BRICS en Río: respaldo a Irán y Rusia, críticas a aranceles de EE.UU.

Río de Janeiro, julio de 2025

El reciente encuentro del bloque BRICS en Río de Janeiro —que ahora incluye a Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, Irán, Egipto, Arabia Saudita, Etiopía y Emiratos Árabes Unidos— confirmó la intención de consolidarse como contrapeso al orden occidental, en medio de un contexto global marcado por guerras indirectas, nuevas barreras arancelarias y el ascenso de alianzas multipolares. A pesar de la ausencia física de líderes clave como Xi Jinping y la participación remota de Vladimir Putin, la cumbre avanzó en un posicionamiento común con implicaciones estratégicas para el equilibrio global.

El comunicado final de 31 páginas reiteró el respaldo a una reforma del multilateralismo, exigiendo mayor representación para economías emergentes en organismos como la ONU, el FMI y el Banco Mundial. Pero fue en su pronunciamiento geopolítico donde se concentraron los mensajes más contundentes: el bloque condenó los ataques militares contra Irán ocurridos desde el 13 de junio, sin mencionar directamente a Israel o a Estados Unidos, y rechazó de forma explícita las “medidas unilaterales coercitivas” que afectan la estabilidad económica internacional, refiriéndose a los recientes aranceles impuestos por Washington a bienes provenientes de China y otros países emergentes.

La declaración expone con claridad el dilema estratégico de los BRICS: proyectar una voz conjunta en defensa del Sur Global sin fracturarse por las tensiones internas. La heterogeneidad ideológica del grupo —que abarca democracias como India y Sudáfrica, regímenes autoritarios como Rusia e Irán, y monarquías como Arabia Saudita— obliga a una narrativa cuidadosa, ambigua pero simbólicamente efectiva. Lula da Silva, anfitrión de la cumbre, intentó mantener el foco en temas técnicos como salud global, inteligencia artificial y energía renovable, pero la agenda geopolítica se impuso con fuerza.

El respaldo a Irán se convirtió en una señal de realineamiento estratégico. Teherán, aún bajo sanciones occidentales, fue representado por su ministro de Exteriores, quien utilizó el foro para denunciar agresiones militares recientes. Este respaldo no es simbólico: Irán y Rusia firmaron en enero un tratado de asociación estratégica de 20 años que contempla cooperación energética, militar y tecnológica. La inclusión de Irán en los BRICS legitima aún más su narrativa de resistencia ante el sistema occidental y lo posiciona como interlocutor clave en Medio Oriente.

Por su parte, la crítica a los aranceles estadounidenses se enmarca en una ola proteccionista que ha resurgido en Washington bajo el nuevo mandato de Donald Trump. El bloque denunció que estas políticas afectan de manera desproporcionada a países emergentes, distorsionan los mercados y obstaculizan los flujos comerciales. Si bien la declaración no mencionó directamente al expresidente republicano, el mensaje fue inequívoco: los BRICS rechazan un orden económico impuesto por el Norte Global que no contempla las necesidades ni el potencial productivo del Sur.

Analistas internacionales advierten que la ausencia física de Putin y Xi Jinping —dos de los principales impulsores del bloque— revela un cálculo diplomático: apoyar el foro sin intensificar las tensiones. Ambos enfrentan sanciones o restricciones diplomáticas activas; su participación remota mantiene el respaldo sin alimentar controversias. En cambio, figuras como Lula, Mohamed bin Salman y Narendra Modi ocuparon el centro del escenario para proyectar pragmatismo económico y voluntad de concertación multilateral.

La ampliación del bloque ha traído consigo una masa crítica impresionante: los BRICS ahora representan cerca del 46 % de la población mundial y un 39 % del PIB global ajustado por poder adquisitivo. Sin embargo, esta expansión también ha generado una mayor complejidad interna. Las divergencias en política exterior, modelos de desarrollo y prioridades estratégicas se reflejan en la necesidad de comunicados consensuados, redactados en lenguaje deliberadamente neutral.

A pesar de estas tensiones, el bloque ha mostrado una capacidad inédita de influencia diplomática. En otros foros paralelos, los BRICS han comenzado a discutir una alternativa al sistema SWIFT, la consolidación del Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) y mecanismos de financiamiento para infraestructura y transición energética, sin depender del sistema financiero occidental. Esta arquitectura financiera en construcción podría alterar los patrones de dependencia que han definido las últimas décadas.

La declaración de Río no supone un quiebre inmediato del orden internacional vigente, pero sí reafirma la voluntad de los BRICS de ejercer presión colectiva en áreas clave: comercio, seguridad, gobernanza global y soberanía tecnológica. En lugar de confrontar abiertamente al G7, optan por construir una narrativa de equilibrio multipolar que desafía la hegemonía sin abandonar el sistema.

El encuentro en Brasil dejó claro que los BRICS están evolucionando de un bloque simbólico a una plataforma real de coordinación Sur-Sur. Su reto ahora será convertir esa masa crítica en capacidad de incidencia efectiva. El respaldo a aliados cuestionados como Irán y Rusia puede fortalecer alianzas estratégicas, pero también tensionar las relaciones con Occidente. La habilidad del grupo para maniobrar entre estos polos definirá su impacto en la próxima década.

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