La inteligencia artificial cuestiona rutina educativa, pero su valor real emerge cuando amplía la creatividad humana y refuerza la conexión alumno-docente.
Buenos Aires, Argentina — Septiembre 2025
Mike Tarrant, director global de Tecnología Educativa, Educación Superior e Investigación en Amazon Web Services, expuso en el ciclo “Educación del futuro” organizado por la Universidad Andrés Bello que la incorporación de inteligencia artificial en las aulas no pretende sustituir el componente humano de la enseñanza sino complementarlo. Según su visión, la IA tiene el potencial de personalizar el aprendizaje, automatizar tareas administrativas y liberar tiempo para que los profesores se dediquen a lo que realmente distingue la labor educativa: fomentar creatividad, pensamiento crítico y diálogo.
Durante su presentación, Tarrant rememoró algunas de sus mejores experiencias universitarias cuando sus profesores lo desafiaban en debates cuyas ideas eran cuestionadas y reformuladas —habilidades que, sostuvo, “eso es una habilidad humana y no creo que las máquinas puedan llegar a ese nivel”. Esa afirmación delineó lo que considera el umbral actual: hasta donde la tecnología acompaña sin invadir lo esencial de la interacción pedagógica.
Entre los usos más concretos que destacó están los modelos adaptativos de aprendizaje y los tutores digitales disponibles las veinticuatro horas, que permiten asumir distintos ritmos educativos. Estas herramientas permiten monitorear el progreso académico, alertar tempranamente sobre áreas problemáticas, sugerir recursos adicionales y apoyar al estudiante individualmente; tareas importantes que, al automatizarse, liberan espacio para que los docentes concentren sus esfuerzos en diseñar estrategias que inviten a la participación activa.
También se refirió al impacto de liberar al docente de tareas rutinarias —calificar exámenes sencillos, gestionar horarios, recopilar datos—, para que pueda dedicar su energía a detectar déficits conceptuales, inspirar debates, desarrollar proyectos creativos con sus alumnos. Esta redefinición del rol docente, explicó, implica menos transmisión mecánica de conocimiento y más acompañamiento reflexivo.

Tarrant enfatizó que la misión de la tecnología educativa debe ser vista como aliada: un recurso que potencie oportunidades de desarrollo tanto para quienes enseñan como para quienes aprenden. La clave, señaló, está en lograr que las innovaciones lleguen con equidad, para comunidades con distintos niveles de acceso, de modo que la personalización del aprendizaje no se convierta en privilegio sino en posibilidad real para todos.
Apuntó que la formación continua para los docentes es imprescindible: actualizar conocimientos tecnológicos, metodologías pedagógicas y capacidad de trabajar con herramientas digitales sin renunciar a la ética, la empatía y el juicio profesional. Solo así, sostuvo, la tecnología cumple su rol de soporte, no suplantación.
Las implicaciones prácticas de esta propuesta señalan una transformación educativa estructural: aulas donde los profesores tienen más tiempo para conversación significativa, donde los estudiantes no sólo absorben datos sino los contrastan, los cuestionan y los recrean; donde la IA ayuda a aclarar dudas individuales y maestros guían la construcción colectiva.
El futuro educativo, según este experto, consiste en reenfocar la enseñanza hacia lo que los algoritmos no pueden: la creatividad, los valores, el sentido crítico, la capacidad de empatizar, dialogar, emocionarse. Porque mientras las máquinas organizan datos, los docentes construyen sentidos.
Detrás de cada dato, hay una intención. Detrás de cada silencio, una estructura.
Behind every data point, there’s an intention. Behind every silence, a structure.