Home TechnologyLa IA ya está transformando el empleo: Salesforce eliminó 4 000 puestos para dar lugar a la automatización

La IA ya está transformando el empleo: Salesforce eliminó 4 000 puestos para dar lugar a la automatización

by Phoenix 24

Cuando la promesa de eficiencia encuentra la presión del cambio, el equilibrio laboral se redefine.

San Francisco, septiembre de 2025.

El CEO de Salesforce, Marc Benioff, anunció un cambio profundo en la estructura de su empresa. La compañía redujo su plantilla de soporte al cliente de 9 000 a alrededor de 5 000 personas. Esta reducción de 4 000 puestos de trabajo fue posible gracias al despliegue de agentes de inteligencia artificial, un movimiento que, según Benioff, ha marcado uno de los períodos más innovadores de su carrera. La cifra refleja uno de los casos más explícitos de reemplazo de mano de obra humana por sistemas automatizados en el sector tecnológico global.

Benioff explicó que la implementación de lo que llamó “agentic AI” permitió cubrir la mitad de las interacciones de soporte. La automatización redujo el volumen de casos gestionados por personas y provocó una caída en los costos operativos cercana al 17 %. Más que una simple reducción de personal, se trató de un cambio en la lógica laboral de la empresa, en la que la tecnología pasó de apoyar tareas a hacerse cargo de ellas con autonomía creciente.

Este episodio pone luz sobre una preocupación más amplia: el impacto que la inteligencia artificial puede tener en millones de empleos en Estados Unidos. De acuerdo con estimaciones recientes, hasta 45 millones de puestos podrían desaparecer antes de 2028, especialmente en sectores donde la automatización puede sustituir funciones repetitivas, como la asistencia administrativa, el comercio minorista y el soporte al cliente.

El fenómeno no es exclusivo de Salesforce. Un informe de la Universidad de Stanford reveló que entre 2022 y mediados de 2025 el empleo entre desarrolladores de software jóvenes cayó casi un 20 %. La demanda se concentra ahora en profesionales senior capaces de integrar su experiencia con herramientas como Cursor o Claude Code. La tecnología está transformando no solo la cantidad de empleos disponibles, sino también los perfiles más valorados, priorizando la capacidad de adaptación, la especialización y la colaboración humano-máquina.

Para la fuerza laboral, el desafío es evidente: necesita reinventarse. Datos recientes muestran que cerca de la mitad de los trabajadores no utiliza la inteligencia artificial en todo su potencial y un 30 % admite escasa familiaridad con estas herramientas. Además, más de un 31 % reconoció haber exagerado sus competencias digitales durante procesos de reclutamiento. Estas brechas afectan la capacidad de adaptación de los mercados laborales y explican por qué un tercio de los directivos ya incorpora el dominio de la IA como criterio fundamental de selección y evaluación de talento.

El reskilling, o capacitación en nuevas habilidades, se ha convertido en una urgencia. No obstante, muchos empleados perciben que aprender estas tecnologías implica una carga adicional sobre sus responsabilidades diarias, lo que genera fatiga y ansiedad. El problema se acentúa en sectores donde los empleos de entrada eran el primer escalón de carreras ascendentes, un camino que ahora se desdibuja. Sin estas etapas iniciales, la movilidad laboral se ve amenazada y aumenta el riesgo de estancamiento para miles de trabajadores jóvenes.

Frente a esta situación, algunos analistas proponen soluciones estructurales. Entre ellas destaca la idea de implementar un ingreso básico universal como red de seguridad para quienes atraviesen períodos de reconversión laboral. El objetivo sería garantizar estabilidad en un escenario donde la sustitución de empleos por sistemas automatizados puede llegar más rápido que la creación de nuevas oportunidades.

Lo que está en juego es más que un recorte empresarial. La inteligencia artificial se convierte en un factor estructural del nuevo mundo laboral. Si bien puede liberar a los trabajadores de tareas repetitivas y permitirles concentrarse en funciones de mayor valor, el riesgo es que el ritmo de la transformación supere la capacidad de adaptación de las personas y de las instituciones. La sociedad deberá equilibrar innovación y responsabilidad, para que la eficiencia no se traduzca en desigualdad.

El futuro del trabajo dependerá de tres pilares. En primer lugar, de las empresas, que tendrán que diseñar procesos de transición con sensibilidad social y visión estratégica. En segundo lugar, de los trabajadores, que deberán asumir la necesidad de aprender y reinventarse en un entorno cambiante. Y finalmente, de los gobiernos, que deberán acompañar con políticas públicas que mitiguen el impacto del desempleo tecnológico y promuevan la inclusión digital.

La inteligencia artificial ya no es solo una herramienta, sino una fuerza que reconfigura el contrato social. Puede optimizar procesos y abrir nuevas oportunidades, pero también redefinir quién trabaja, cómo lo hace y bajo qué condiciones. La pregunta no es si desplazará empleos, sino si la sociedad será capaz de usarla como palanca para reinventar el trabajo humano, en lugar de limitarse a sustituirlo.

Contra la propaganda, memoria.
Against propaganda, memory.

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