Alarma danesa: la amenaza persistente de Trump sobre Groenlandia tensiona la soberanía europea

Bruselas, julio de 2025

Las advertencias del expresidente estadounidense sobre una posible compra o intervención militar en Groenlandia activan una reacción diplomática firme en Europa y reavivan el valor estratégico del Ártico.

El ministro de Asuntos Exteriores danés, Lars Løkke Rasmussen, advirtió recientemente que la amenaza de Donald Trump contra Groenlandia “no está cerrada y olvidada”, dejando claro que, aunque una anexión militar es altamente improbable, no puede descartarse completamente. En una rueda de prensa en Aarhus subrayó que “no consideramos una anexión militar probable… pero tampoco creemos que este asunto esté zanjado”, alertando sobre tácticas híbridas y campañas de manipulación que podrían favorecer intentos de injerencia externa.

La advertencia se produce después de que Trump reavivara su interés por la isla en enero, enmarcando su intención como una prioridad de seguridad nacional y descartando la posibilidad de renunciar a Groenlandia “de una forma u otra”. La Casa Blanca ha valorado opciones como sanciones económicas y, según algunos informes, incluso ha debatido hipotéticos escenarios miliares, no como primera opción, pero sin excluirlos.

Groenlandia, con cerca de 57 000 habitantes, ha rechazado mayoritariamente integrarse a Estados Unidos (85 %, según encuestas). Su nuevo gobierno coaligado en Nuuk reafirmó que “no perteneceremos a otros. Decidimos nuestro propio futuro”. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y el premier groenlandés Jens‑Frederik Nielsen insistieron en que “Groenlandia no está en venta, y nunca debería estarlo”.

La escalada diplomática llevó a una respuesta coordinada desde Bruselas. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, respaldaron a Dinamarca y alertaron sobre las consecuencias que tendría una violación de la Carta de la ONU. El presidente francés, Emmanuel Macron, realizó una visita simbólica a Groenlandia, defendió su integridad territorial y reiteró que “la soberanía debe respetarse”.

El interés estadounidense sobre Groenlandia responde a dos factores geoestratégicos: su posición en el arco ártico—control del GIUK Gap y presencia militar en Pituffik—y sus reservas de minerales críticos para la alta tecnología, especialmente en un entorno de deshielo acelerado que abre futuras rutas marítimas.

Dinamarca ha respondido reforzando su presencia militar en el Ártico con inversiones por valor de 14 600 millones de coronas danesas (≈ 1.95 MM EUR) y renovando compromisos en el marco del tratado de defensa de 1951 con EE.UU., siempre descartando explícitamente cualquier posibilidad de anexión.

El asunto plantea un dilema de alto impacto político y geopolítico. Por una parte, EE.UU. mezcla discursos populistas y estratégicos, reforzados por figuras como el vicepresidente JD Vance, quien acusó a Copenhague de haber “descuidado la seguridad de Groenlandia”. Por otra, las potencias europeas defienden un marco normativo en el que la soberanía y el respeto a los tratados son la piedra angular del orden internacional.

Este choque de enfoques ilustra una tensión global creciente: la competencia por el Ártico no solo involucra a Rusia y China, sino que se suma la presión desde Washington, poniendo en jaque la cohesión transatlántica. Como dijo Rasmussen, no se trata de un asunto resuelto, y se advierte sobre posibles nuevas oleadas de intervención política o económica.

Europa ha respondido unida, pero el caso pone a prueba la capacidad del continente para proteger los valores fundamentales de soberanía y cooperación frente a las pulsiones unilateralistas de la superpotencia americana.

Con base en fuentes abiertas, reportes oficiales y contrastes verificables, Phoenix24 presenta este análisis como parte de su ejercicio informativo profesional y autónomo.
Based on open sources, official reports, and verifiable contrasts, Phoenix24 presents this analysis as part of its professional and autonomous journalistic work.

Related posts

Hezbollah Turns Diplomacy Into Lebanon’s Next Battlefield

Hormuz Attack Turns Shipping Into Strategic Pressure

Rocha Case Traps Sheinbaum Between Party and State