Colombia lanza su primera encuesta nacional de alfabetización mediática

Cuando la desinformación domina redes, formar mentes críticas deja de ser opcional: es urgente.

Bogotá, octubre de 2025

Colombia ha iniciado un hito institucional con el lanzamiento de su primera encuesta nacional de alfabetización mediática, diseñada para medir la capacidad ciudadana de identificar noticias falsas, distinguir entre fuentes confiables y evaluar el peso de los algoritmos en el consumo informativo. Tras años de debates públicos sobre la crisis de confianza en los medios y el rol de las plataformas digitales, el gobierno apuesta por un diagnóstico estructural que marque un antes y un después en su estrategia para enfrentar la desinformación.

La iniciativa es promovida por el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC) con el apoyo de la UNESCO y varias universidades nacionales. El cuestionario aborda seis dimensiones clave: capacidad de verificación, detección de sesgos, uso de fuentes primarias, comprensión del fenómeno algorítmico, consumo crítico de redes sociales y habilidades de curaduría informativa. Se espera que participen entre 20,000 y 25,000 ciudadanos de todas las regiones, con muestras representativas por zona urbana y rural.

Durante la presentación, la ministra de MinTIC destacó que la encuesta no será un instrumento de censura o control estatal, sino una herramienta para fortalecer la educación mediática desde las aulas y el diseño de políticas públicas. Señaló que los resultados servirán como base para programas de formación docente, campañas de sensibilización y modificaciones al currículo escolar.

En Latinoamérica, Colombia sigue un camino incipiente en comparación con países que ya cuentan con mediciones similares o estrategias nacionales de alfabetización mediática. Perú, por ejemplo, realiza campañas de verificación ciudadana desde 2018, mientras que Chile ha incorporado módulos sobre pensamiento crítico digital en educación básica desde 2022. Este avance colombiano podría posicionarse como modelo regional si logra resultados confiables y aplicables en políticas de mediano plazo.

La ejecución del proyecto también implica retos logísticos y de equidad digital. En zonas apartadas con bajo acceso a internet, la encuesta se aplicará de forma presencial mediante agentes capacitados. Se ha previsto la distribución de versiones impresas y el uso de dispositivos móviles para capturar respuestas directamente en campo. Además, se adoptarán mecanismos de acompañamiento lingüístico para comunidades indígenas en lengua nativa.

Analistas en comunicación ven en esta encuesta una señal de madurez institucional: reconoce que no basta combatir la desinformación con algoritmos o leyes reactivas; es necesario elevar el nivel de competencias críticas de la ciudadanía. El sociólogo colombiano Camilo Herrera comentó: “La pregunta ya no es qué tan explosiva es la desinformación, sino cómo preparamos mentes capaces de resistirla”.

A nivel subregional, los resultados podrían ofrecer datos comparativos relevantes para el bloque andino. Autoridades educativas de Ecuador, Bolivia y Panamá observan con interés el desarrollo y los hallazgos preliminares del proyecto colombiano. Si los indicadores demuestran brechas significativas en habilidades informativas, podrían impulsar colaboraciones intergubernamentales para capacitar docentes y diseñar estrategias convergentes en la región.

La encuesta comenzará a aplicarse en noviembre y sus primeros resultados provisionales se espera que sean anunciados en el primer trimestre de 2026. El gran desafío no será solo cuantificar el nivel de alfabetización mediática, sino traducir esos datos en políticas de formación sostenibles. En muchas ocasiones, ejercicios similares quedaban inéditos o limitados a diagnósticos académicos sin rutas claras de implementación.

Colombia, al poner en marcha este proyecto, se posiciona en un escenario clave de la batalla digital latinoamericana: el del conocimiento informado frente al ruido. Si las instituciones logran acompañar este impulso con recursos, compromiso docente y estrategia crítica, podrían reconfigurar el relación entre ciudadanía y medios en una era saturada de información y manipulación.

Narrative is power too. / La narrativa también es poder.

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