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La Pirámide del Sol en Teotihuacán: El enigma de la cueva subterránea

by Phoenix 24

Teotihuacán es uno de los principales destinos turísticos de carácter arqueológico en México, casi dos millones de personas visitaron esta urbe prehispánica en el año 2023. La Pirámide del Sol es la principal construcción de Teotihuacán, mide 225 metros por lado y alcanza los 65 metros de altura; se trata de un edificio con un volumen de un millón de metros cúbicos. Estas dimensiones hacen de la pirámide un monumento que se distingue desde la distancia, es tan destacada en el paisaje que fijó el interés de la arqueología mexicana desde inicios del siglo XX, pues fue intervenida en el año de 1905 por Leopoldo Batres para que estuviera dispuesta durante los festejos por el Centenario de la Independencia de México, que se celebraron en 1910.

La ciudad de los dioses

La Pirámide del Sol se construyó en una sola etapa, a diferencia de otras pirámides de Mesoamérica que fueron creciendo en volumen sobreponiéndose varias fases constructivas con el paso de los años. Su edificación fue en el inicio de nuestra era durante la fase denominada Tzacualli. Estudios recientes apuntan que se levantó en menos de 140 años valiéndose de una fuerza de trabajo de 12,000 a 14,000 hombres.

Teotihuacán como capital monumental captura el espacio por ser colosal, su magnificencia es la garantía de su permanencia en el tiempo otorgando sentido a la historia de México, porque sus edificios han desafiado a la gravedad por dos mil años, haciéndola la primera gran urbe de las Américas. En su apogeo, entre los años 350 al 450 d.C., fue una de las metrópolis preindustriales más gloriosas del mundo, pues estuvo habitada por más de 12,000 personas provenientes de diferentes pueblos, fue una localidad cosmopolita de 20 kilómetros cuadrados que albergaba lo más destacado en su momento del arte, ciencia y religión de Mesoamérica.

Aspecto hipotético de la Pirámide del Sol.
Aspecto hipotético de la Pirámide del Sol.Ignacio Marquina

La cultura teotihuacana abarca un amplio periodo que va del año 200 a.C., hasta el 700 d.C. Para inicios del siglo VIII encuentra su decadencia y posteriormente su abandono. Siglos después, cuando los mexicas (aztecas) arriban a la cuenca de México antes de fundar Tenochtitlan —la actual capital de México— encontraron los restos de esta ciudad milenaria a la que consideraron el lugar donde fueron hechos los dioses según su leyenda del Quinto Sol, pues la asumían imposible de ser erigida por los hombres, de ahí el nombre con la que la que la conocemos en la actualidad compuesta de los vocablos en lengua náhuatl: teolt, ‘dios’; hua, ‘posesivo’; y can, ‘lugar’ o ‘ciudad’, es la “La Ciudad de los Dioses”. Aunque un estudio reciente asume que el nombre original es Teo huacan como se registra en el Códice Xólotl, pues con el tiempo y la hispanización este vocablo se corrompió, de ser así, Teotihuacán es Teo huacan, que se traduce como “La Ciudad del Sol”.

La pirámide y la Calzada de los Muertos

Teotihuacán como metrópoli fue una urbe planificada de traza ortogonal, por cientos de años fue asombrosamente funcional gracias a su infraestructura con un drenaje que desviaba los afluentes naturales evitando que se inundara. Es importante apuntar que carecía de murallas, tal era su poder y estabilidad que no requería de fortificaciones. De la traza urbana destaca la Calzada de los Muertos, una avenida monumental de cuatro kilómetros de largo por 50 metros de ancho, y a lo largo se edificaron 80 basamentos de distintos tipos y tamaños; los mexicas la llamaron así por creer que los basamentos de los costados eran tumbas. Esta avenida fue la columna vertebral de la ciudad, marcaba su simetría, su función, y además de ser escénica vinculaba a las pirámides del Sol y la Luna con 

EN SU APOGEO, AQUÍ ESTUVO LO MÁS DESTACADO DEL ARTE, CIENCIA Y RELIGIÓN DE MESOAMÉRICA

La Pirámide del Sol muestra impresionante volumen de un millón de metros cúbicos. Destaca el remate visual con una frontalidad que se complementa con su plaza para la congregación ritual.

