Olvídate de las grandes antorchas de las películas. Hace 14.000 años tenían una forma mucho más ingeniosa de iluminar las cuevas.
En la cueva de Bàsura, en Italia, cinco personas y un cánido se adentraron cientos de metros en completa oscuridad.
Los arqueólogos han descubierto que utilizaban pequeñas ramas de pino, de apenas dos o tres centímetros de diámetro.
Y lo comprobaron experimentalmente: daban suficiente luz para caminar, producían menos humo y deslumbraban menos que una gran antorcha.
El grupo avanzaba en fila india, con puntos de luz delante y detrás.
Así, unos diminutos restos de carbón han permitido reconstruir cómo nuestros antepasados conquistaron la oscuridad hace 14.000 años. (M).