Andrés Waissman despliega en Salta un universo de ruinas, paisajes y presencias que desbordan lo visible

El arte también escucha aquello que la realidad intenta ocultar.

Salta, diciembre de 2025

La nueva exposición de Andrés Waissman en el Museo de Arte Contemporáneo de Salta propone un recorrido que desarma las certezas habituales sobre la forma, la memoria y el paisaje. Lejos de ofrecer un itinerario lineal, la muestra invita al espectador a perderse entre estructuras frágiles, territorios erosionados y figuras que parecen surgir desde un punto intermedio entre sueño y advertencia. La propuesta responde al lenguaje característico del artista, quien ha hecho de la ruina, la metamorfosis y la tensión entre lo humano y lo espectral un eje central de su obra durante décadas.

Las piezas exhibidas abarcan distintas etapas de su trayectoria, reunidas en un montaje que enfatiza una sensación de tránsito constante. Materiales como cerámica, pigmentos, vidrio, madera y estructuras sintéticas conviven en composiciones que desafían cualquier idea de estabilidad. El visitante encuentra paisajes quebrados, territorios que parecen emerger desde el subsuelo y figuras insinuadas que evocan tanto cuerpos como sombras. Esa ambigüedad no se presenta como un enigma a resolver, sino como una invitación a aceptar que el sentido se construye en la incertidumbre.

La exposición resalta especialmente la relación entre las ruinas y el movimiento. En varias obras, fragmentos de materia se agrupan sin formar un conjunto del todo coherente, como si respondieran a una lógica que permanece deliberadamente incompleta. Curadores locales han destacado que esta decisión acentúa un diálogo con la historia reciente, donde el quiebre, la dispersión y la pérdida se convierten en metáforas persistentes. Aunque Waissman no trabaja desde la literalidad, la resonancia política y emocional de su obra emerge de forma natural en un país donde la memoria colectiva es siempre un territorio activo.

El recorrido también incluye piezas donde el paisaje se expande más allá de su función tradicional. No se trata de representar montañas, llanuras o cielos, sino de sugerir la forma en que un territorio puede transformarse en estado de ánimo. Texturas densas, manchas superpuestas y contornos difusos crean escenas que oscilan entre lo reconocible y lo abstracto. En distintos puntos del montaje, el visitante experimenta la sensación de estar ante una geografía que se está deshaciendo o recomponiendo, como si el tiempo hubiera dejado marcas visibles en la superficie del lienzo.

Otro aspecto relevante es el conjunto de figuras que emergen en medio de este universo fragmentado. Algunas parecen surgir de la materia misma, otras se delinean como presencias que observan desde un espacio intermedio. No se imponen al espectador, pero tampoco se diluyen por completo. Su ambigüedad plantea preguntas sobre la identidad, la permanencia y los límites de la representación. Esta tensión, presente desde los inicios de la producción de Waissman, se intensifica en la muestra gracias a una curaduría que permite que figuras y paisajes se contagien mutuamente su carga simbólica.

La propuesta logra, además, abrir un diálogo con la tradición del arte contemporáneo latinoamericano. Sin recurrir a referencias explícitas, Waissman inscribe sus obras en una sensibilidad regional marcada por la memoria, la reconstrucción y la huella de lo perdido. La exposición en Salta resalta cómo su obra se ha convertido en un punto de encuentro entre lo personal y lo histórico, entre la experiencia íntima del artista y la lectura colectiva que cada espectador construye al desplazarse entre las salas.

El montaje final subraya una sensación de deriva calculada. Nada está dispuesto para ofrecer lecturas cerradas, pero tampoco hay caos aleatorio. En su lugar aparece un equilibrio inestable donde ruinas, presencias y territorios dialogan en un ritmo casi orgánico. Para quienes recorren la exposición, la experiencia no se agota en la contemplación estética. Funciona también como un ejercicio de escucha interna, un modo de reconocer aquello que permanece oculto bajo la velocidad cotidiana.

La exposición confirma por qué Andrés Waissman es una de las figuras centrales del arte contemporáneo argentino. Su lenguaje, siempre en mutación, consigue mantenerse cercano a las preguntas esenciales sobre el tiempo, el cuerpo y el territorio, incluso cuando los materiales y las formas se desplazan hacia nuevos experimentos. En Salta, su obra vuelve a recordarlo con la fuerza silenciosa de aquello que no necesita imponerse para ser inolvidable.

Phoenix24: beyond the news, the pattern. / Phoenix24: más allá de la noticia, el patrón.

Related posts

Mariana Enriquez Challenges Magical Realism With Latin America’s Dark History

Monet’s Iris Sets Historic $56.2 Million Auction Record in France

Pedro Almodóvar’s First Novel Explores Creativity, Borrowed Ideas and Mortality