Con una estrategia energética ambiciosa, Kazajistán apuesta por acelerar su transición hacia renovables y nuclear, apoyándose en su liderazgo mundial en producción de uranio y en alianzas estratégicas con potencias tecnológicas.
Astana, 2 de agosto de 2025 — Kazajistán ha puesto en marcha uno de los programas de diversificación energética más atrevidos de Asia Central. El país aspira a que al menos el 15 % de su electricidad provenga de fuentes renovables para el año 2030, un objetivo enmarcado en su “Concepto de Economía Verde” y respaldado por un referendo nacional celebrado en octubre de 2024, en el que el 71 % de los votantes aprobó la construcción de su primera central nuclear.
En el ámbito renovable, entre 2024 y 2027 se celebrarán subastas para adjudicar alrededor de 6,7 GW de capacidad; ya se han activado más de 3,1 GW de proyectos eólicos y solares, de un plan que prevé al menos 2,3 GW operativos hacia 2030, con miras a alcanzar 8,4 GW de capacidad renovable para 2035.
La energía nuclear constituye la segunda pata de esta estrategia. Kazajistán, actualmente el mayor productor mundial de uranio, adelantó que elegirá a la corporación estatal rusa Rosatom como líder de un consorcio internacional encargado de construir su primera central en el distrito de Zhambyl, cerca de la aldea de Ülken, en la costa del lago Balkhash. Además, se prevé un segundo reactor liderado potencialmente por la corporación china CNNC en futuras fases del programa.
El acuerdo tecnológico se completará antes de fin de año, cuando se firme formalmente el memorándum intergubernamental con Rusia para definir los términos del proyecto. La construcción podría tardar unos siete años desde su inicio, según estimaciones oficiales. La planta proyectada tendrá una capacidad estimada de hasta 2,4 GW para 2035 y contará con reactores de tipo Generation III+ VVER‑1200, según las especificaciones técnicas aceptadas.
Políticamente, el presidente Tokayev ha promovido esta iniciativa como una respuesta estratégica: reducir la dependencia del combustóleo, responder a déficits eléctricos recurrentes y posicionar al país como centro regional de energía limpia, todo ello sin renunciar a ventajas comparativas derivadas de su riqueza mineral.
El plan combina energías limpias, tecnologías innovadoras y financiamiento internacional. Conforme a las recomendaciones de la Agencia Internacional de la Energía y la UNCTAD, la transición energética de Kazajistán se diseñó para equilibrar desarrollo industrial, reducción de emisiones y seguridad energética.
No obstante, el plan enfrenta desafíos complejos: la minería de uranio ya se distribuye mayoritariamente a Rusia y China, mientras que la oferta hacia Europa o EE. UU. se ha reducido, generando rumores de desabastecimiento futuro según agencias como CSIS y observadores financieros. Además, el legado ambiental por las pruebas nucleares soviéticas en Semipalatinsk sigue presente en la memoria colectiva y representa un obstáculo social en la percepción pública.
Esta estrategia energética convertirá a Kazajistán no solo en exportador de uranio, sino en operador nuclear con autonomía tecnológica. Si las inversiones y los consorcios internacionales avanzan sin contratiempos, podría convertirse en un modelo de transición energética en Asia Central.
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