El ministro de Comercio chino advierte sobre fuertes tensiones internas y externas, mientras Pekín maniobra para reactivar consumo e inversión ante vientos económicos adversos.
Beijing, julio de 2025 —
El ministro de Comercio de China, Wang Wentao, admitió públicamente que la economía nacional enfrenta una etapa “muy grave y compleja”, con desafíos significativos derivados de una débil demanda interna, presiones deflacionarias y futuros riesgos por aranceles extranjeros.
Aunque el crecimiento del PIB del segundo trimestre alcanzó un sólido 5.2 % anual, impulsado por la industria, otros indicadores clave como el consumo, la inversión en propiedades y las ventas minoristas han quedado rezagados. El índice de precios al productor cayó un 3.6 % en junio, su nivel más bajo en casi dos años, mientras que las ventas al por menor aumentaron solo un 4.8 % interanual, el ritmo más lento desde inicios de 2025.
El ministro de Comercio del régimen chino, Wang Wentao (REUTERS/Florence Lo/Archivo)
Wang alertó que este desequilibrio —entre una producción industrial fuerte y un consumo debilitado— se ha convertido en un reto central para las autoridades. Por ello, anunció que en la próxima fase del plan quinquenal (2026–2030), China implementará medidas específicas orientadas a impulsar el consumo de bienes y servicios, aumentar el ingreso disponible de los hogares y activar una transición hacia un modelo económico más equilibrado.
En paralelo, el ministro aseguró que Pekín continuará atrayendo inversión extranjera, fortaleciendo su apertura económica y manteniendo un diálogo diplomático activo, como demuestra el reciente compromiso con compañías clave del sector tecnológico, reafirmando que existe voluntad política para preservar mercados globales estables con Estados Unidos y otros socios.
Este reconocimiento oficial de debilidad económica ocurre en un entorno donde la manufactura aún crece —respaldada por encadenamientos regionales—, pero sin lograr revertir la caída del consumo familiar ni el desplome en el sector inmobiliario. El riesgo de estancamiento, combinado con las tensiones de política comercial, refuerza las advertencias de economistas que exigen un giro estructural y no solo estímulos fiscales temporales.
Un trabajador carga cátodos de cobre en un almacén cerca del puerto de aguas profundas de Yangshan, al sur de Shanghái, China (REUTERS/Carlos Barria/Archivo)
El escenario proyecta un claro mandato estratégico: Beijing debe acelerar la transición hacia una economía impulsada por la demanda interna, incluir políticas redistributivas que fortalezcan el bolsillo de las familias, y asegurar la estabilidad del empleo mediante reformas fiscales y sociales. La forma en que se materialice esta agenda será decisiva para determinar si China logra superar esta fase crítica o si se abre una brecha económica que comprometa su posición global.
Este contenido fue desarrollado por Phoenix24 mediante monitoreo estratégico, contraste de fuentes abiertas y análisis especializado, como parte de su compromiso con el periodismo de investigación y la seguridad informativa global.
This content was developed by Phoenix24 through strategic monitoring, open-source cross-checking and specialized analysis, as part of its commitment to investigative journalism and global information security.