El eco invisible del cautiverio: los efectos del estrés postraumático en los rehenes israelíes liberados

Cuando el cuerpo sale del encierro, pero la mente sigue atrapada.
Tel Aviv, octubre de 2025

La liberación de los rehenes israelíes tras meses de secuestro en Gaza ha devuelto rostros al público, pero también ha revelado un drama silencioso: el regreso al mundo no equivale a la recuperación. Equipos médicos y psicólogos del ejército israelí confirman que la mayoría de los liberados muestran signos de trastorno de estrés postraumático (TEPT), un cuadro psicológico que combina ansiedad crónica, desorientación, miedo persistente y culpa de supervivencia. Para muchos, el cautiverio fue solo la primera parte de un proceso que ahora continúa en su interior.

El TEPT es la respuesta de la mente a una amenaza que no cesa, incluso cuando el peligro ha terminado. En los rehenes liberados, los recuerdos del encierro se activan de forma involuntaria: el sonido de una puerta, la oscuridad de una habitación o el simple silencio pueden desencadenar flashbacks intensos. Los especialistas explican que el cerebro, tras semanas de hipervigilancia, no logra “apagar” su sistema de alerta. La consecuencia es una vida diaria marcada por la confusión, el insomnio y una sensación constante de vulnerabilidad.

En hospitales de Tel Aviv y Beer Sheva, las unidades de salud mental han implementado protocolos de intervención inspirados en la experiencia de víctimas de guerra y secuestro prolongado. El tratamiento combina terapia cognitivo-conductual, apoyo farmacológico y sesiones de estabilización emocional diseñadas para ayudar a los pacientes a reconstruir la noción de seguridad. Sin embargo, los médicos advierten que el proceso es largo y desigual. Algunos rehenes se adaptan rápidamente al entorno familiar, mientras otros muestran resistencia al contacto humano o culpa por haber sobrevivido cuando otros no lo lograron.

Las autoridades israelíes han destacado la dimensión comunitaria del trauma. Organizaciones civiles y religiosas colaboran en programas de acompañamiento para familiares y amigos, con el fin de evitar el aislamiento social de las víctimas. En muchos casos, el entorno inmediato desconoce cómo interactuar con quienes pasaron por situaciones extremas, y un gesto bienintencionado puede reactivar recuerdos dolorosos. Los terapeutas recomiendan evitar presiones y ofrecer apoyo sin preguntas, dejando que cada individuo marque su propio ritmo de recuperación.

El fenómeno no es nuevo. Estudios de la Organización Mundial de la Salud y del Comité Internacional de la Cruz Roja documentan que los rehenes liberados de conflictos prolongados suelen desarrollar síntomas que se asemejan a los de veteranos de guerra: pesadillas, pérdida de identidad, alteraciones de la memoria y dificultad para confiar en otros. Lo particular del caso israelí es la exposición mediática. Las imágenes de rescates y testimonios, reproducidas sin pausa en redes sociales y noticieros, mantienen el trauma presente incluso en el espacio público, lo que obstaculiza el proceso de cicatrización emocional.

La psicóloga clínica Yael Ben-Hanan, especialista en trauma colectivo, señala que la sociedad israelí enfrenta un desafío ético: no reducir a los sobrevivientes a símbolos políticos ni convertir su sufrimiento en relato nacional. “El peligro es que el trauma deje de ser individual y se transforme en una narrativa identitaria que perpetúe el miedo. La verdadera reparación requiere silencio, contención y tiempo”, afirma.

En ese sentido, los terapeutas han comenzado a aplicar métodos basados en la resiliencia comunitaria, inspirados en experiencias de Bosnia, Ruanda y Colombia. Estos programas priorizan la conexión entre pares, la creación de rutinas estables y la reconstrucción de la autonomía personal. Se busca que el exrehén no sea definido por su pasado, sino por su capacidad de reintegrarse a la vida.

Mientras tanto, el gobierno israelí evalúa ampliar los fondos de asistencia psicológica y crear un observatorio nacional de trauma. La medida busca sistematizar datos sobre los efectos psicológicos de la violencia prolongada y garantizar apoyo sostenido más allá de la atención inmediata. La salud mental, dicen los especialistas, no puede abordarse como un gesto de emergencia, sino como parte esencial de la seguridad nacional.

El cautiverio deja huellas visibles en el cuerpo, pero las cicatrices más profundas se alojan en la mente. Para quienes sobrevivieron al encierro, cada amanecer es una victoria y un recordatorio. Liberarse físicamente no significa olvidar, y sanar no implica borrar. En los ojos de los rehenes liberados aún se refleja la sombra del encierro, una que solo el tiempo —y la empatía colectiva— podrá disipar.

Phoenix24: la narrativa también es poder. / Phoenix24: narrative is power too.

Related posts

Nuria Roure, psicóloga experta en sueño: “Si te despiertas casi todas las noches sobre las 3 o las 4 de la madrugada y te cuesta conciliar el sueño deberías consultarlo”

La dieta nórdica, asociada a mejor sueño y una vida más larga: qué es y en qué se diferencia de la dieta mediterránea

¿Los huevos realmente elevan el colesterol? Lo que dice la ciencia