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El cambio de marcha de Javier Bardem

by Phoenix 24

Con motivo del estreno de la película F1Javier Bardem nos cuenta sobre su participación en la cinta con Brad Pitt y acerca del alcance de su fama para poder hablar de los temas sociales y políticos que de verdad le importan.

Silverstone, 2023. Durante un fin de semana de julio en el que Max Verstappen conseguirá una nueva victoria en su camino hacia un tercer Campeonato de Pilotos de la Fórmula 1, algo fuera de lo común acapara la atención en el Gran Premio de Gran Bretaña. Minutos antes del inicio de la carrera, dos automóviles de color negro y dorado de un equipo ficticio llamado APXGP se colocan en la fila de la parrilla de salida.

El boom, boom, clap de We Will Rock You suena por las bocinas para animar a los 160,000 espectadores presentes, y Brad Pitt y Damson Idris, vestidos con el uniforme de piloto, recorren el largo camino hasta el paddock para reunirse con un Javier Bardem, caracterizado como un directivo de alto nivel. Con una sola oportunidad para hacerlo bien, la escena se filma en una sola toma ininterrumpida antes de que los vehículos sean llevados rápidamente a los pits para que comience la carrera real. El set de filmación se desvanece tan rápido como apareció.

Y todo eso en el primer día de rodaje del actor Javier Bardem para la película F1. “Pensé: ‘Dios, esto es muy serio”, comenta, rememorando la frenética inmediatez de aquello.

Javier Bardem entre arbustos cargando una chamarra borgoña usando camiseta beige y jeans

El papel e interpretación de Javier Bardem en F1

Dirigida por Joseph Kosinski, responsable de Top Gun: Maverick, la película F1 cuenta con Javier Bardem en el papel de un piloto convertido en propietario de un equipo de Fórmula 1 en apuros. Tras dos temporadas sin sumar un solo punto, su personaje, Rubén, se verá obligado a vender si no consigue mejorar antes de que termine el año. Desesperado, recurre a su antiguo compañero de equipo Sonny (Brad Pitt), un piloto experimentado —léase: pasado de moda— para contrarrestar la ingenuidad del novato Joshua (Damson Idris). Sonny acostumbra pasar de una disciplina a otra, de Daytona a La Baja 1000, pero esta oferta es demasiado tentadora como para dejarla pasar. La Fórmula 1, le comenta Rubén, es “el único lugar donde puedes decir que, si ganas, eres el mejor del mundo”.

La superproducción sobre el deporte de motor más importante del planeta es posiblemente uno de los rodajes mejor documentados de los últimos tiempos. La filmación tuvo lugar durante las temporadas 2023 y 2024 de la Fórmula 1, y cuando el equipo ficticio APXGP estaba presente, no pasaba para nada desapercibido.. Quizá viste a Bardem abrazando a Pitt en el podio de Abu Dabi. O el humo que salía del coche destrozado de Sonny tras un terrible accidente en Las Vegas. Estar en las pistas, comenta, fue “cuando me di cuenta de que esto superaba con creces todas mis expectativas”. Desde Los Ángeles, Bardem hace una videollamada conmigo en su teléfono, que sostiene en un ángulo encantador que solo puede describirse como “paternal”. “Estábamos muy emocionados y, al mismo tiempo, teníamos miedo de estropearlo todo. Era una situación límite”. Cuando Bardem vio lo rápido que conducían Pitt e Idris un día, se acercó a Kosinski y le preguntó: “¿Y los seguros, qué opinan de esto”.

Javier Bardem recargado sobre pared blanca con camisa verde y pantalón caf

Muchas de las escenas de Bardem se rodaron en los circuitos y sedes de la Fórmula 1, durante los fines de semana de carrera, y dada la organización casi militar de la F1, a menudo había que luchar contra el reloj para conseguir la toma. Pero, como confirma Kosinski, esas limitaciones solo sirvieron para motivar al actor. “Siempre estuvo a la altura del reto y utilizó la energía del público y la intensa presión para ofrecer una interpretación excelente cuando más se necesitaba”, escribe el director de F1 por email. “Sin embargo, nada podía prepararnos para una de las últimas tomas en Abu Dabi, donde solo teníamos una oportunidad para hacerlo bien. No quiero revelar nada, pero creo que lo sabrás cuando lo veas. Es mi toma favorita de Javier [Bardem] en la película y demuestra por qué es uno de los mejores actores de la actualidad”.

