En la pasarela de Courrèges también vimos varios modelos de faldas en tendencia en cuero fluido y vestiditos tipo segunda piel en los dos colores clásicos de Hermès (café y naranja). Es así como el vestido de cuero causa un impacto máximo en las pasarelas de todo el mundo, aumentando así la elegancia de quien lo lleva.
Y es que llevar cuero es realzar la figura y afirmar la feminidad con un toque de atrevimiento. It-girls de todo el mundo se han subido a la tendencia, como Anya Taylor-Joy, que se atrevió con el más sexy de todos los vestidos con falda mini de Mugler, hace ya casi un año. Un look que queremos replicar las editoras muy pronto.
Pero más allá de las celebridades, debemos entender que las faldas de cuero regresan con fuerza para reafirmarse como una de las piezas más versátiles y poderosas con razones justificadas.
Los modelos de esta temporada ya no se limitan a los clásicos tonos negros ni a los cortes ajustados; las propuestas vistas en las pasarelas Otoño-Invierno 2025 las reinventan en versiones midi, plisadas o tipo lápiz, e incluso en tonos tierra, burdeos y verdes oliva que suavizan su carácter rebelde sin restarle sofisticación.
Más allá de su atractivo estético, la falda de cuero simboliza fuerza, seguridad y una feminidad que no teme destacar. Su estructura firme y su caída elegante permiten jugar con contrastes: puede combinarse con suéteres de lana gruesa, camisas de seda o botas altas, según el ánimo o la ocasión, además en contextos reales, y no solo en las alfombras rojas.
Y en un otoño 2025, en que la moda busca piezas atemporales con carácter, el cuero emerge como una inversión inteligente: duradero, adaptable y siempre vigente. Es así como las faldas de distintos largos se convierten en un emblema de estilo que trasciende temporadas, proyectando seducción con una actitud audaz y moderna. (V).