La pirámide, la plaza y la calzada fueron los elementos esenciales de la arquitectura teotihuacana. La pirámide otorgó el volumen necesario para producir un efecto de frontalidad desde la plaza que estaba destinada a contener la congregación colectiva. El volumen de la pirámide establecía una relación proporcional con la delimitación perimetral del espacio, esta frontalidad contenía las visuales como un eje longitudinal que remataba visualmente con las fachadas de los demás edificios. Así que la plaza y la calzada conformaban tres aspectos: la trayectoria, la contención del espacio y el remate visual. La calzada flanqueaba a quien la recorría, contenía a las personas a través de los edificios laterales, y esto invitaba a recorrer la urbe y fomentaba la participación comunitaria, como bien lo apunta Alejandro Villalobos.

El eje de simetría de la ciudad, como ya se mencionó, fue la Calzada de los Muertos: la avenida se prolongaba por dos kilómetros desde la Pirámide de la Luna hacia el sur con un azimut de 15o 21’; este trazo fue un enigma por décadas, en algún momento se decía que marcaba la dirección por la que levantaba la estrella Sirio, o que tal vez señalaba la puesta de las Pléyades, cuyo orto helíaco coincidió en la época teotihuacana con el primer paso anual del Sol por el cenit. Fueron diversas las propuestas, pero hoy sabemos que su orientación apunta a fechas específicas por las que el Sol levanta y se oculta durante el año. 

La clave estaba en la orientación de la escalinata de la Pirámide del Sol que apunta al ocaso del Sol los días 29 de abril (52 días antes del solsticio de verano) y el 13 de agosto (52 días después del solsticio de verano). En tanto, si cambiamos nuestra mirada al amanecer desde lo alto de pirámide tenemos los días 12 de febrero (52 días después del solsticio de invierno) y 29 de octubre (52 días antes del solsticio de invierno). Fue así como los teotihuacanos hicieron evidente su conocimiento de la mecánica celeste a través del aparente movimiento del Sol sobre el horizonte durante el amanecer y el ocaso, asociando determinadas posiciones del Sol según su calendario agrícola. La relevancia del número 52 en la cosmovisión prehispánica parte del criterio de que cada 52 años vagos se completaba un Fuego Nuevo de 18,980 días denominado Xiuhmolpilli, que hacía conmensurable la rueda calendárica que combinaba al Xihuitl de 365 días con el calendario ritual de 260 días denominado Tonalpohualli.

Plano de Teotihuacan que muestra la posición de las principales pirámides y su calzada como un planteamiento de urbanismo reticular ajustado en su orientación a fechas del calendario agrícola que corresponde a 52 días antes y después de cada uno de los solsticios (adaptación de Arturo Montero al mapa de Rene Millon de 1973).
Plano de Teotihuacan que muestra la posición de las principales pirámides y su calzada como un planteamiento de urbanismo reticular ajustado en su orientación a fechas del calendario agrícola que corresponde a 52 días antes y después de cada uno de los solsticios (adaptación de Arturo Montero al mapa de Rene Millon de 1973).

El inframundo oculto de la pirámide

Por debajo de la Pirámide del Sol hay una cueva de 103 metros de longitud. La cueva, que más bien es un túnel, presenta muros que estrechan el paso y delimitan espacios que en su momento fuero tapiados con fines rituales y para preservar las ofrendas depositadas al interior. Al final del trayecto hay cuatro cámaras ampliadas y retocadas de donde se obtuvieron ofrendas propias de los rituales de investidura. La materialización de la pirámide sobre una cueva es un aspecto simbólico trascedente, más aún si la orientación del trayecto subterráneo corresponde al eje de simetría de la gigantesca estructura, así que, al ocultarse el Sol en las fechas calendáricas mencionadas en relación con el solsticio de verano, la luminiscencia del astro penetraba por el túnel, pues su acceso corresponde a la escalinata de la fachada principal de la pirámide, y fue así como el Sol simbólicamente se introducía en el inframundo. Las cuatro cámaras del interior, que siempre permanecían oscuras, conforman el elemento fitomorfo de carácter materno que era la alegoría a la diosa madre con el Xochicalli, la “Casa de la flor”.

LOS MEXICAS LLAMABAN A LA PIR Á MIDE DEL SOL “TONATIUH ITZACUAL” (“ENCIERRO DEL SOL”)

La Pirámide del Sol era conocida por los mexicas como “Tonatiuh Itzacual”, que se traduce como el “Encierro del Sol”, apelativo adecuado porque su orientación estaba determinada por el astro rey, es así como se asumía simbólicamente el plano celeste; por su parte, la misma pirámide correspondía al plano terrestre ocupado por los seres humanos; por debajo de la pirámide, la cueva estaba asociada al inframundo, así se complementaban los tres niveles del Universo mesoamericano, el magnífico edificio era la metáfora del Cosmos, porque así lo demuestra su arquitectura asumiendo de manera excepcional los enigmas del tiempo y el espacio. (M).

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