Home CulturaCeleste Cid le dio voz al cuento que adormece a los delfines con sensibilidad científica y poética

Celeste Cid le dio voz al cuento que adormece a los delfines con sensibilidad científica y poética

by Phoenix 24

Una narración infantil se transforma en experiencia audiovisual gracias a la voz de una actriz y la fuerza visual de una expedición submarina.

Buenos Aires, agosto de 2025

Celeste Cid prestó su voz al relato infantil Así duermen los delfines, escrito por Verónica y Sofía Wiñazki, para dar forma a una versión audiovisual que une palabra e imagen con una cadencia que roza la ternura meditativa. La historia, originalmente publicada el año anterior, cobra nueva fuerza al acompañar cada frase con fotografías inéditas del fondo submarino registradas durante una expedición científica liderada por investigadores del Conicet.

El cuento describe con sencillez y delicadeza el momento en que los delfines descansan cerrando uno de sus ojos mientras continúan nadando. La voz de Cid aporta un matiz humano que oscila entre la sorpresa y el sosiego, transformando el relato en una experiencia sonora que envuelve al oyente en un clima oceánico. El efecto es más que literario: se convierte en un puente emocional hacia la vida marina, con un tono que resulta tranquilizador y, al mismo tiempo, evocador.

El aporte visual es decisivo. Las imágenes submarinas refuerzan con autenticidad la poesía del texto y permiten que los niños, destinatarios principales de esta propuesta, se familiaricen con un entorno natural que pocas veces se presenta de manera tan directa y respetuosa. Para padres y docentes, el recurso ofrece además un valor pedagógico evidente, pues une narrativa, ciencia y arte en un mismo formato.

En América Latina, esta experiencia es recibida como un intento innovador de democratizar la ciencia mediante la literatura infantil. No se trata únicamente de entretener, sino de generar conciencia ambiental desde edades tempranas. En Europa, la propuesta se observa como un ejemplo de cómo los libros ilustrados pueden evolucionar hacia formatos híbridos que combinan lo mejor del arte narrativo con la divulgación científica. En Asia, donde los audiocuentos forman parte de tradiciones antiguas, el proyecto se interpreta como una señal de cómo la oralidad y la tecnología contemporánea pueden converger en nuevas formas de transmisión cultural.

“Así duermen los delfines” (Ralenti) de Verónica y Sofía Wiñazki

Este relato audiovisual abre tres escenarios posibles. En continuidad, podría replicarse en espacios educativos y culturales, enriqueciendo bibliotecas escolares o museos de ciencia con un material que combina ternura y conocimiento. En un escenario disruptivo, esta unión de ciencia, arte y voz reconocida podría viralizarse en redes, inspirando la creación de más producciones similares con otros animales o entornos naturales. La bifurcación más ambiciosa se daría si estas experiencias alcanzan un nivel institucional y se convierten en parte de programas oficiales de formación educativa, con narraciones que unan a escritores, artistas y científicos en una labor compartida.

Cada elemento cumple un rol simbiótico. La voz de Celeste Cid otorga humanidad y calidez; el texto de las Wiñazki transmite curiosidad y respeto por la vida marina; y las imágenes del Conicet anclan la historia en un registro documental que otorga legitimidad científica. El resultado es una obra que no se queda en lo poético ni en lo didáctico, sino que traza un equilibrio entre ambos mundos.

La importancia de este tipo de iniciativas radica en que amplían el alcance de la literatura infantil, dotándola de nuevas herramientas expresivas. En un contexto donde la atención de los más pequeños suele estar mediada por pantallas, la combinación de relato, voz y registro científico ofrece una alternativa distinta, que no renuncia a la belleza estética ni al rigor informativo.

Así duermen los delfines trasciende como ejemplo de cómo un proyecto sencillo en apariencia puede abrir caminos hacia un nuevo género narrativo que integra ciencia y arte. Al mismo tiempo, constituye un recordatorio de que la infancia necesita relatos que despierten la curiosidad tanto como la calma, que enseñen a observar sin miedo lo desconocido y a escuchar con paciencia los secretos de la naturaleza.

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