Una frase que trasciende el balón: cuando el expresidente opina, el mundo escucha, incluso sobre fútbol.
Nueva York, julio de 2025 —
En un giro inesperado que mezcla espectáculo, nostalgia y estrategia mediática, Donald Trump volvió a ocupar titulares, no por sus movimientos de campaña ni por escándalos judiciales, sino por una afirmación aparentemente inocente: “Diría que fue el más grande”, dijo al referirse al mejor futbolista de todos los tiempos. Aunque no pronunció el nombre directamente, su declaración fue ampliamente interpretada como un respaldo a Pelé, leyenda brasileña del balompié.
La frase, breve pero calculada, fue pronunciada durante una entrevista televisiva transmitida desde su finca en Mar-a-Lago, en la que también abordó temas de política exterior, inmigración y economía. El comentario sobre fútbol apareció en medio de una digresión sobre el legado de líderes y figuras que “trascienden su época y su país”, una narrativa que Trump ha utilizado antes para reforzar su propia imagen.
El contexto de su declaración no es trivial. En plena precampaña presidencial rumbo a noviembre de 2026, cada aparición pública del expresidente estadounidense se encuentra meticulosamente diseñada. “No hay casualidades en su discurso”, afirmaron asesores políticos consultados por Phoenix24, quienes interpretan la mención futbolística como un intento de apelar al electorado latino, especialmente al votante brasileño-americano en estados clave como Florida y Texas.
Según reportes del Pew Research Center, el voto latino se ha convertido en un factor determinante en las elecciones estadounidenses, y los símbolos culturales compartidos —como el fútbol— son aprovechados cada vez más como puentes simbólicos. Al evocar a Pelé, figura universal y símbolo de excelencia sin polémicas personales, Trump activa una narrativa emocional positiva que trasciende la política.
Expertos del Instituto Lowy de Australia, consultados en su reciente análisis de diplomacia blanda, señalan que las figuras del deporte y la cultura popular son empleadas como “vehículos diplomáticos no convencionales” para conectar con audiencias que desconectan del discurso político tradicional. En esa línea, Trump podría estar utilizando el elogio a Pelé como parte de una estrategia de rebranding ante una opinión pública cada vez más polarizada.
No obstante, la reacción no fue unánime. Desde Argentina, diversos medios replicaron la declaración con una mezcla de ironía y desdén. “Trump opina, Maradona ríe desde el cielo”, tituló un diario bonaerense. El canal brasileño Globo Esporte celebró el reconocimiento, mientras que analistas de ESPN destacaron cómo incluso en temas deportivos, Trump logra redirigir la atención hacia sí mismo.
El juego geopolítico no está ausente. China, por ejemplo, ha invertido millones en su industria futbolística nacional como instrumento de proyección internacional. El reconocimiento implícito de Trump a una figura latinoamericana podría ser leído también como un posicionamiento simbólico dentro de la competencia por el soft power global, particularmente frente al avance asiático en estos terrenos.

Trump presenció la final del Mundial de Clubes (Reuters)
Desde la perspectiva sociopolítica, el gesto también genera tensión narrativa dentro del electorado MAGA. Parte de su base más conservadora percibe estas referencias culturales como distracciones innecesarias, mientras otros segmentos más jóvenes y latinos las valoran como gestos de cercanía. “La mención no es sobre fútbol, es sobre quién puede representar valores universales sin controversia”, expresó un consultor del Partido Republicano bajo anonimato.
Trump ha sido hábil en construir su imagen sobre la idea de “lo más grande”, apelando constantemente a superlativos —desde “el mejor acuerdo comercial” hasta “la economía más fuerte de la historia”. Ahora, ese molde se proyecta al deporte, estableciendo una equivalencia simbólica entre liderazgo político y excelencia atlética.
En un escenario internacional cargado de incertidumbres —guerra tecnológica, conflictos en el Mar de China Meridional, y tensiones migratorias en la frontera sur—, incluso una declaración sobre fútbol puede ser interpretada como un gesto diplomático. La diplomacia pop no está reservada solo para celebridades: líderes como Trump han entendido que la cultura también es una herramienta de poder.
En ese marco, se abren posibles escenarios:
Si la narrativa continúa sin alteraciones, Trump podría capitalizar su estrategia de soft power cultural, fortaleciendo su conexión con sectores de votantes despolitizados pero emocionalmente activos.
En un giro disruptivo, la reacción adversa de otros íconos deportivos —o el uso instrumental del comentario en campañas ajenas— podría revertir el efecto buscado y abrir frentes innecesarios.
Por último, una bifurcación estratégica vendría si otro actor político de peso (como Ron DeSantis o incluso Joe Biden) decide apropiarse de símbolos similares, elevando el fútbol —o sus ídolos— a nuevos territorios del discurso político estadounidense.
Esta nota fue elaborada por el equipo editorial de Phoenix24 con base en información pública, fuentes internacionales verificadas y análisis geopolítico independiente.
This article was produced by the Phoenix24 editorial team based on public information, verified international sources, and independent geopolitical analysis.