Home PolíticaRodrigo Paz promete un gobierno de unidad nacional sin crisis económica ni impunidad judicial

Rodrigo Paz promete un gobierno de unidad nacional sin crisis económica ni impunidad judicial

by Phoenix 24

El candidato que desafió dos décadas de hegemonía política propone un cambio estructural en el modelo boliviano.

La Paz, septiembre de 2025. Rodrigo Paz Pereira, senador y exalcalde de Tarija, se ha convertido en la figura política más disruptiva del panorama boliviano reciente. Su sorpresivo triunfo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales con el 32,1 % de los votos lo colocó en el centro del tablero político y lo proyecta como el principal contendiente en la segunda vuelta del próximo 19 de octubre. En un país marcado por la polarización, el discurso de Paz —centrado en la reconciliación, la reactivación económica y el fortalecimiento del Estado de derecho— busca romper con dos décadas de dominio del Movimiento al Socialismo y abrir un nuevo ciclo político.

La campaña de Paz se ha construido sobre tres ejes fundamentales: estabilidad macroeconómica, justicia institucional y pluralismo político. Su promesa de “gobernar para todos” pretende trascender las divisiones entre oficialismo y oposición, apostando por un gobierno de coalición con amplios acuerdos sociales. En el plano económico, propone un programa de inversión de aproximadamente 4.000 millones de dólares entre capital público y privado destinado a reactivar la industria nacional, reducir el déficit fiscal y mejorar la infraestructura productiva. Según analistas del Banco Interamericano de Desarrollo, un paquete de ese tamaño podría generar hasta 300.000 empleos en un plazo de tres años si se acompaña de incentivos regulatorios adecuados.

Paz también ha hecho de la lucha contra la impunidad uno de los pilares de su campaña. Su propuesta incluye una reforma integral del sistema judicial que garantice independencia del poder político, evaluaciones periódicas de jueces y fiscales, y mecanismos de participación ciudadana en la designación de autoridades. El objetivo, según ha explicado en diversos foros, es “restablecer la confianza en la justicia y asegurar que nadie esté por encima de la ley”. Esta agenda responde al creciente descontento ciudadano con el aparato judicial boliviano, percibido como ineficiente y permeable a la corrupción, según estudios recientes de la Fundación Jubileo.

En política exterior, Paz busca reposicionar a Bolivia en un mundo cada vez más fragmentado. Ha expresado su intención de fortalecer las relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea, pero sin romper con socios estratégicos como Brasil, Argentina y China. Su postura combina pragmatismo económico con un énfasis en la soberanía nacional, y rechaza explícitamente cualquier alineamiento con regímenes autoritarios. En declaraciones recientes, enfatizó que “Bolivia no puede aislarse del mundo, pero tampoco debe hipotecar sus principios democráticos por conveniencias coyunturales”.

El contexto en el que emerge su candidatura explica parte de su ascenso. Tras casi veinte años de hegemonía del Movimiento al Socialismo y un largo ciclo político iniciado con Evo Morales, la sociedad boliviana muestra señales de agotamiento. Las denuncias de corrupción, el estancamiento del crecimiento económico, la politización de la justicia y el deterioro institucional han generado un ambiente propicio para el surgimiento de alternativas. Según sondeos publicados por el Centro de Estudios de Opinión Pública, más del 60 % de los bolivianos considera que el país necesita un “cambio profundo” en la dirección política y económica.

La campaña de Paz también ha sabido capitalizar el descontento con el sistema de partidos. Su perfil moderado le ha permitido atraer votos tanto de sectores conservadores como progresistas, y su discurso centrado en la gestión técnica ha tenido eco en la clase media urbana, un electorado decisivo en las últimas elecciones. Además, su compañero de fórmula, Edmand Lara —reconocido por su labor en la lucha contra la corrupción dentro de la Policía—, refuerza el mensaje de renovación institucional que busca transmitir la candidatura.

Sin embargo, el camino hacia el poder no está exento de desafíos. En la segunda vuelta deberá enfrentarse a Jorge Quiroga, expresidente y candidato con amplia experiencia, quien todavía lidera las encuestas por un estrecho margen. Los analistas anticipan una campaña polarizada en la que el debate sobre el futuro económico del país y la relación con el exterior será determinante. También jugarán un papel clave las alianzas políticas en el Congreso, ya que ningún partido tendrá mayoría absoluta, lo que obligará a construir consensos para gobernar.

Más allá de la contienda electoral, el posible triunfo de Rodrigo Paz tendría implicaciones regionales. Un giro político en Bolivia podría reconfigurar el equilibrio ideológico en América del Sur, especialmente en un contexto donde varios gobiernos buscan renovar sus modelos de desarrollo ante la desaceleración económica global. Organismos como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe señalan que Bolivia enfrenta el reto de diversificar su matriz productiva y reducir su dependencia del gas, una meta que requerirá reformas estructurales profundas.

La propuesta de Paz no está exenta de escepticismo. Algunos críticos sostienen que su programa económico podría ser difícil de financiar sin endeudamiento externo, mientras que sectores de izquierda lo acusan de favorecer los intereses empresariales. A pesar de ello, el candidato insiste en que su proyecto combina responsabilidad fiscal con políticas sociales sostenibles, y que su meta es “construir un Estado moderno que proteja a los vulnerables sin frenar la iniciativa privada”.

El 19 de octubre será una fecha decisiva no solo para Rodrigo Paz, sino para el futuro de Bolivia. Lo que está en juego trasciende un simple cambio de gobierno: se trata de definir si el país opta por continuar con un modelo político que ha dominado por dos décadas o emprende un camino de transformación basado en consenso, institucionalidad y crecimiento inclusivo.

Hechos que no se doblan. / Facts that do not bend.

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