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La interpretación que hace Bardem de Rubén consigue un equilibrio de seriedad y euforia que hace creíble su plan de conquistar la Fórmula 1 con un piloto en decadencia, por muy descabellado que parezca. Es a la vez un hombre de negocios calculador y un temerario que no se anda con rodeos. Quizás el punto de comparación más cercano en la Fórmula 1 actual sea Zak Brown, expiloto y actual director ejecutivo de McLaren Racing, quien supervisó el accidentado ascenso de la escudería desde la mitad de la tabla hasta encabezar la clasificación tanto en el campeonato de constructores como en el de pilotos esta temporada. Pero habría sido difícil establecer una conexión semejante antes de que Bardem se uniera al proyecto.

En realidad, cuando firmó el contrato, no era aficionado a la Fórmula 1. “No es que no me guste, es que apenas sé conducir”, menciona riendo. “Es un mundo que me resulta bastante ajeno, y he aprendido a respetarlo mucho”. Para familiarizarse con este deporte de motor, siguió el rito de iniciación lógico para cualquier aficionado novato: devoró Drive to Survive, la serie documental de Netflix que catapultó a la F1 a una nueva dimensión de fama cuando se estrenó en 2019. Cuando Bardem conoció a todos los directores de equipo entre ellos Toto Wolff, de Mercedes, y Christian Horner, de Red Bull— quedó impresionado. “Tuve la oportunidad de hablar con todas estas grandes estrellas de cine, porque son como estrellas de cine”, afirma.

Javier Bardem mirando a la cmara vestido con chamarra caf claro y camiseta negra con rboles detrs

“Tuve el privilegio de sentarme con ellos y escuchar sus historias”, continúa Bardem—. “Todo lo que invierten, lo que significa perder, lo que significa ganar. Para mí, lo importante era captar su humanidad, no solo el genio del hombre de negocios. Quería comprender lo que implica emocionalmente para un líder, qué pasa cuando una derrota te puede costar millones y tu lugar en el deporte se puede tornar precario en una fracción de segundo. Estas personas que tienen tanto poder y tanto dinero, y que ejercen tanto control sobre las cosas, ¿pierden el control? La respuesta es sí, y a lo grande. Esa es la parte divertida. Ver a todas esas personas tan bien vestidas perdiendo los estribos, frotándose las manos, tirando cosas al suelo, gritando, llorando, riendo”.

Los pilotos de la Fórmula 1 están acostumbrados a que las cámaras les apunten a la cara, pero nunca de esta manera. Al filmar en las carreras de automovilismo reales, los pilotos de la parrilla se convirtieron en coprotagonistas, interpretándose a sí mismos en una extraña línea temporal alternativa en la que compiten contra un Brad Pitt de 61 años. Es una propuesta curiosa y, como recuerda Bardem, los pilotos tardaron en aceptar la película F1 de Joseph Kosinski, aunque sin duda ayudó el hecho de que una figura importante del deporte —Lewis Hamilton, quien también ejerce de productor ejecutivo— formara parte de su equipo. “Creo que el hecho de que Hamilton estuviera tan involucrado hizo que los pilotos se sintieran más cómodos”, señala Bardem. “En los últimos dos o tres meses [de rodaje], sobre todo en Abu Dhabi, estaban todos ya muy involucrados”. Hay pruebas grabadas que lo confirman: deos borrosos de iPhone de Charles Leclerc y George Russell en el último podio del año rociando con champagne a Pitt y Bardem (hablando de actuar, resulta que Russell terminó en quinto lugar en el Gran Premio real). “Todos dijeron: ‘Sí, queremos participar’”, comenta sobre los pilotos. “Salen todos haciendo cameos, rodando escenas y diciendo pequeñas frases del guion. Hay grandes momentos que los fans van a disfrutar”.

“Los directores de los equipos, esas personas que tienen tanto poder y tanto dinero, y que ejercen tanto control sobre las cosas, ¿pierden el control? La respuesta es sí, y a lo grande. Tan bien vestidas perdiendo los estribos, frotándose las manos, tirando cosas al suelo, gritando, llorando, riendo”.

