Ginebra, julio de 2025
La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OHCHR) informó que al menos 798 palestinos han perdido la vida mientras procuraban ayuda alimentaria en Gaza desde finales de mayo. Una cifra alarmante que revela una falla estructural en la entrega de ayuda humanitaria en medio del conflicto que ha cobrado más de 57,000 vidas en la Franja desde octubre de 2023.
De ese total, 615 víctimas fueron reportadas cerca de centros de distribución operados por la recién creada Fundación Humanitaria de Gaza (GHF), apoyada por Estados Unidos e Israel; otras 183 murieron en rutas de convoyes de ayuda. El mecanismo de distribución, diseñado para reemplazar la red anterior supervisada por la ONU, ha sido criticado por organizaciones internacionales por violar los principios humanitarios de neutralidad e imparcialidad, y por convertirse en un posible “campo de muerte” para quienes acuden en busca de alimentos.
La portavoz de la OHCHR, Ravina Shamdasani, declaró que la mayoría de estos decesos ocurrieron debido a disparos, en un entorno donde el acceso a alimentos se ha transformado en una trampa mortal. La GHF ha rechazado las cifras y atribuye las muertes a actos violentos no relacionados con sus centros, un argumento cuestionado por Naciones Unidas y organizaciones como Amnistía Internacional, que califican el sistema como “un arma de hambre” y advierten del riesgo de crímenes de guerra e incluso genocidio.

La réplica internacional no se ha hecho esperar. La Unión Europea evalúa sanciones a responsables políticos israelíes y suspendió acuerdos comerciales en respuesta a violaciones del derecho internacional. Países como Reino Unido, Francia y Suiza también han demandado investigaciones independientes, mientras organizaciones humanitarias internacionales exigen la inmediata reestructuración de los procedimientos de ayuda, evitando situaciones de violencia cerca de zonas militares.
La Fundación Humanitaria de Gaza, creada en mayo, solo ha dispuesto cuatro centros de distribución, y ha movilizado raciones para pocos miles de personas, lejos de cubrir las necesidades de los más de 2.3 millones de desplazados, según datos de Naciones Unidas y OCHA.
A esto se suma un crecimiento de la malnutrición aguda entre mujeres embarazadas y niños, según relatan equipos de Médicos Sin Fronteras, que confirman un aumento exponencial de casos críticos en los últimos dos meses. Las carencias de combustible, medicinas y refugio presionan aún más un sistema ya colapsado.
Desde el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), analistas explican que el modelo militarizado de ayuda debilita la percepción de neutralidad, convierte los campos de distribución en objetivos, y erosiona la confianza con organizaciones con décadas de presencia en Gaza. La ONU sostiene que solo con intercambio de información, rutas seguras certificadas y prevención de concentraciones violentas podrá restablecerse un sistema confiable y efectivo.

Mientras tanto, decenas de miles de personas siguen desplazadas, sobreviviendo en campamentos precarios sin acceso a necesidades básicas. El panorama humanitario se agrava a medida que fallas logísticas y de protección se traducen en violencia sobre población civil. La pregunta es si la comunidad internacional logrará transformar las advertencias en acción efectiva y revertir la tendencia de muertes por hambre y disparos.
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