En un encuentro íntimo en Rosario, la escritora argentina explora cómo la migración de los hijos transforma la identidad, el duelo y la esperanza.
Rosario, octubre de 2025
Silvina Scheiner llega esta semana a Rosario para presentar Distancias del corazón, una obra profundamente personal surgida de la experiencia de ser madre cuando los afectos se reparten entre continentes. Cuando su hija Maia viajó a Australia y decidió no regresar, Scheiner enfrentó un quiebre emocional que comparten miles de madres cuyos hijos viven lejos. Su libro y ahora su conferencia pública buscan construir un camino entre dos realidades complementarias: la ausencia y la reconstrucción del vínculo.
En la actualidad, cerca de dos millones de argentinos residen fuera del país. Muchos lo hacen en España, Irlanda, Australia o el sudeste asiático en busca de oportunidades académicas o laborales. Si bien sus logros son motivo de orgullo, el costo emocional de su partida suele permanecer en silencio. “Somos una generación que entregó a sus hijos al mundo”, afirma Scheiner. “Pero nadie nos preparó para el vacío que dejan”. Ese vacío no se limita al asiento vacío en la mesa familiar, sino que se extiende a una geografía interior que se transforma con el tiempo y que está hecha de recuerdos, nostalgia y reinvención.
Scheiner recuerda con claridad los meses de aislamiento durante la pandemia, cuando lo que parecía un viaje temporal se convirtió en distancia indefinida. Habla de los cumpleaños ausentes, de las llamadas que deben coordinarse entre husos horarios, del peso de envejecer sin la cercanía física de un hijo. Sin embargo, también narra un proceso de adaptación: la madre, dice, debe convertirse en narradora de la distancia, traduciendo la ausencia en nuevas formas de conexión. Las videollamadas, las listas de reproducción compartidas, los libros leídos al mismo tiempo o los gestos simbólicos que cruzan océanos se vuelven hilos que sostienen el vínculo.

El evento que Scheiner presentará en el Museo Estevez adopta el formato de conferencia performática, combinando narración, diálogo con el público y reflexión colectiva entre las llamadas “madres de hijos migrantes”. Durante la actividad se compartirán estrategias para transformar la ausencia en una presencia constante: crear listas musicales que se escuchan al mismo tiempo, leer novelas en paralelo, enviarse cartas físicas que llegan con retraso o convertir las videollamadas en actos cotidianos esenciales en lugar de simples recursos auxiliares.
La autora también reflexiona sobre la paradoja que existe entre el orgullo y el dolor. Apoya la independencia y el crecimiento de Maia, pero al mismo tiempo enfrenta el temor de volverse una desconocida para ella. “Cuando un hijo se va”, reflexiona, “se convierte en alguien que dejamos ir y en alguien a quien esperamos volver a encontrar”. El reencuentro tras tres años de separación no fue sencillo. Maia había cambiado: sus historias, sus preocupaciones y sus ritmos eran distintos. La madre que se quedó también había cambiado. La relación no pudo retomarse donde se había interrumpido y debió construirse desde un nuevo punto de partida.
Para sobrellevar la distancia, Scheiner decidió abrirse a nuevas experiencias. Participó en talleres de teatro y humor, dio clases en la universidad, se unió a grupos de danza e incluso exploró aplicaciones de citas. Estas acciones no fueron simples distracciones, sino intentos de reencontrarse consigo misma más allá del rol maternal. Aun así, admite que ninguna actividad puede llenar por completo el vacío. “Siempre llevé un hueco dentro de mí”, confiesa. “Así que aprendí a respirar alrededor de él”.
El testimonio de Scheiner resuena con muchas historias migratorias en América Latina, donde los hijos parten en busca de horizontes que sus países no siempre pueden ofrecer. En ese proceso, el relato suele centrarse en los desafíos de quienes se van y deja en segundo plano el duelo silencioso de quienes se quedan. Distancias del corazón invierte ese enfoque, reclamando atención para el trabajo emocional que implica reconstruir la identidad cuando la presencia adopta nuevas formas.
La conferencia en Rosario no busca cerrar heridas sino abrir conversaciones. Scheiner invita a las familias a comprender la ausencia no como una pérdida definitiva, sino como un espacio fértil para crear nuevas formas de cercanía. El objetivo no es reproducir el pasado, sino tejer un vínculo adaptado a geografías cambiantes, uno que acepte la distancia sin renunciar a la intimidad.
Cada silencio habla. / Every silence speaks.