Home PoliticsKast desarma la reforma pesquera de Boric y reabre una vieja batalla por el control del mar

Kast desarma la reforma pesquera de Boric y reabre una vieja batalla por el control del mar

by Phoenix 24

Cuando un gobierno retira una ley, también redefine a quién protege.

Santiago, marzo de 2026

La decisión del gobierno de José Antonio Kast de retirar del Congreso la Ley de Pesca impulsada por la administración de Gabriel Boric no es un simple ajuste legislativo ni una corrección de trámite. Es un movimiento político de alto contenido simbólico que reabre uno de los conflictos más sensibles de la economía chilena: quién controla el acceso, la distribución y la legitimidad sobre los recursos del mar. La medida devuelve al centro una disputa histórica entre grandes intereses industriales, pesca artesanal, tecnocracia regulatoria y poder político. Cuando una reforma de este tipo se retira, no desaparece solo un proyecto. También regresa el mapa de fuerzas que intentaba modificar.

La ley que impulsó Boric buscaba reemplazar el marco heredado de la llamada Ley Longueira, convertida durante años en emblema de captura regulatoria, privilegio empresarial y descrédito institucional. Su sola existencia estuvo marcada por una carga política mayor que la de cualquier discusión sectorial ordinaria. No se trataba únicamente de cuotas, licencias o criterios de explotación. Se trataba de corregir una arquitectura percibida por amplios sectores como estructuralmente sesgada en favor de los grandes actores de la industria. Por eso su retiro tiene una lectura inmediata: el nuevo gobierno no solo congela una reforma, sino que interrumpe una promesa de reequilibrio.

El gesto de Kast debe leerse dentro de una lógica más amplia de reposicionamiento ideológico del Estado chileno. Su administración llegó al poder con una narrativa de orden, desregulación, corrección de excesos del ciclo anterior y revisión de iniciativas asociadas al reformismo de Boric. En ese contexto, retirar la ley pesquera funciona como una señal de coherencia hacia su base política y hacia sectores económicos que ven con desconfianza los intentos de rediseñar marcos regulatorios sensibles. Lo que se comunica no es solo una diferencia técnica sobre el texto. Se comunica una distinta concepción del vínculo entre Estado, mercado y recurso estratégico.

Pero el problema es que la pesca en Chile no admite una lectura puramente doctrinal sin costo político. Es un sector donde convergen empleo, identidad territorial, economías locales, soberanía alimentaria y memoria de desigualdades regulatorias. Por eso la reacción adversa de sectores vinculados a la pesca artesanal era previsible. Para muchos de esos actores, el retiro no se interpreta como una pausa administrativa ni como una búsqueda de mejora legislativa. Se interpreta como la amenaza de una restauración indirecta del orden anterior, es decir, como la prolongación de un sistema que ya consideraban injusto.

Ahí aparece el verdadero núcleo de la disputa. El conflicto pesquero chileno nunca ha sido solamente jurídico ni exclusivamente productivo. Es un conflicto sobre legitimidad distributiva y sobre la capacidad del Estado para demostrar que no legisla capturado por intereses concentrados. Si el gobierno de Kast no reemplaza con rapidez el proyecto retirado por una propuesta creíble, el vacío político no será neutral. Ese vacío tenderá a ser leído como una victoria de quienes mejor resisten cualquier redistribución del poder regulatorio sobre el mar.

Además, el retiro ocurre en un momento particularmente delicado para la legitimidad de las instituciones. Chile viene de años de polarización, mutación electoral y fatiga cívica, donde cada decisión del Ejecutivo se interpreta rápidamente como parte de una batalla de restauración o desmontaje. En ese clima, una ley asociada a corregir uno de los símbolos más cuestionados del modelo anterior no puede ser removida sin producir lectura de retroceso. Aunque el gobierno insista en que busca perfeccionar o reordenar la iniciativa, la política rara vez concede el beneficio de la neutralidad cuando los símbolos son tan densos.

También hay una dimensión temporal que pesa. Retirar un proyecto heredado en las primeras semanas de una nueva administración sirve para mostrar autoridad, pero también obliga a asumir el costo de la sustitución. Gobernar no es solo desmontar el texto del adversario, sino demostrar que se tiene uno mejor, más viable y más legítimo. Si ese reemplazo no aparece o llega debilitado, Kast corre el riesgo de convertir una señal de firmeza en una señal de vacío. Y en temas donde la disputa no es abstracta, sino territorial y material, el vacío suele llenarse con conflicto.

Por eso esta decisión no debería verse como una noticia sectorial menor. Lo que está en juego no es únicamente el destino de una norma, sino la dirección política de la relación entre el Estado chileno y sus recursos estratégicos. La pesca vuelve a convertirse en termómetro de algo más grande: el tipo de país que la nueva derecha quiere administrar y el tipo de desigualdades regulatorias que está dispuesta a tolerar o a preservar. Kast ha retirado una ley, sí, pero con ello también ha reactivado una vieja sospecha chilena: que detrás de cada reforma suspendida siempre hay intereses que vuelven a respirar.

Detrás de cada dato, hay una intención. Detrás de cada silencio, una estructura.
Behind every datum lies an intention. Behind every silence, a structure.

You may also like