El Colegio de Periodistas de Caracas exige la liberación de un reportero que cumple 200 días detenido

Donde reina el silencio, el periodismo es un acto de resistencia.

Caracas, septiembre de 2025.

Este domingo, la seccional de Caracas del Colegio Nacional de Periodistas (CNP) volvió a alzar la voz en reclamo de justicia. Han transcurrido ya 200 días de silencio desde la detención del reportero Rory Branker, arrestado el 20 de febrero por agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), sin que hasta ahora se conozca su paradero o los cargos en su contra. En un mensaje contundente difundido en redes, el gremio exigió su liberación inmediata y clamó por el fin de las desapariciones forzadas en el país.

Desde el aprehensión, sus familiares viven en incertidumbre. El medio digital La Patilla señaló que los agentes regresaron al domicilio del periodista y se llevaron sus dos computadoras portátiles. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) también denunció detenciones arbitrarias de periodistas; sin embargo, en este caso, el silencio del Estado ha sido ensordecedor.

Ante este vacío de información, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) otorgó medidas cautelares en favor de Branker. La organización advirtió que su situación representa un riesgo grave e inminente para su vida e integridad física. Además solicitó que se informe su lugar de reclusión, las razones de detención y se garantice su derecho a comunicarse con su familia y abogados. Estas peticiones no han sido atendidas públicamente por el régimen venezolano, según las denunciaron ONG locales.

El caso de Branker se enmarca en una espiral hostil para el ejercicio del periodismo. Desde enero hasta agosto, el CNP de Venezuela reportó 88 agresiones contra comunicadores, entre ellas hostigamiento, impedimentos de cobertura, amenazas, intimidaciones, decomiso de equipos, cierres de medios y deportaciones de corresponsales extranjeros. La organización sostiene que el país se ha transformado en un lugar inhóspito para quienes informan.

El secretario general del CNP en Caracas, Edgar Cárdenas, advirtió que esta realidad no es accidental. Denunció que detenciones prolongadas sin juicio ni condena son respuestas sistemáticas a voces críticas. En abril, el gremio declaró que se observa un deterioro alarmante en las condiciones de ejercicio periodístico, con cierre de medios, autocensura inducida y represión abierta contra quienes buscan contar lo que otros callan.

En el plano internacional, el caso ha tenido eco entre organizaciones defensoras de la libertad de prensa. La Federación Internacional de Periodistas y otros organismos han hecho llamados urgentes al gobierno venezolano para garantizar el respeto al debido proceso y detener el uso de la detención arbitraria como herramienta de coerción política.

La persistencia de este tratamiento de invisibilización pone en evidencia mucho más que una violación al derecho individual de Branker. Es un atentado contra la pluralidad informativa y contra los fundamentos de una sociedad democrática. En este contexto, la exigencia de libertad no solo reclama veracidad, sino también dignidad. Recordemos que sin prensa libre no existe contrapeso alguno al poder arbitrario.

La historia aún está en curso. Hasta dónde llegará esta estrategia de intimidación y desaparición selectiva será también indicador del destino del periodismo venezolano. Desde el exilio y desde dentro, el gremio permanece alerta, reclamando un derecho que va más allá de una persona: el derecho de una sociedad a saber.

Truth is structure, not noise.
La verdad es estructura, no ruido.

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