Home CulturaDel Toro desde Venecia: no somos políticos; ¿por qué deberíamos ser perfectos?

Del Toro desde Venecia: no somos políticos; ¿por qué deberíamos ser perfectos?

by Phoenix 24

La imperfección, dijo, es el corazón del arte, no un defecto que deba ocultarse.

Venecia, agosto de 2025. Guillermo del Toro regresó a la Mostra con una presencia que desbordó la sala tanto como lo hacen sus monstruos en pantalla. El cineasta mexicano, ganador del Óscar y considerado uno de los narradores visuales más influyentes de las últimas décadas, no solo acudió a presentar su esperada versión de Frankenstein, sino también a sostener un diálogo sobre el lugar del arte en tiempos de presiones mediáticas y expectativas imposibles. Frente a un público que lo escuchaba con atención reverencial, soltó una reflexión que se convirtió en titular inmediato: “Podemos estar jodidos y crear arte. De hecho, debemos estar jodidos. No tenemos una posición en la iglesia, no somos políticos, ¿por qué deberíamos ser perfectos?”.

La frase, que combina crudeza con ternura, condensa su filosofía de trabajo. Del Toro nunca ha escondido que su imaginario nace de lo roto: los miedos de la infancia, la muerte cercana, los monstruos que funcionan como espejos de las debilidades humanas. Para él, la imperfección no es un obstáculo, sino el motor de la creatividad. Lo reafirmó al señalar que el arte no se mide por la corrección moral ni por la pureza ideológica, sino por la capacidad de conectar con emociones que todos tratamos de esconder.

El documental “Sangre del Toro” explora la vida y el arte de Guillermo del Toro, fue presentado en Venecia (Foto: REUTERS/Sarah Meyssonnier)

Su participación en el festival estuvo acompañada por la proyección del documental Sangre del Toro, inscrito en la sección Venecia Clásicos. Lejos de ser una biografía lineal, la cinta retrata la textura íntima de su mundo: imágenes de Guadalajara, recuerdos familiares, pasajes de su niñez obsesionada con criaturas fantásticas y fragmentos de su exposición En casa con mis monstruos, donde reunió piezas de su colección personal y vestuarios de películas emblemáticas. Cada secuencia refuerza la idea de que su carrera no puede comprenderse sin esa convivencia entre lo real y lo imaginado.

En la conversación posterior, el director explicó que el arte nace precisamente de esas fisuras. “Lo que somos está hecho de heridas”, dijo, “y esas heridas son las que permiten que alguien más se vea reflejado”. Para el público, escuchar a Del Toro fue un recordatorio de que el cine no es un producto de perfección maquinal, sino un lenguaje atravesado por la fragilidad humana. Esa mirada contrasta con la obsesión actual por la corrección total, la búsqueda de mensajes impecables y la construcción de imágenes públicas sin grietas.

El documental incluye testimonios de colaboradores cercanos y material inédito de la colección personal de del Toro

En Europa, la prensa cultural destacó la potencia de sus palabras como respuesta indirecta a la presión que enfrentan artistas y creadores en medio de redes sociales donde cualquier error se amplifica hasta volverse condena. En América Latina, críticos resaltaron cómo su discurso conecta con tradiciones narrativas donde lo defectuoso se convierte en belleza y lo marginal adquiere protagonismo. En Asia, académicos del cine vieron en su declaración una reivindicación de lo humano frente a la tentación de un cine cada vez más dominado por algoritmos y fórmulas predecibles.

Del Toro subrayó que, al contrario de lo que se piensa, la imperfección no reduce la credibilidad del artista, sino que lo acerca al público. Su propia filmografía lo demuestra: en El laberinto del fauno, los personajes fracturados se vuelven los más entrañables; en La forma del agua, una mujer muda y una criatura incomprendida protagonizan la historia de amor más premiada de su carrera; y en Frankenstein, el monstruo encarna de nuevo la tensión entre lo humano y lo inhumano, recordando que no hay relato posible sin aceptar las fallas.

Al insistir en que los creadores no deben aspirar a ser perfectos porque no son políticos ni sacerdotes, Del Toro también deslizó una crítica a la sociedad que exige discursos estandarizados a quienes producen obras artísticas. Su declaración funciona como un llamado a defender la libertad creativa frente a la moralización de la cultura. El cineasta planteó que la honestidad de un relato radica en aceptar las sombras, y que la autenticidad artística se diluye cuando se somete a filtros de perfección que solo existen en el imaginario colectivo.

Guillermo del Toro posa en su “Bleak House” en Santa Mónica, California (Foto: Jordan Strauss/Invision/AP)

La jornada en Venecia no fue únicamente un evento cinematográfico, sino también un manifiesto. La voz de Del Toro se alzó como recordatorio de que lo roto, lo incompleto y lo contradictorio forman parte esencial de la condición humana. Y que al narrar desde ahí, el arte se vuelve espejo y refugio. Al salir de la sala, muchos asistentes comentaban que pocas veces una declaración había sintetizado con tanta fuerza lo que significa crear en medio de un mundo que exige brillo inmaculado.

La vigencia de sus palabras trasciende la alfombra roja. En un entorno global donde la perfección se convierte en mandato y el error en condena, Guillermo del Toro recuerda que el verdadero poder del arte está en permitirnos ser imperfectos, frágiles y contradictorios. Esa es, quizá, la única perfección posible.

Phoenix24: la verdad es estructura, no ruido.
Phoenix24: truth is structure, not noise.

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