Mar Rojo (costa de Yemen), julio de 2025
Una ofensiva renovada contra la navegación comercial reaviva la crisis en una ruta global crítica
La temporada de relativa calma en el Mar Rojo terminó abruptamente esta semana cuando rebeldes hutíes de Yemen reanudaron sus ataques contra barcos civiles en una campaña de presión geopolítica en solidaridad con Palestina. Entre el lunes y el martes, el ataque más grave cobró la vida de tres marineros —de tripulaciones con bandera liberiana y propiedad griega— y dejó al menos dos heridos, según fuentes de la misión naval europea Aspides.
El buque Eternity C, cargado con graneles industriales, sufrió un asalto coordinado mediante botes rápidos equipados con armas ligeras, granadas propulsadas por cohete y drones marinos. Posteriormente, el navío quedó a la deriva antes de hundirse ese mismo día, de acuerdo con reportes satelitales. En paralelo, la embarcación Magic Seas, también de propiedad griega y registro liberiano, fue objeto de un ataque similar el día anterior y terminó hundiéndose tras ser detonada desde dentro.
Estas agresiones representan un cambio en la estrategia hutí, que ahora emplea tácticas multiplataforma: drones, embarcaciones rápidas armadas y misiles, un enfoque más sofisticado si se compara con los ataques puntuales registrados durante 2024. Con más de 100 incidentes desde finales de 2023, el grupo había detenido temporalmente sus acciones tras una tregua parcial en enero, pero la ofensiva sobre Gaza ha motivado este repunte letal.
La reanudación trae consecuencias amplias: el seguro marítimo ahora alcanza primas de guerra que oscilan entre el 0.4 % y el 1 % del valor del barco, equivalente a entre 300,000 y 1,000,000 de dólares por viaje para un buque tipo granelero de 100 millones. Esto ya ha incrementado las tasas de flete y genera presión para desviar rutas hacia el Cabo de Buena Esperanza, lo que encarece el comercio global.
Las potencias occidentales han condenado de inmediato los ataques. Estados Unidos, la Unión Europea y Naciones Unidas advierten que este tipo de acciones “amenazan la libertad de navegación” y podrían arrastrar nuevamente a la región hacia una mayor militarización. Israel también respondió en forma táctica, atacando infraestructuras hutíes en puertos y terminales marítimas yemeníes, incluyendo Hodeida, elevando la tensión regional.
El detonante de este rebrote se encuentra en el contexto del conflicto israelí-palestino. Desde octubre de 2023, los hutíes han declarado que sus objetivos marítimos son vinculados a Israel o a economías árabes consideradas cómplices. El ataque reciente puede interpretarse como un escalamiento motivado por la frustración ante el desarrollo de una tregua parcial en Gaza, frente a un consenso internacional que busca la contención.
El impacto práctico se traduce en un replanteamiento de las rutas marítimas: los armadores contemplan redirigir sus buques por el Cabo de Buena Esperanza, esquivando el Mar Rojo. Pero sus costes y tiempos de viaje se dispararían: el trayecto podría aumentar en hasta 10 días y sumar millones de dólares a cada envío.
Este jueves, buques de guerra de EE.UU., Reino Unido y aliados volvieron a patrullar la zona, en el marco de la operación “Prosperity Guardian”, y podrían enfrentar nuevos ataques si las hostilidades persisten. Para economistas y analistas navales, la situación evidencia que ningún corredor comercial estratégico está libre de los efectos de la guerra híbrida regional.
La pregunta ahora es si la presión internacional logrará disuadir a los hutíes o si sus ataques se consolidarán como medio permanente de negociación frente a entidades asociadas a Israel. Mientras tanto, los armadores, aseguradoras y países ribereños están al borde de una nueva crisis logística que podría eclipsar a la ya frágil recuperación postpandemia.
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