La industria cinematográfica gasta tanto en recursos que, según Cumberbatch, podría alimentar familias enteras en cada producción.
Londres, julio de 2025. Durante el podcast Ruthie’s Table 4, el reconocido actor británico Benedict Cumberbatch calificó a Hollywood como una industria “extremadamente derrochadora”. Reveló que, para preparar su papel en Doctor Strange, debía consumir cinco comidas diarias preparadas por un chef, junto con meriendas de proteína, lo que, a su juicio, equivaldría a alimentar a una familia entera. Este ejemplo solo expone una parte de una realidad más amplia: grandes consumos de comida, iluminación, energía, transporte y escenarios descartables.

Cumberbatch se posiciona como una voz crítica y activa en materia ambiental. Además de señalar el uso excesivo de energía en la construcción de sets o en esquemas de iluminación que simulan luz natural, también denunció el uso innecesario de botellas plásticas de un solo uso en los rodajes. El actor, un habitual defensor de iniciativas ecológicas —como su participación en protestas de Extinction Rebellion—, afirma que es hora de transformar estas prácticas: “si estás en el siglo XXI, no deberías seguir usando botellas de plástico”.
El impacto ambiental de la industria audiovisual es incuestionable. Producciones medianas pueden generar emisiones de carbono equivalentes al consumo anual de cientos de casas, mientras los grandes blockbusters superan miles de toneladas métricas de CO₂. Además, los recientes incendios en Los Ángeles, que destruyeron miles de viviendas, subrayan la interrelación entre cambio climático y producción cinematográfica.
Cumberbatch reconoce que los actores pueden ser percibidos como hipócritas cuando exigen sostenibilidad sin cambiar sus prácticas. Sin embargo, él defiende su compromiso personal, impulsando acciones concretas en cada set: desde implementar reciclaje hasta reemplazar plásticos por alternativas reutilizables. Sostiene que no se trata solo de buenos deseos, sino de responsabilidad real en cada fase de producción.
Este llamado ha resonado en una industria que ya enfrenta presiones internas. Estudios como la Producers Guild of America han advertido sobre la creciente inconsistencia de las políticas verdes en cine y TV. Cumberbatch aporta visibilidad a un problema que golpea tanto la imagen de Hollywood como su viabilidad futura en un mundo que demanda acción climática.

Tres escenarios posibles delinean el futuro. En una línea de continuidad, Hollywood podría asumir el desafío y adoptar estándares estrictos de sostenibilidad: energía limpia en sets, construcción circular y protocolos para reducir plásticos y desperdicios. En una vía disruptiva, podrían surgir prácticas innovadoras —como rodajes sustentables certificados, iluminación solar, catering local y sets modulares— que transformen el modelo de producción desde dentro. Y en un escenario de bifurcación, la industria podría fragmentarse entre estudios que invierten en producción verde y otros que sacrifican ética ambiental por costos o tradición, creando una división entre entretenimiento “responsable” y “tradicional”.
Con su enfoque, Benedict Cumberbatch no busca glamour ni publicidad. Busca urgencia. Al exponer el derroche estructural de Hollywood, señala una oportunidad: convertir el cine en un arte ecológico, donde cada rodaje respete el planeta tanto como conmueve a una audiencia.
Esta pieza fue desarrollada por el equipo editorial de Phoenix24 con base en fuentes confiables, datos públicos y análisis riguroso, en coherencia con el contexto global vigente.
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