A través de los años, el turismo se ha diversificado hasta convertirse en uno de los sectores económicos que crecen con mayor rapidez en el mundo, asegura la Organización Mundial del Turismo (OMT). De hecho, continúa, “el volumen de negocio iguala o incluso supera al de las exportaciones de petróleo, productos alimentarios o automóviles”.
Otro factor que afecta el desarrollo del turismo es el cambio climático. Según destaca la red One Planet Vision para una recuperación responsable del sector turístico, facilitada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), el clima no solo condiciona el acceso a los recursos ambientales sino que define la duración y la calidad de las temporadas turísticas
A su vez, reconoce que esta actividad contribuye a la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) causantes del calentamiento global.
Una alternativa que se posiciona como superadora a otras formas de hacer turismo, es la regenerativa. ¿De qué se trata y cuáles son sus beneficios?
Qué es el turismo regenerativo
“No hay una definición precisa de turismo regenerativo como consecuencia de que no hay una sola línea de pensamiento en la cual se inspire”, comenta a National Geographic Alexa Pauls, maestra en Antropología e Historia y directora del área académica de Turismo Sostenible de la Universidad de Medio Ambiente (UMA) de México.
No obstante, señala que hay tres pilares interrelacionados que caracterizan este concepto y que permiten entenderlo. Según la experta, la regeneración analiza el sistema del lugar y crea beneficios que lo nutren, crea empleo y condiciones dignas de trabajo; atiende a las relaciones entre la población local, la conexión del turista consigo mismo y con el lugar; y genera un contexto para que todos los integrantes de este sistema puedan desarrollar su pleno potencial.
Y resume: “Un proyecto de turismo regenerativo parte de una lectura del lugar con visión sistémica, promueve las relaciones entre los seres que cohabitan y visitan un destino, crea condiciones a favor de todas las formas de vida del lugar e incluye acciones de prevención, mitigación, compensación y conservación y genera beneficios para la comunidad anfitriona, las personas viajeras y el destino”.
Esta modalidad plantea una nueva relación armónica entre el individuo, la naturaleza y la sociedad, comenta a este medio Martín Araneda, ingeniero comercial, consultor y facilitador de turismo y desarrollo regenerativo y cofundador de la iniciativa global Turismo Regenerativo.
Así, se entiende al mundo “como un organismo vivo, integrado en una relación de coevolución con la naturaleza donde las comunidades locales se organizan desde una identidad propia y desde el sentido del lugar”.
Además, el impacto que se genera desde esta nueva perspectiva es positivo, es decir que el sistema “devuelve más de lo que toma y se ocupa de mejorar las capacidades que sostienen la vida del sitio”.

Gers (tipo de viviendas característico de Asia Central) en el Three Camel Lodge situado en el desierto de Gobi en Mongolia.
Cuál es la diferencia entre turismo regenerativo, convencional y sustentable
El turismo regenerativo se diferencia de la manera tradicional o convencional porque este último se enfoca en complacer al turista. Los operadores y prestadores de servicio tratan de cumplir todos los deseos de esta persona, explica Pauls.
Además, los beneficios se miden con indicadores económicos pero no se precisa a dónde llegan esos recursos. “Esto puede causar daños medioambientales y tensiones sociales porque todo está hecho a costa de la población y de los recursos locales”.
“El desarrollo convencional es degenerativo, deja los lugares en peores condiciones de lo que estaban y coarta la capacidad de los ecosistemas para sostener la vida”, agrega Araneda.
Por otro lado, también se diferencia del turismo sostenible cuyo enfoque es hacer el menor daño posible, pero “no cambia su forma de pensar la producción y la economía”.
Incluso, plantea Pauls, se distingue del turismo de conservación “en el que los recursos que gasta el turista son invertidos en programas de conservación de flora y fauna”. Si bien tiene un impacto positivo, la conservación también resulta insuficiente.
Por eso, “la idea del turismo regenerativo va un poco más allá, no se trata solamente de conservar, sino también de regenerar y reparar el daño realizado”.
Por lo tanto, se centra en el destino, en las comunidades locales, en el medio ambiente y no en el turista o en el aspecto económico.
En síntesis, se persigue el objetivo de que todos los componentes puedan experimentar bienestar como una actividad que aporta al tejido social y a la identidad local.
“La regeneración se plantea a sí misma aprendiendo e imitando a la naturaleza. Podemos generar un impacto positivo a través de lo que hacemos y por eso hay mucha inspiración que viene de observar lo natural”, añade el experto.
Cuáles son los principios del turismo regenerativo
Araneda sostiene que el turismo regenerativo se basa en ciertos principios fundamentales. En primer lugar, se centra en atender la vida, la salud y la resiliencia, factores que inciden en las comunidades, pueblos y ciudades.
Esto conlleva a que los beneficios aumenten para todos y se valore la innovación, la integración social, la revitalización de la cultura y sus formas de vida, la restauración ecológica y la protección de lugares para la conservación como sitios de inspiración profunda y resguardo del origen y su memoria.
“La búsqueda del sentido del lugar es esencial ya que desde sus características y cualidades únicas enraizadas en su historia natural y cultural se puede encontrar el potencial inherente que tiene”, agrega el especialista chileno. De manera que el desarrollo turístico favorece el estilo de vida de sus habitantes.
El turismo regenerativo también propone diseñar experiencias que acompañen el ritmo de la naturaleza y la cultura del lugar. Por ejemplo, Araneda sugiere prácticas que atiendan a las cuatro estaciones del año, al calendario agrícola y a las fiestas culturales ancestrales y contemporáneas.
Por otra parte, se ocupa de promover una movilidad limpia y saludable. Preferir caminatas o el uso de bicicletas, el transporte público eléctrico y dejar como última opción el automóvil.
“El propósito de generar valor integral y la experiencia como momento cúspide nos lleva a diseñar y generar condiciones donde los viajeros, que vienen en general de las grandes urbes, con mucho estrés y falta de conexión con el medio ambiente, puedan conectar profundamente consigo mismo, con los otros y con la naturaleza para hallar salud física, emocional y sentido de vida”, agrega el experto.
Por último, también fomenta prácticas vinculadas a la agricultura local que mejoran la fertilidad de los suelos y aseguran el acceso a los alimentos para la comunidad. (NG):