego, eso no es bueno. Así que, en términos de urgencia, el primer lugar lo ocupa lo que llamamos el síndrome neuro-ocular asociado al vuelo espacial, que puede afectar la visión e incluso causar ceguera.
Luego, lo siguiente —y es lo que estamos estudiando porque aún no lo entendemos del todo— es la pérdida ósea. Los astronautas, a pesar de realizar ejercicio riguroso, pierden masa ósea cada mes en los huesos que soportan peso, como la columna, el fémur y la tibia: aproximadamente entre 1 y 2% mensual.
Una pregunta importante sobre la investigación del doctor Zubair es la posibilidad de usar los resultados que obtenemos en la EEI para la exploración espacial del futuro, especialmente en el prospecto de enviar tripulación a Marte.
W: ¿La investigación en microgravedad será útil para la salud humana en Marte?
Zubair: Sí, absolutamente. Lo bueno de Marte es que su gravedad es un tercio de la de la Tierra. Así que, en realidad, en Marte hay un poco más de gravedad que en la Estación Espacial Internacional. Pero, por supuesto, el viaje que tendrías que hacer para llegar a Marte implicaría atravesar períodos de microgravedad. Y para colonizar de verdad cualquier planeta o la Luna, necesitamos comprender cómo responde nuestro cuerpo a la ausencia de gravedad, además de lo que mencionaste: la radiación y demás.
El doctor Zubair también habló de las potenciales aplicaciones terapéuticas de su investigación en la Tierra y sobre la factibilidad de usarlas.
Dadas las incertidumbres y tu trabajo pionero, ¿qué aplicaciones prácticas podrían tener en la Tierra los descubrimientos de la EEI?
Zubair: Bien, hay dos cosas en las que estoy directamente involucrado. Una es esta: creemos que, si nuestro experimento actual muestra que el compuesto que estamos probando puede ralentizar la pérdida ósea en el espacio, entonces podemos venir a la Tierra y preguntarnos: ¿en qué condiciones se asocia la pérdida ósea? ¿Podría usarse el mismo compuesto para tratarla?
Sabemos que las mujeres posmenopáusicas pierden masa ósea por cambios hormonales. La osteoporosis es un problema importante para las mujeres, especialmente las de mayor edad.
El segundo es que estamos estudiando células madre. Si logramos traer a la Tierra células cultivadas en el espacio que sean más potentes —es decir, que hagan lo que hacen en nuestro cuerpo de manera más eficaz—, sería una gran ventaja; o, si podemos cultivarlas mucho más rápido, entonces podemos traerlas y usarlas en medicina regenerativa.
W: Si las células madre cultivadas en el espacio resultan más potentes, ¿no sería prohibitivo en costos—cultivarlas en el espacio, traerlas de vuelta y luego tratar a los pacientes?
Zubair: El Proyecto Genoma Humano costó quizá 100 millones de dólares, pero hoy puedes secuenciar un genoma por unos mil dólares. Mi punto es que, sí, ahora parece caro porque hay pocas “rutas” de acceso. Cuando empecé en 2017, solo SpaceX podía subir y bajar muestras, pero ahora hay más opciones. Y cuanto más lo hacemos, más barato se vuelve. Es casi universal: cuando empiezas algo, es muy caro. Pero a medida que lo haces más y estableces el sistema, se abarata. Así que estoy bastante seguro de que no será tan costoso como ahora. (W).