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Economía mexicana: señales mixtas

by Phoenix 24

La economía mexicana ha estado enviando señales mixtas a mercados y analistas. Por un lado, manda señales de debilidad, de escaso dinamismo y de bajo crecimiento. Por el otro, envía señales de estabilidad y de resiliencia frente a un entorno externo sumamente complejo. Veamos cada uno de este tipo de señales por separado.

Por una parte, la actividad económica real en México ha mostrado un cierto aletargamiento. Las cifras oportunas del PIB del primer trimestre de 2026 revelan un muy bajo crecimiento en relación con el mismo periodo del año pasado (de apenas 0.2 por ciento), mientras que, en su comparación con el trimestre inmediato anterior, la economía se contrajo en 0.8 por ciento. De hecho, con este resultado, el PIB de México habría regresado al mismo nivel que alcanzó en el tercer trimestre de 2024, lo que implicaría ya un año y medio de estancamiento económico en términos absolutos y, por ende, una caída en términos de PIB per cápita.

Este resultado se explica, predominantemente, por la tendencia descendente de la inversión de los últimos 19 meses y, en segundo lugar, por el aparente agotamiento del consumo privado, especialmente de bienes nacionales. En el primer caso, la contracción acumulada de julio de 2024 a febrero de 2026 es ya cercana al 11 por ciento; mientras que, en el segundo caso, la contracción del consumo privado con respecto a su punto máximo (alcanzado en octubre del año pasado) es cercana al 2%, aunque la reducción en el consumo privado de bienes nacionales es de alrededor de 4% (con respecto a su punto máximo de abril de 2025).

Por otra parte, es hasta cierto punto llamativa la extraordinaria resiliencia que ha demostrado tener la economía mexicana frente al complejo entorno económico que prevalece en el exterior. Ni la incertidumbre asociada a las pláticas con respecto a la continuación del T-MEC, ni el conflicto en Medio Oriente parecen afectar demasiado la estabilidad económica del país o la expansión de un sector exportador mexicano que ha respondido muy positivamente al nuevo contexto arancelario generado por las políticas de Donald Trump.

En materia de estabilidad, el tipo de cambio peso-dólar, un indicador muy sensible de la situación prevaleciente en el país, está prácticamente en el mismo nivel que tenía justo hace dos años. Además, el peso mexicano se ha apreciado en cerca de 20 por ciento con respecto al valor que tenía al inicio de la administración del presidente Trump. Si bien es cierto que el dólar se ha depreciado en general contra otras monedas, también lo es que el peso mexicano es una de las monedas que más se ha fortalecido en su relación con el dólar.

Otros indicadores también sugieren una cierta estabilidad económica en el país: la tasa de desocupación sigue estando en sus niveles más bajos desde que tenemos registros comparables, tanto la tasa de inflación como la tasa de interés objetivo del Banco de México han descendido en más de 4 puntos porcentuales desde sus niveles más elevados, los índices de capitalización del sistema bancario han mejorado significativamente y están muy por encima de los niveles mínimos regulatorios, la tasa de pobreza laboral se ubica en los niveles más bajos de la historia y el país ha logrado mantener el grado de inversión.

Finalmente, lo que realmente llama la atención del desempeño reciente de la economía mexicana es lo que ha ocurrido con nuestras exportaciones manufactureras. Estas han crecido en forma significativa, a pesar de los temores que se habían generado por las nuevas políticas arancelarias del presidente de los Estados Unidos. Las cifras de marzo de 2026, comparados con las de un año previo (es decir, justo antes del anuncio de los aranceles del llamado Día de la Liberación), revelan un crecimiento cercano al 30 por ciento. Si bien las exportaciones automotrices se mantienen estancadas, las exportaciones manufactureras no automotrices crecieron en más de 43 por ciento en apenas un año. La comparación con respecto al mismo mes de hace 2 años es aún más impresionante: las exportaciones manufactureras mexicanas totales crecieron en 42 por ciento y las no automotrices en más de 60 por ciento.

Lo anterior es sin duda el resultado de la mejoría relativa en nuestra posición arancelaria que produjeron los aranceles de Trump. Sin embargo, este aumento tan importante no habría ocurrido de no tener un sector exportador capaz de ajustarse rápidamente a las nuevas condiciones prevalecientes y capaz de atender la creciente demanda de productos nacionales en el exterior. De hecho, la rápida expansión de nuestras exportaciones es lo que ha permitido que la economía mexicana no haya caído en recesión, lo que pone de manifiesto la importancia de contar con un sector tan dinámico en nuestra economía.

Hacia adelante, esto también justifica un cierto optimismo: la estabilidad y la resiliencia que ha demostrado la economía mexicana nos permite pensar que una vez que la incertidumbre sobre el T-MEC comience a disiparse, y la inversión comience a estabilizarse y a crecer, es posible que el país pueda regresar a una mejor senda de crecimiento económico de la que hemos tenido en los últimos años. (E).

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