Un desplazamiento forzoso sin precedentes en la región, en medio de tensiones geopolíticas y con consecuencias humanitarias que agravan la inestabilidad en Afganistán.
TEHERÁN, julio de 2025. – En el marco de una escalada en las tensiones tras el breve conflicto de doce días entre Irán e Israel, las autoridades iraníes han intensificado una campaña de deportaciones masivas contra ciudadanos afganos, acusándolos de espionaje en favor de Israel. Según cifras de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), más de 30,000 afganos han sido expulsados diariamente durante las últimas semanas, frente a 2,000 diarios antes del conflicto. En total, prácticamente 366,000 personas han sido obligadas a regresar desde marzo, mientras Pakistán continúa su propia campaña de repatriación.
Testimonios de deportados describen detenciones arbitrarias, condiciones denigrantes en campamentos fronterizos y pagos excesivos por transporte hasta territorio afgano. Enayatullah Asghari, uno de ellos, relató que perdió su empleo y fue tachado de espía sin pruebas, reflejo de una atmósfera que mezcla inseguridad militar y prejuicio étnico. El organismo internacional alerta que la crisis genera una “tormenta perfecta” para Afganistán, ya al borde del colapso económico tras el aislamiento internacional y el recorte del apoyo humanitario.

Irán justifica la medida bajo el argumento de “seguridad nacional” y combate a la inmigración ilegal. La portavoz del Gobierno, Fatemeh Mohajerani, declaró que aunque reconocen la presencia prolongada de migrantes afganos —incluyendo profesionales y artistas—, los no documentados deben ser expulsados sin excepción.
Desde Islamabad, la ONU estima que al menos 1.2 millones de afganos han sido forzados a regresar en 2025 desde Irán y Pakistán, más de medio millón solo en junio. Este flujo ha vulnerado al sistema de salud y educación afgano, deteriorándose el acceso a servicios básicos en niveles críticos.
El desplazamiento forzado no se limita a adultos: en junio, cerca de 80,000 niños afganos cruzaron a territorio nacional sin compañía, de los cuales casi el 40 % fueron devueltos con sus familias tras ser separados. Organizaciones como la OIM y ACNUR advierten que Afganistán no está preparado para absorber este nivel de retorno: faltan refugios, hay escasez de alimentos y más del 80 % del plan de ayuda humanitaria de 2.4 mil millones de dólares está sin financiar.
El fenómeno evidencia la intersección entre conflictos regionales y políticas migratorias represivas. Irán no solo endurece su postura en defensa estratégica tras bombardeos desde Israel y Estados Unidos, sino que también traslada la presión a poblaciones vulnerables. Según ACNUR, al menos un millón de afganos carecen de documentación en Irán, lo que les convierte en blanco fácil para deportaciones masivas bajo supuestos de seguridad.
Además, emergen denuncias de que algunos afganos, incluso con visas válidas, están siendo deportados. Expertos en derechos humanos consultados por Phoenix24 subrayan la relevancia de distinguir entre inmigración irregular y derechos de refugiados, ya que las acusaciones generalizadas de “espionaje” podrían encubrir perfiles étnicos o religiosos, sin base jurídica sólida.
La campaña de Irán y Pakistán impacta profundamente en la frágil estabilidad del sistema de refugio afgano, donde más de 1.2 millones de personas retornadas enfrentan pobreza extrema. El representante de ACNUR advirtió que, sin una respuesta urgente e internacionalmente coordinada, la situación puede derivar en crisis de seguridad, migraciones internas y agravamiento del malestar social.
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