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Ataques ucranianos a mandos rusos complican ofensiva de Moscú

by Phoenix 24

Kiev, julio de 2025

La inteligencia militar británica ha advertido que los recientes golpes dirigidos por Ucrania contra altos mandos del ejército ruso están ralentizando de manera significativa la ofensiva de Moscú en varias regiones fronterizas. El caso más reciente es el del general Mikhail Gudkov, subcomandante en jefe de la Armada rusa, quien murió el 2 de julio en un ataque dirigido a un centro de mando cercano a Kursk. Según fuentes oficiales, Gudkov coordinaba el avance de unidades de infantería naval hacia la región de Sumy, un corredor estratégico para las tropas rusas.

El Ministerio de Defensa del Reino Unido confirmó que la eliminación de Gudkov ha coincidido con una desaceleración tangible de los movimientos operativos rusos, especialmente en los ejes de presión occidental sobre el noreste de Ucrania. La interrupción de la cadena de mando y la desorganización táctica emergente en zonas de contacto sugieren un efecto inmediato y estructural sobre la ofensiva rusa.

Desde enero de 2025, al menos cinco generales rusos han sido eliminados, superando el promedio registrado durante conflictos recientes como la segunda guerra de Chechenia. Esta estrategia de neutralización de mandos, impulsada por Kiev, apunta a debilitar el sistema de mando y control enemigo, desarticulando capacidades de reacción rápida y generando incertidumbre en niveles intermedios de la jerarquía militar rusa.

Expertos del Institute for the Study of War destacan que la pérdida sistemática de altos mandos reduce no solo la eficiencia operativa del ejército ruso, sino también su moral de combate, al provocar improvisaciones en la cadena de decisiones tácticas y estratégicas. Ucrania, por su parte, ha intensificado el uso de inteligencia de señales y drones de largo alcance para identificar posiciones vulnerables, desplegar ataques de precisión y alterar la lógica de comando territorial enemiga.

En paralelo, la llamada Operación Telaraña ha ampliado su espectro de acción hacia bases aéreas en Siberia, afectando capacidades de bombardeo a distancia mediante la destrucción de aeronaves del tipo Su-95 y Tu-22M3. Esto no solo limita la proyección de poder ruso sobre Ucrania, sino que también compromete su postura disuasiva regional.

Las fuentes consultadas señalan que estos avances son posibles gracias a la asistencia técnica de agencias occidentales, especialmente en el área de inteligencia satelital, escucha electrónica y análisis predictivo. Esta cooperación ha permitido anticiparse a las rotaciones de mando rusas y ejecutar ataques sinérgicos contra centros de gravedad militar clave.

Moscú ha intentado reaccionar mediante un esquema de mando más descentralizado, rotando oficiales con mayor frecuencia y dispersando centros de operaciones para reducir el riesgo de ataques puntuales. No obstante, esta misma fragmentación ha generado lentitud en la toma de decisiones y ha disminuido la cohesión de las unidades desplegadas.

Kiev, en cambio, ha logrado trasladar el conflicto hacia una fase de guerra de desgaste dirigida contra la infraestructura humana del aparato militar ruso. Ya no se trata solo de conservar territorio, sino de golpear donde más duele: en la arquitectura de mando. La eliminación selectiva de comandantes de alto nivel es, en este contexto, tanto una operación militar como una jugada estratégica que busca condicionar los próximos movimientos del Kremlin.

La evolución de esta estrategia plantea nuevos dilemas. Ucrania deberá balancear su ofensiva quirúrgica con la necesidad de preservar legitimidad ante organismos internacionales y evitar represalias desproporcionadas. Rusia, por su parte, enfrenta el reto de restaurar el control operacional, proteger sus estructuras de comando y evitar una descomposición progresiva de su capacidad de coordinación táctica.

Mientras tanto, la guerra continúa desplazándose del terreno hacia el ámbito de los sistemas, la inteligencia y las redes. Los ataques selectivos a líderes militares se han convertido en una de las expresiones más sofisticadas del conflicto contemporáneo, donde el poder ya no se mide solo en blindados o soldados, sino en la capacidad de interrumpir decisiones antes de que se ejecuten.

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