En las entrañas de la industria cinematográfica mexicana, el mes de mayo solía ser un terreno de transición, una pausa expectante antes del desembarco de las grandes producciones de Hollywood en verano. Sin embargo, en los últimos años, el silencio de esa ventana se ha llenado de gritos, sombras y una efectividad comercial que ha tomado por sorpresa a quienes solo miran hacia las capas superficiales del mercado. Lo que antes era una anomalía se ha consolidado como una estrategia de contraprogramación milimétrica: mientras los superhéroes y las sagas espaciales saturan la conversación, el cine de terror ha encontrado en México su refugio más lucrativo. Solo hace falta ver el mes de mayo para confirmar la tendencia. Nueve estrenos de ese género, con dos producciones mexicanas como El ritual de los nahuales o No dejes a los niños solos, así como productos que nacieron en el internet profundo, Backrooms, o la apuesta de llevar las propuestas de creadores de YouTube al cine, como es el caso de Obsession.
“No es una coincidencia, es una estrategia”, explica Edgar Apanco, especialista en análisis de audiencias. Según su lectura de los ciclos de exhibición, desde 2021 el mes de mayo se ha convertido en una ventana de contraprogramación ideal. Mientras los exhibidores reservan sus salas más grandes para títulos de alto impacto como The Mandalorian and Grogu o las franquicias de superhéroes, el terror se ofrece como el “menú alternativo” para un público que busca emociones distintas. Esta táctica ha dado resultados sin precedentes: entre 2021 y 2026, el terror es de los pocos géneros que ha mostrado un incremento sostenido en la venta de boletos en México, superando incluso sus cifras antes de la pandemia por la covid-19.
El fenómeno no es menor. México se ha consolidado como uno de los tres mercados globales más importantes para el género. “Somos de los pocos mercados occidentales que logran meter películas de terror como It o El Conjuro en el top 50 de todos los tiempos”, señala Apanco. Esta lealtad del espectador nacional ha permitido que títulos como No dejes a los niños solos, el más reciente estreno del director Emilio Portes, se conviertan en el mejor estreno de la década para el cine de terror mexicano, superando en rendimiento por complejo a éxitos previos como Mal de Ojo(2022).
Entre el “malinchismo” y la autenticidad
El cambio no es solo de calendario, sino de lenguaje. Samantha Alvarado, especialista del género en su canal Maelstrom y parte del podcast Häxan, observa una transformación en el perfil de quienes crean y consumen estas historias. “Los ‘peros’ del público general van en descenso”, afirma. Para ella, la clave reside en una nueva ola de directores “Gen Z” (de la generación Z) que han saltado de las pantallas de YouTube a la dirección de largometrajes, trayendo consigo una estética y un ritmo que conectan directamente con la ansiedad contemporánea.
Este relevo generacional ha traído propuestas que se alejan del terror tradicional de sustos fáciles. “A la gente le interesan historias frescas con profundidad emocional”, comenta Alvarado. Este fenómeno se refleja en la llegada de títulos como Backrooms, un proyecto que nació de una leyenda urbana de Internet (conocidas también como creepypasta). Todo comenzó el 12 de mayo de 2019, cuando un usuario anónimo publicó, el 12 de mayo de 2019, en el foro 4chan una imagen inquietante de unas oficinas vacías con paredes amarillas y luz fluorescente. En esa misma publicación, otro usuario inventó la historia de que este lugar es un laberinto infinito al que se accede al atravesar por error un fallo de la realidad y quedar atrapado.
René Karam, director general de Imagen Films México, confirma esta tendencia hacia lo que él denomina terror inmersivo. “Hemos tratado de buscar propuestas innovadoras que se salgan de lo común”, explica. La apuesta por Backrooms, dirigida por Kane Parsons —un joven de apenas 20 años—, cuenta con un presupuesto de más de 20 millones de dólares, una cifra inusual para el género que subraya la confianza en el proyecto. Según Karam, este tipo de cine busca romper “la cuarta pared” a través de una atmósfera claustrofóbica y psicológica que resuena con un público mexicano que, en sus palabras, es “el mercado número uno” para el terror a nivel global.
A pesar de las cifras récord, el cine de terror hecho en México aún lucha contra sus propios fantasmas: el prejuicio y la falta de identidad clara en la comercialización. Apanco señala una realidad incómoda. Muchas películas nacionales se venden bajo campañas que omiten su origen para evitar el estigma del espectador. “Se mimetizan y sus campañas las hacen parecer internacionales”, explica.
Christian Cueva, guionista y director de amplia trayectoria en la industria, coincide en que el público mexicano es, en ocasiones, “malinchista” con sus propias producciones. Sin embargo, cree que la solución no es imitar a Hollywood, sino profundizar en la raíz local. “Lo que funciona es el contenido local que puede volverse global; mientras más refleje la identidad de un lugar, más conecta”, afirma. Para él, el éxito de cintas de terror de años anteriores, como Huesera(2022) o Desaparecer por completo (2024), radica en que se anclan en la espiritualidad y el esoterismo mexicano, alejándose de las fórmulas genéricas.