La película ha tardado mucho en llegar. Después de todo, el equipo participó en no uno, sino dos Grandes Premios de Gran Bretaña. El día antes de nuestra conversación, Bardem vio la película F1 por primera vez con unos amigos y sus dos hijos. Se sintió triunfante. “Me levanté como tres o cuatro veces, con los puños en alto diciendo: ‘¡Sí!’”, recuerda. “Es un milagro cuando todo sale bien. Un milagro del buen cine”.

Javier Bardem se ha labrado un lugar tan singular en la historia del cine que sería comprensible que pienses que es una persona más fría en persona. Desde que dio el salto del cine independiente español a Hollywood hace dos décadas, ha encarnado a tantos personajes infames que su simple presencia en una película te hace sospechar que está a punto de ocurrir algo desastroso. Y con razón. En Skyfall, su villano Bond, con el pelo rubio teñido con peróxido, es tan desconcertantemente impenetrable que no sabes si lo que quiere es matar o acostarse con el 007. Y su interpretación ganadora de un Oscar en No Country for Old Men , de los hermanos Coen, era tan psicopática que recibió el elogio de un grupo de psiquiatras por su rigor.

Javier Bardem en blanco y negro sentado sobre barda vestido de negro con lentes en mano con fondo de una casa

Últimamente, parece que Javier Bardem se divierte precisamente rompiendo esa reputación de interpretar a villanos fríos y duros. Cualquiera que haya visto un anuncio en YouTube en los últimos meses puede haberlo visto en una surrealista campaña de Uber Eats. En una sala de reuniones oscura y lúgubre que parece sacada directamente de Giedi Prime, en Dune, el líder planetario encapuchado interpretado por Bardem expresa lo cansado que está de dominar el mundo. “Todos esperan que sea malo siempre”, suspira con su familiar voz ronca y grave. “¡Tanto fruncir el ceño me está envejeciendo!”.

En su carrera cinematográfica, Bardem ha logrado recientemente un equilibrio más saludable. Ha pasado de interpretar a un padre horrible y abusivo –el año pasado en Monsters: The Lyle and Erik Menendez Story– a un padre sirena sobreprotector –en la película de live-action de 2023 The Little Mermaid). Su papel en la franquicia Dune, de Denis Villeneuve, resume a la perfección esa dualidad. Cuando nos presentan por primera vez a Stilgar, el líder fremen, es una presencia intimidante, con el ceño fruncido y un silencio taciturno. En Dune: Parte dos, Bardem se acerca lo más posible al alivio cómico, exagerando la tontería de la conversión de Stilgar al acólito más devoto de Paul Atreides. Y por si alguien se lo pregunta, sí, ha visto los memes. El que aparece con la mirada atónita y la boca abierta. Ese en el que sale de su ensimismamiento y grita “¡Lisan al Gaib!” después de que Timothée Chalamet apuñala a Austin Butler. Bardem se ríe cuando le preguntan si está consciente de su lugar en el Olimpo de los memes. Es imposible ignorarlos. “Ellos”, refiriéndose a todo el mundo, “me los enviaron todos”.

“Creo que el hecho de que Hamilton estuviera tan involucrado en F1 hizo que los pilotos se sintieran más cómodos”.

Un actor con causa fuera de la pantalla

Por muy divertido que sea todo esto, Bardem considera que la comicidad enmascara un mensaje más profundo sobre el fanatismo inquietante que azota a Stilgar y al resto de los fremen. La fe ciega del grupo en un falso mesías les lleva a luchar por una causa que provoca un daño irreparable al planeta Arrakis. El fervor ciego que infecta a Stilgar y a los fremen, comparte Bardem, resulta preocupantemente familiar en 2025. “¿En quién confías?”, explica. “¿A quién le das tu voto?”. A la gente, resalta se le hace creer que su candidato “puede ayudarla incondicionalmente, cuando no es verdad”. No menciona el nombre de Donald Trump, pero la alusión queda en el aire. Le pregunto si le preocupan las últimas políticas y propuestas del presidente: las deportaciones agresivas, las detenciones, las amenazas de aranceles a la industria cinematográfica y cómo podrían afectarle. “Quiero decir, sí y no”, me responde. “Hay gente que me critica porque digo en voz alta lo que pienso; en este caso, sobre la situación palestina”.

