Android y iPhone ofrecen herramientas para localizar, bloquear y restablecer remotamente un dispositivo, pero deben configurarse antes de que ocurra la emergencia.
Ciudad de México, 13 de agosto de 2026.— Perder un teléfono celular no implica únicamente quedarse sin un dispositivo. Fotografías, conversaciones, correos electrónicos, aplicaciones bancarias y documentos personales pueden quedar expuestos si alguien consigue superar sus mecanismos de seguridad.
En un teléfono Android, el usuario debe ingresar desde otro dispositivo al servicio Localizador de Google e iniciar sesión con la misma cuenta vinculada al equipo extraviado. Después de seleccionarlo, podrá consultar su ubicación, hacerlo sonar, bloquearlo o activar la opción para borrar sus datos.

La orden restablece el teléfono a su configuración de fábrica y elimina aplicaciones, cuentas y archivos almacenados internamente. Si el equipo se encuentra apagado o sin conexión, la instrucción permanecerá pendiente y se ejecutará cuando vuelva a conectarse a internet.
En el caso de un iPhone, el procedimiento puede realizarse desde la aplicación Encontrar instalada en otro dispositivo Apple o mediante la cuenta de iCloud. El usuario debe seleccionar el equipo perdido, marcarlo primero como extraviado y, si considera imposible recuperarlo, elegir la función “Borrar este dispositivo”.
Apple recomienda no retirar el iPhone de la lista de dispositivos después del borrado. Hacerlo desactivaría el Bloqueo de activación y facilitaría que otra persona pudiera configurar o revender el equipo. En modelos compatibles todavía es posible conocer su ubicación después de eliminar el contenido.
El borrado remoto es irreversible y únicamente podrán recuperarse los archivos guardados previamente en una copia de seguridad. Por eso conviene intentar primero localizar el teléfono, bloquearlo y mostrar en la pantalla un número alternativo para que pueda ser devuelto.

También es necesario reportar el robo a la compañía telefónica para suspender la tarjeta SIM y bloquear el IMEI, además de cambiar las contraseñas de correo, redes sociales y servicios financieros. Si existen aplicaciones bancarias, las instituciones deben ser notificadas inmediatamente.
La mejor defensa no comienza cuando desaparece el celular, sino cuando todavía está en nuestras manos: localización activada, bloqueo biométrico, contraseñas sólidas y copias de seguridad pueden convertir un robo físico en una derrota para quien busca apoderarse también de nuestra vida digital.