Menciona Cueva también el caso de No me sigas (2025), la primera apuesta en México de BlumHouse, una productora estadounidense ampliamente conocida por su apuesta en producir éxitos en el género de terror. “Los mexicanos queremos nuestras propias historias de terror. Nos asustan las casas embrujadas, los temas religiosos y los niños, que son una constante en el género en Latinoamérica. Tenemos creadores muy prolíficos como Adrián García Bogliano,Michelle Garza Cervera, Isaac Ezban, Lex Ortega o Rigoberto Castañeda. El gran reto sigue siendo encontrar ese idioma propio yendo hacia nuestras raíces”, complementa el guionista de La exorcista (2022).
Este mes de mayo, la cartelera ofrece un festín de esta dualidad: desde el terror folclórico de El ritual del nahual, de Carlos Matienzo Sermet —que continúa en algunas salas—, hasta propuestas más psicológicas como No dejes a los niños solos, que busca recuperar la atmósfera de los años ochenta para hablar de temas actuales como la neurodivergencia y la resiliencia femenina.
Cine de autor tras la máscara del miedo
Portes, conocido anteriormente por su trabajo en la comedia negra, ve en el terror un vehículo para la exploración artística seria. “El terror serio en México tiene una estirpe que va desde Taboada hasta el cine moderno de Guillermo del Toro o Issa López”, comenta. A pesar del éxito del género, que se ve reflejado en festivales como Macabro o Feratum, el director señala que el terror aún enfrenta barreras institucionales, mencionando incluso dificultades para ser exhibidos en espacios como la Cineteca Nacional debido a prejuicios.
Ana Serradilla, protagonista de la cinta de Portes, describe el proceso de rodar terror como una experiencia de “vulnerabilidad extrema”. Para ella, interpretar a Catalina, una viuda que enfrenta fuerzas inexplicables en la década de los ochenta, fue un reto que demuestra que el género requiere de una construcción de personaje tan sólida como cualquier drama premiado.
Para los distribuidores, el filtro para elegir qué historias llevar al cine se ha vuelto más exigente. Karam explica que, en Imagen Films, el primer criterio es siempre el guion, seguido de los valores de producción. “Al estar A24 inmerso, sabemos del pedigrí con el que cuenta la película”, señala, refiriéndose a cómo el éxito de títulos recientes como Longlegs ha preparado el terreno para propuestas más arriesgadas. El objetivo final es “reforzar la industria en México” trayendo variedad y películas que desafíen las expectativas del espectador.
La industria parece estar de acuerdo en un punto: el terror ya no es un género de nicho en México, es el motor que está impulsando la recuperación de las salas tras la pandemia. Ya sea a través de la nostalgia de los ochenta, los mitos prehispánicos de los nahuales o las pesadillas de los Backrooms, el cine de género está demostrando que para llenar las salas no siempre se necesitan héroes en mallas, sino una buena historia que nos recuerde por qué nos asusta lo desconocido y lo que no siempre se puede explicar.
En este mayo cargado de sombras, el cine mexicano no solo busca asustar, sino también consolidar un idioma propio que pueda exportarse al resto del mundo. Como dice Cueva, “el público de terror es muy fiel y cariñoso; llena las salas y busca que lo reten”. Y, por ahora, parece que la industria está más que dispuesta a aceptar el desafío.
Algunos títulos en cartelera y próximos a estrenarse
No dejes a los niños solos(México), dirigida por Emilio Portes
Una madre se muda a una casa nueva con sus dos hijos. Una noche debe dejar a los hermanos solos en casa. Lo que comienza como una explosión de juego despreocupado pronto se convierte en una claustrofóbica historia de terror.
Backrooms: sin salida (Estados Unidos), dirigida por Kane Parsons [Estreno 27 de mayo]
Una extraña puerta aparece en el sótano de una exposición de muebles. Cuando el paciente de una terapeuta desaparece en una dimensión más allá de la realidad, ella deberá adentrarse en lo desconocido para intentar salvarlo.
El ritual del nahual (México), dirigida por Carlos Matienzo Serment
Un hombre herido escapa de un ataque. En un pueblo, un policía investiga escalofriantes asesinatos de niños con los dientes extraídos. El caso revela un misterio de misticismo y leyendas sobre nahuales.
Undertone: Frecuencia Maldita (Canadá), dirigida por Ian Tuason
Cuando la presentadora de un popular podcast sobre fenómenos paranormales se muda para cuidar a su madre moribunda, comienza a ser atormentada por unas grabaciones aterradoras que le envían misteriosamente.
Obsession (Estados Unidos), dirigida por Curry Barker
El anhelo romántico desesperado de un chico por su amor platónico de toda la vida desencadena un siniestro hechizo: Niki se vuelve irracionalmente obsesiva hasta convertirse en la sombra de Bear. Una fantasía aparentemente inofensiva que se convertirá en una perturbadora pesadilla. (E).