Un reconocimiento global que consolida a la “madrina del arte de la performance” en la élite de la creación contemporánea
Tokio, julio de 2025 — Marina Abramović, figura central en el arte contemporáneo desde la década de 1970, ha sido galardonada con el Praemium Imperiale en la categoría de escultura, convirtiéndose en la primera artista de performance en recibir este prestigioso premio que otorga la Asociación de Arte de Japón. El galardón, considerado por muchos como el “Nobel del arte”, honra trayectorias que combinan innovación técnica, relevancia cultural y un compromiso humanista con la creación. Abramović, al hacer de su cuerpo el epicentro de sus obras, ha borrado las fronteras entre lo simbólico y lo vital, lo artístico y lo corporal, lo íntimo y lo colectivo.
Desde la radical Rhythm 0 (1974), donde se ofreció al público como objeto pasivo ante 72 elementos —entre ellos una rosa y una pistola cargada—, hasta sus intervenciones más recientes como Carne y Arena, su obra ha sido un grito silencioso contra la apatía del espectador. Ha transformado la experiencia artística en un terreno de tensión emocional, vulnerabilidad física y confrontación ética. Para muchos críticos, su trabajo representa un giro filosófico en el arte contemporáneo: ya no se trata de representar, sino de encarnar, sentir, resistir.
El Praemium Imperiale no solo reconoce su valor artístico, sino también su impacto en generaciones de creadores que han adoptado el performance como una forma legítima de pensamiento crítico. Con una dotación económica que ronda los quince millones de yenes —más de noventa mil euros—, el premio posiciona a Abramović en una constelación de artistas de élite, al lado de arquitectos, músicos, pintores y cineastas, elevando la performance a un lugar canónico dentro de las artes globales.
La decisión de otorgarle este premio no es casual. En los últimos años, Asia ha intensificado su diálogo con las vanguardias occidentales y ha abierto sus instituciones a formatos inmersivos, experienciales y corporales. Abramović, quien ha trabajado con academias en Londres, Berlín y Nueva York, ha generado una pedagogía de la presencia, una ética de la acción y una mística del cuerpo que ahora encuentra eco en museos y espacios culturales del hemisferio oriental. El gesto japonés no solo legitima una trayectoria: resitúa el mapa cultural global, acercando Oriente y Occidente en torno a una estética compartida de lo efímero y lo ritual.
Tres escenarios se delinean tras este reconocimiento. En uno de continuidad, Abramović consolidará su trabajo educativo e itinerante, expandiendo su instituto y colaborando con centros de arte de alto nivel en Europa y Asia. En un escenario de disrupción, el premio podría servir de plataforma para explorar formas más radicales de arte inmersivo en contextos urbanos no convencionales, integrando tecnología, inteligencia artificial y memoria colectiva. Y en un tercer escenario de bifurcación, el premio podría inaugurar una nueva etapa de institucionalización del performance, promoviendo alianzas curatoriales en América Latina, África y el Sudeste Asiático que redefinan el valor del cuerpo en el arte como espacio político y poético.
Este galardón no es solo un tributo a una carrera excepcional. Es una declaración de principios: que el arte es también acto, que la belleza puede ser herida, que la creación no siempre necesita lienzo. Abramović no ha buscado complacer, sino perturbar. Y al hacerlo, ha redefinido el lugar del arte en una época que exige coraje, presencia y verdad.
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