En una galería que huele a óleo y memoria, el universo buñueliano resurge envuelto en amplios brochazos de identidad mexicana.
São Paulo, agosto de 2025
Con motivo del 125º aniversario del nacimiento de Luis Buñuel, el Instituto Cervantes de São Paulo ha inaugurado La otra mirada: Buñuel en colores mexicanos. La exposición reúne dieciocho piezas —entre óleos y collages digitales— en las que artistas contemporáneos de México reinterpretan al director aragonés a través de la lente cultural que lo acogió y transformó.
Samuel Rodríguez Medina, director creativo de la muestra, señala que antes de su llegada a México Buñuel era “un surrealista puro”. Fue el contacto con la realidad mexicana lo que, en su opinión, provocó un viraje decisivo en su cine: la fusión de la herencia surrealista con una sensibilidad social afilada, capaz de transitar de la poesía visual a la denuncia política sin perder coherencia estética.

La curaduría abarca desde obras que dialogan con El perro andaluz (1929), emblema del surrealismo rupturista, hasta reinterpretaciones de Los olvidados (1950), que llevó al cine la crudeza de la marginalidad urbana con un tratamiento onírico. También incluye referencias a Nazarín (1959), El ángel exterminador (1962) y Simón del desierto (1965), títulos en los que Buñuel exploró dilemas morales y paradojas religiosas desde un contexto mexicano que impregnó su narrativa.
En las salas, cada pieza propone un nuevo lenguaje visual. La artista Perla Mendoza, por ejemplo, revisita a Séverine —la protagonista de Belle de Jour (1967)— envuelta en sombras y manos espectrales, como metáfora de deseos reprimidos y secretos inconfesables. Este diálogo entre personaje y símbolo subraya la capacidad de Buñuel para colocar al espectador en un territorio incómodo, donde la belleza y la transgresión se entrelazan.
La muestra, que previamente se presentó en el Centro Buñuel Calanda de Aragón, llega a Brasil con una intención más que conmemorativa: activar un puente cultural que une a España, México y Brasil a través del cine, la pintura y la memoria. La propuesta no busca la mera celebración, sino provocar nuevas lecturas sobre un creador que hizo de la ironía, la crítica social y el juego visual un manifiesto artístico.
El contexto no es menor. En un momento en que las políticas culturales buscan reafirmar identidades propias, el enfoque de esta exposición pone en valor la fertilidad de los cruces culturales. La “mexicanidad” de Buñuel no se limita a una etapa geográfica, sino que revela cómo el exilio y la reinvención pueden generar obras que trascienden fronteras y épocas.
Si iniciativas de este tipo continúan, es posible que Buñuel consolide una nueva dimensión de reconocimiento global, no solo como cineasta de culto, sino como referente transversal entre lenguajes y culturas. Si, en cambio, el impulso se diluye, esta reinterpretación quedará como un episodio aislado en la cartografía cultural latinoamericana. Un escenario intermedio podría ser su expansión hacia festivales y plataformas digitales, donde la obra cinematográfica y su relectura visual alcancen públicos diversos, manteniendo vivo el diálogo entre la imagen, la historia y la identidad.
Esta nota fue elaborada por el equipo editorial de Phoenix24 con base en información pública, fuentes estratégicas globales y verificación dentro del contexto geopolítico actual.
This article was produced by the Phoenix24 editorial team based on public information, strategic global sources, and validation within the current geopolitical context.