Cuando Bardem aceptó un premio a su trayectoria profesional en el Festival de Cine de San Sebastián el pasado mes de septiembre, admitió que no estaba de humor para celebrar nada porque “lo que está pasando en Gaza es inaceptable”. Hoy, unos ocho meses después, su preocupación es aún mayor.

Con profunda sinceridad, Javier Bardem habla de las dos organizaciones israelo-palestinas a las que apoya, Combatientes por la Paz (FFP) y Círculo de Padres-Foro de Familias (CPFF); de lo vital que resulta hablar en favor de los palestinos, y de cómo la escalada de violencia en la región “no puede ser el camino para crear un entorno de coexistencia”.

Javier Bardem en retrato blanco y negro con efecto borroso mirando hacia un costado con la mano en la boca

Muchas personas pertenecientes a organizaciones de derechos humanos declaran que se trata de un genocidio (una acusación de la que el gobierno israelí se está defendiendo ante la Corte Internacional de Justicia, un proceso que puede tardar años en resolverse). No obstante, Bardem es inequívoco en sus convicciones sobre las intenciones del gobierno israelí. “Es un genocidio. Es una limpieza étnica. El único propósito del gobierno de Netanyahu es eliminar la cultura palestina, el pueblo palestino, las raíces palestinas, la historia palestina, que pertenecen a esa tierra”. Bardem añade que cree que la campaña militar de Israel no se corresponde en absoluto a su objetivo declarado de autodefensa, “ni siquiera en lo que se refiere a recuperar a los rehenes de Palestina”.

“Estamos ante una situación de derechos humanos que va más allá de la religión y la política. Debe resolverse como es debido, que es a través de la justicia, mediante el procesamiento de los responsables. En este caso, Netanyahu y su gabinete, y por supuesto, los responsables de los asesinatos del 7 de octubre de Hamás”.

Que un actor del calibre de Bardem desviara una entrevista sobre una de las películas más taquilleras del verano hacia el sufrimiento de los palestinos es, cada vez más, un signo de nuestros tiempos. Han pasado 14 meses desde que el director de The Zone of InterestJonathan Glazer, subió al escenario de los premios Oscar con las manos temblorosas y utilizó su discurso de aceptación para “refutar [su] judaísmo y el Holocausto secuestrado por una ocupación”. Y han pasado 18 meses desde que, Melissa Barrera, actriz de Scream, fuera expulsada de la franquicia supuestamente por compartir historias pro-palestinas en Instagram, que la productora de la película consideraba antisemitas.

En mayo, antes de la inauguración del Festival de Cine de Cannes de este año, una carta abierta firmada por más de 350 actores, directores y productores —entre ellos Ralph FiennesMark Ruffalo y el propio Bardem— condenaba la “pasividad” de la industria ante el conflicto, especialmente después de que un ataque aéreo israelí asesinara a la fotoperiodista de 25 años Fatima Hassouna, protagonista de un documental que se iba a estrenar en ese mismo festival de cine.

Javier Bardem recargado sobre una pieda con lentes de sol y chamarra

Otros actores que han mostrado su apoyo a los palestinos –o han criticado las acciones de Israel–, han sufrido repercusiones. Recientemente, Variety informó de que Marc Platt, productor del remake en live-action de Blancanieves, voló a Nueva York para pedirle personalmente a Rachel Zegler que retirara una publicación en Instagram en la que se leía “y recuerden siempre, Palestina libre” (el post continúan en la cuenta de la actriz). A Bardem le preocupa que las consecuencias de estos casos puedan convertirse en una distracción. “Siempre se trata de desviar la atención hacia la persona que alzó la voz, para opacar aquello por lo que lo hizo”.

Javier Bardem, de 56 años, siempre ha sido muy franco, consciente de que puede aprovechar su fama para abordar las cuestiones políticas que le importan. Hace unos años, él y su hermano Carlos se aventuraron en la Antártida, pasaron tiempo con pingüinos, se sumergieron en un submarino hasta el fondo del mar y convirtieron la expedición en un documental sobre la importancia del ecologismo. Las publicaciones en sus redes sociales, acertadamente llamadas @bardemantarctic, suelen centrarse en el cambio climático y otras causas sociales.

