Un fenómeno natural que exige alerta, prudencia y preparación en cadenas costeras.
Ciudad de México, septiembre 2025
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) lanzó una advertencia clara esta semana: existe alta probabilidad de formación de un ciclón tropical en el Pacífico mexicano, posiblemente nombrado Lorena. El sistema opera como una zona de baja presión ubicada a unos 220 kilómetros al sur-suroeste de Lázaro Cárdenas, Michoacán. En las próximas 48 horas, el escenario presenta un 60 por ciento de posibilidades de consolidarse como ciclón, porcentaje que se eleva a un preocupante 80 por ciento en un horizonte de siete días.
La cercanía relativa de Lorena proyectada sobre zonas como Guerrero genera inquietud. El fin de semana anterior fue la tormenta Kiko quien concentró la atención al formarse lejos de las costas mexicanas. Ahora, un ciclón que nazca más próximo podría implicar consecuencias más directas para el territorio nacional. En comparación, Kiko no representó una amenaza inmediata, lo que subraya el diferencial geográfico que ahora preocupa.
Históricamente, tormentas tropicales con nombres que se repiten han dejado huella en México. En septiembre de 2019, un Huracán Lorena impactó estados como Guerrero, Michoacán y Jalisco, provocando inundaciones, deslaves y cortes de comunicación. Buena parte de la península de Baja California sufrió daños considerables en cultivos y vialidades. Esa sola experiencia remite a la capacidad destructiva de estos fenómenos, aunque no todos repiten el mismo patrón, su potencial obliga a la vigilancia.
El ojo del pronóstico debe enfocarse en escenarios complementarios. Aun cuando el sistema no toque tierra directamente, su trayectoria hacia el noroeste podría generar lluvias torrenciales y marejadas graves en costas centrales y occidentales. El ajuste en la dirección es común a muchas tormentas del Pacífico Este: solo alrededor de un tercio curva hacia el norte, amenazando a México o incluso a estados del suroeste de Estados Unidos.
La temporada de ciclones de 2025 ha sido especialmente intensa. Se han superado récords con un número inusitado de tormentas, muchas de ellas desarrolladas con una velocidad inédita en formación y nombramiento. En ese contexto, Lorena surge en un ciclo que pone en tensión no solo a la costa mexicana, sino también a toda la infraestructura de respuesta ante emergencias climáticas.
En paralelo, el clima continental exhibe signos de alerta. El sistema de monzón mantiene su influencia en el centro y sur del país, con canales de baja presión que provocan lluvias intensas y tormentas eléctricas en estados como Guerrero, Puebla y Veracruz. Estas áreas podrían recibir aportes adicionales si Lorena se despliega cerca o sobre el Pacífico central. Ese trasfondo meteorológico preexistente multiplica la vulnerabilidad ante un ciclón en formación.
El llamado de alerta del SMN y de la Comisión Nacional del Agua es claro: seguir día a día la evolución del sistema, evitar zonas vulnerables y considerar medidas preventivas desde ahora. Comunidades costeras, especialmente aquellas con acceso limitado o infraestructura precaria, deben revisar rutas de evacuación, asegurar techos livianos y verificar reservas básicas. No es momento para minimizar los avisos: las estadísticas y precedentes meteorológicos gravitan en favor de la cautela activa.
Este episodio es más que una nota en el boletín. Es un momento para que autoridades estatales, federales y población civil sincronicen protocolos de emergencia. No se trata solo de un ciclón en formación: es una prueba tangible de resiliencia climática nacional, con márgenes estrechos entre la precaución o el riesgo innecesario.
La narrativa también es poder.
Narrative is power too.