“Penélope y yo nos sentimos cómodos el uno con el otro… Te ayuda a saber hasta dónde puedes llegar. También para desdoblarte cuando acaba el día, porque tenemos una cosa que hacer en casa mucho más importante que cualquier película: ser padre y madre”.

La conversación se alarga y zigzaguea: desde Gaza hasta las detenciones en la frontera estadounidense, pasando por los autócratas y el auge del fascismo. Insiste en que debemos apoyar la libertad y las políticas progresistas “que contribuyan a crear un estado de justicia y equidad para todos en el mundo”.

“Sé que es desviarse un poco del tema, pero es que tenemos que desviarnos del tema. Si no: ¡buenos días! Apaga las luces y vete a dormir”.

Más allá de la actuación de Javier Bardem

Viene un auto en camino. A veces, Javier Bardem desvía la mirada de la pantalla, imagino que para comprobar que su coche no está ya esperándole para llevarle al aeropuerto. Más tarde, volará a Atlanta, donde interpretará a Max Cady en una adaptación de Apple TV+ de Cape Fear, sobre un convicto recién liberado que busca venganza contra su abogado defensor.

Bardem ese adentra en la larga sombra de un predecesor poco envidiable. Han pasado más de 30 años desde que el director Martin Scorsese rodó el remake de la película original de 1962, en la que Robert De Niro interpretaba al brillante y perturbador Cady, que se movía como un espectro envuelto en humo de puro. “Es una obra maestra”, señala Bardem. “Y, en cierto modo, eso es lo que intentamos conseguir, no que sea una obra maestra, sino el objetivo de contar [la historia] a un nuevo público”.

Retrato de Javier Bardem con chamarra mirandohacia el piso con fondo de arbustos

Después, volverá a reunirse en la gran pantalla con su esposa Penélope Cruz en Bunker, un thriller matrimonial que el director Florian Zeller (The Father) escribió específicamente para la pareja, sobre un arquitecto que construye un refugio para un multimillonario tecnológico. Resulta que Bardem y Cruz nunca han planeado trabajar juntos. “Decíamos: intentemos evitar estas cosas”, asegura, pero no pueden mantenerse alejados el uno del otro.

“Es verdad lo que dicen: cuanto mayor soy, menos sé. Por eso, cuando ves algo muy claro, tienes que luchar por ello”.

La pareja se conoció en la primera película de la actriz Penélope Cruz, el drama romántico español Jamón, jamón, de 1992. Interpretan a dos de los cinco personajes de un complicado y ambiguo pentágono amoroso, y aunque no se enamoraron hasta el rodaje de Vicky Cristina Barcelona, quince años después, la química entre ellos era palpable incluso entonces. Después de hacer oficial su relación, sus colaboraciones se hicieron aún más frecuentes: The Counselor en 2013, Loving Pablo cuatro años más tarde (“Creo que es uno de sus mejores trabajos, tengo que decirlo”) y luego Todos lo saben, en 2018. Después, decidieron tomarse un descanso, pero ¿quién puede resistirse a una de las grandes parejas cinematográficas de todos los tiempos?.

“Nos sentimos cómodos el uno con el otro, claro”, comparte. “Lo que te ayuda a saber hasta dónde puedes llegar. También para desdoblarte cuando acaba el día, porque tenemos una cosa que hacer en casa mucho más importante que cualquier película: ser padre y madre”.

Pero Javier Bardem también siente que está al servicio de algo más grande que él mismo. De nuestra conversación, deduzco que considera que su activismo es inseparable de su trabajo. Por eso, cuando nos reímos de un meme de Dune, lo relaciona con la subyugación de Arrakis y la nuestra propia. De ahí que, cuando le pregunto qué ha aprendido de actuar junto a su pareja, él desvía la atención hacia Gaza.

“Si estás abierto a aprender, puedes sacar una lección de todo”, apunta. “Es verdad lo que dicen: cuanto mayor soy, menos sé. Por eso, cuando ves algo muy claro, tienes que luchar por ello”. (Q)

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